Opinión

Día Internacional de los Derechos Humanos


Por resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre se conmemora el “Día Internacional de los Derechos Humanos”. Esta vez la fecha adquiere mayor relevancia, ya que se conmemora el Sexagésimo Aniversario de la proclamación, por la Asamblea General de las Naciones Unidas reunida en París el 10 de diciembre de 1948, de la célebre “Declaración Universal de los Derechos Humanos”.
Las grandes declaraciones de los derechos humanos han sido formuladas en períodos de profundas transformaciones sociales. Tal sucedió, por ejemplo, con la Declaración de los “Derechos del Hombre y el Ciudadano”, que surgió en el contexto de la Revolución francesa de 1789, y con la “Declaración Universal de Derechos de Humanos” (1948), que constituyó una reiteración de la fe de la humanidad en los derechos de los seres humanos tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
La Declaración francesa tuvo, en su momento, una importancia histórica de primer orden, pues ofreció a todos los pueblos del mundo un modelo teórico de libertad, en el cual luego se inspiraron para sus propias reivindicaciones políticas. Por cierto, que esa Declaración, traducida al español por el prócer colombiano Antonio Nariño, fue una de las principales fuentes de inspiración para los movimientos en pro de la independencia de los países hispanoamericanos. Nariño fue deportado a Cádiz (1795) por divulgar la Declaración francesa.
A partir de las Constituciones de Estados Unidos de 1787 y sus Enmiendas, y de la francesa de 1791, casi todas las Constituciones promulgadas con posterioridad incorporaron en una primera parte llamada dogmática o declarativa, un enunciado de los derechos y garantías de los habitantes y los ciudadanos. Al principio, tales enunciados se limitaron a los derechos individuales y políticos, es decir, a los derechos humanos que corresponden al individuo como persona y como ciudadano. Más tarde se produce la incorporación en los textos constitucionales de los derechos sociales, económicos y culturales (derecho al trabajo, a la seguridad social, a la huelga y a la sindicalización; el derecho a la educación, a la salud, a la cultura, a la protección de la familia, etc.), o sea, las llamadas “garantías sociales y culturales”, que hoy día se estiman tan fundamentales como los propios derechos individuales.
La siguiente etapa, en el largo proceso encaminado a fortalecer la protección de los derechos humanos, la constituye el esfuerzo de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, dirigido a plasmar los derechos humanos y sus garantías en acuerdos y convenios internacionales, de tal manera que su protección quede confiada, en última instancia, a órganos supranacionales creados por la comunidad internacional.
En la Primera Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, celebrada en Teherán, en 1968, bajo los auspicios de la Unesco, la comunidad internacional acordó que la Declaración Universal significa que existe en los pueblos del mundo un consenso en cuanto a los derechos inalienables de todos los integrantes de la especie humana. Por lo tanto, su respeto constituye una obligación moral ineludible para los miembros de la comunidad internacional.
De ahí que la Declaración no sea más que uno de los tres instrumentos que las Naciones Unidas han elaborado para promover la protección de los Derechos Humanos. Los otros dos son: el “Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales”, y el “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”, aprobados en 1966, que entraron en vigor en 1976 cuando cada uno de ellos fue ratificado por 35 Estados. Estos pactos son instrumentos jurídicamente obligatorios, que imponen a los Estados que los suscriben y ratifican la aceptación de los procedimientos de aplicación en ellos previstos, y la obligación de presentar informes sobre el cumplimiento de lo que en ellos se dispone.
La celebración del “Día Internacional de los Derechos Humanos” nos encuentra en Nicaragua sin nada que celebrar. Más bien, para nosotros es un día para reclamar la constante violación, por parte del gobierno, de una serie de derechos humanos fundamentales, como lo son, en primer lugar, el respeto a la voluntad popular expresada en las últimas elecciones municipales. Un descarado fraude electoral, que la opinión pública nacional e internacional ha rechazado, de ninguna manera puede imponerse contrariando el derecho que el pueblo nicaragüense tiene de elegir libremente a sus autoridades mediante el sufragio, y a que se respete el verdadero resultado de las elecciones. Pero también estamos sufriendo constantes y sistemáticas violaciones a otros derechos humanos garantizados por nuestra Constitución Política, como lo son el derecho a la igualdad en el goce de los derechos políticos; el derecho a la participación ciudadana democrática; el derecho a elegir y ser elegidos en elecciones periódicas; el derecho a hacer peticiones, denunciar anomalías y hacer críticas constructivas, manifestación y movilización pública; el derecho a la libertad de expresión, etc.…
La gran pregunta entonces, es: ¿puede este gobierno honestamente celebrar el día de los derechos humanos?