Opinión

Un pueblo atemorizado


En Nicaragua nuevamente la turbulencia desgarra la tranquilidad pública, Un conjunto de circunstancias visibilizó que en las elecciones municipales se violentaron las instituciones, el derecho político a elegir y el interés por la patria.
La población está a la espera de algo que no ocurrirá: que el Consejo Supremo Electoral actué en correspondencia a su funciones y garantice la libertad de los nicaragüenses a elegir a sus autoridades. Si esto ocurriera seguramente la violencia disminuiría.
Lamentablemente, en este momento esta institución carece de la autoridad de resolver el conflicto entre las partes que se definen como ganadores.
Los hechos violentos, los cercos, la censura a los medios de comunicación no oficialista, propician una percepción de un peligro real en la realidad circundante de los nicaragüenses, que desorganiza e inmoviliza a las personas que se oponen a unos resultados electorales que decidió el que contó los votos.
Contrariamente, vivimos una situación indeseable donde la amenaza a la integridad física es la apuesta de quienes ejercen el terror y que están logrando que la apatía sea la respuesta de la población ante la ilegalidad de nombrar autoridades municipales putativas.

Sigue siendo la única esperanza de los nicaragüenses, la organización para modificar esta situación de terror y lograr establecer como conducta normal el respeto a los derechos civiles y políticos de todos los nicaragüenses.