Opinión

La escuela: tareas emergentes


En los periódicos esfuerzos por innovar, reformar o transformar la educación, casi siempre la atención se concentra en los componentes y factores que conforman la estructura natural de la organización y desarrollo del proceso de enseñanza – aprendizaje.
A tono con esta dirección, el Ministerio de Educación está trabajando con mucha visión, y creatividad dichos componentes: Infraestructura, currículum, formación y condiciones de trabajo de los maestros, materiales didácticos, tecnología, gestión educativa, financiamiento, etc.
Nadie duda que activar, mejorar y articular en la práctica estos elementos constituyen la base operativa necesaria para ir construyendo la equidad y calidad de nuestra educación básica y secundaria. Vemos con esperanza el esfuerzo del Ministerio de Educación trabajando el todo desde sus partes y las partes desde el todo del subsistema de educación básica y secundaria para cambiar y mejorar la educación en sus procesos y resultados.
A la par que la atención recae sobre esos componentes, conviene apuntalar varios espacios humanos y sociales muy importantes y que no siempre han recibido la atención requerida. Hago referencia a varios de ellos:
Educación temprana para los más pobres. Nuestra educación inicial y preescolar no atiende ni al 40% de ese segmento de población estando ausentes en él los más pobres. El atraso infantil es el gran transmisor de la pobreza de una generación a la siguiente. Romper este círculo de hierro exige atender las necesidades mínimas de nutrición, salud, desarrollo psicosocial de todos los niños en edad preescolar, mediante modalidades y estrategias formales o no formales, en centros educativos comunitarios o en hogares etc., lo que supone que muchas de nuestras escuelas y sus directores, maestros y maestras deben prepararse para administrar programas de compensación social (desayuno, almuerzo escolar, mochilas, etc). Se trata de una nueva tarea en nuestras escuelas.
Educación para igualar las oportunidades y así ir superando las disparidades económicas, sociales y culturales de la población. El principio de equidad exige darle más al que arranca y se mueve con menos. Por eso el Estado debe compensar la desventaja inicial de los marginados la que en educación se expresa en tener menos educación básica o educación básica menos buena.
Conocemos muy bien dónde se ubican los bolsones de esta gente pero no siempre se les ha atendido con mejores apoyos enriquecidos de aprendizajes, mejores docentes, mayor cercanía y prioridad, etc.
Nuestro Gobierno camina en esa dirección con programas específicos como la gratuidad de la educación y la salud, hambre cero, etc., tratándose de una acción progresiva en la ejecución de estos programas, resulta necesario hacerla muy visible, retar a toda la sociedad, concientizar a la clase política e involucrar a las comunidades locales y a las organizaciones populares.
Ampliar la capacidad de la escuela para asumir la tarea de enfrentar los rezagos psicosiciales y emocionales que presentan muchos estudiantes, niños, adolescentes y jóvenes debido a las múltiples limitaciones y algunas distorsiones que presentan el clima familiar y los vaivenes políticos existentes en nuestro país. La escuela, a la par que fortalece su función específicamente de enseñanza-aprendizaje tras la calidad debe ampliar su acción en aspectos que tradicionalmente no le corresponde, pero que se ubican cada vez con mayor incidencia en el desarrollo de la personalidad y sanidad psico-social de los estudiantes y de su formación personal y ciudadana.
Rejuvenecer la educación secundaria constituye otro aspecto de dimensiones sociales y educativas muy importantes y urgentes. La adolescencia es el tiempo de búsqueda el eje de toda la vida. La secundaria debe ser espacio de exploración, donde cada joven prefigure los distintos futuros que pueden ser el suyo. Además de superar la dicotomía, educación de arriba universitaria y educación de abajo (oficios), es necesario proveer a la educación secundaria de una buena educación general y la posibilidad de que todos desarrollen competencias y prácticas para la empleabilidad mediante experiencias laborales. Es hora de aprovechar el inmenso caudal que ofrece la formación profesional técnica como uno de los ingredientes renovadores de la educación secundaria.
En resumen:
La transformación educativa debe activar todos los factores asociados al proceso educativo sistemático escolar pero sin dejar de atender factores humanos y sociales inseparables de los que se manejan con mayor énfasis en la gestión educativa.