Opinión

Cambio de color de la tecnología en África


Olvídense del MIT y saluden a la Universidad Tsing Hua. Las ambiciones de Clothilde Tingiri, una prometedora y joven programadora de la principal compañía de software de Ruanda, están animadas por sueños de ir a Beijing, no a Cambridge. Ansiosa de acceder a un mayor nivel de educación, este otoño tiene planes de ir a la universidad a estudiar ciencias informáticas... en China, no en Estados Unidos.
Los chinos no son ningunos desconocidos en Ruanda. Cerca de la oficina de Tingiri, la mayor compañía de telecomunicaciones de Ruanda, Rwandatel está instalando nuevos equipos de telefonía inalámbrica fabricados por Huawei de Shenzen. África tiene en la actualidad el mercado de telefonía inalámbrica de mayor crecimiento del mundo y Huawei (con oficinas en 14 países africanos) se está quedando con el negocio, enviando cuadrillas de ingenieros a la espesura para llevar una nueva generación de tecnología de bajo coste a algunos de los más pobres del planeta.
Motivada por el afán de lucro y lograr parte del mercado más que por filantropía, Huawei está superando a sus rivales estadounidenses o europeos con sus menores precios, una capacidad de acción más rápida y una mayor disposición a trabajar en ambientes difíciles. Según Chris Lundh, el jefe estadounidense de Rwandatel: “Esa es la manera como las cosas funcionan en África ahora. Los chinos lo hacen todo.”
Bueno, no del todo. En toda el África subsahariana, los ingenieros de la India –equipados con tecnologías adecuadas que han sido afinadas en su mercado de origen- también están dejando huella. India proporciona a África cursos de educación informática, las bombas de agua más fiables, equipos de molienda de arroz de bajo coste y decenas de otras tecnologías.
La repentina entrada de tecnologías chinas e indias representa un “cambio a un color más oscuro” de la tecnología africana, que por largo tiempo ha sido coto de estadounidenses y europeos “blancos” que quieren aplicar su mano salvadora a los problemas africanos.
“Se trata de un cambio tectónico hacia el Este, con consecuencias aplastantes”, señala Calestous Juma, profesor keniata de la Universidad de Harvard que asesora a la Unión Africana sobre políticas tecnológicas.
Un cambio de grandes dimensiones está en la educación. En China hay cerca de 2000 estudiantes africanos, la mayoría de los cuales están cursando carreras tecnológicas y científicas. Según Juma, se espera que ese número se duplique en los próximos dos años, haciendo de China “el principal destino de África en términos de educación científica y de ingeniería.”
El “cambio de color” de la tecnología en África se encuentra apenas en sus etapas iniciales, pero es probable que se acelere. Los ingenieros chinos e indios provienen de lugares que tienen mucho más en común con el meollo de África que la comodidad de Silicon Valley o Cambridge. África ofrece además un campo de pruebas para tecnologías diseñadas en Asia y que todavía no están listas para los mercados estadounidense o europeo.
Un buen ejemplo es una cocina a energía solar fabricada en la India, que ha experimentado con este tipo de artefactos durante décadas. Las cocinas a leña son responsables de gran parte de la deforestación de África y, en muchas ciudades africanas, donde la leña representa la mayor parte del combustible para cocinar, su precio se está yendo a las nubes. Claramente, la cocina india es una obra en desarrollo; es demasiado voluminosa y no lo suficientemente duradera como para sobrevivir a los rigores de una aldea africana. Pero con el vasto mercado interno de la India, muchos diseñadores tienen un incentivo para mejorarla. ¿Cuántos diseñadores de Estados Unidos o Europa pueden decir lo mismo?
Por supuesto, la transferencia de tecnología desde China y la India puede ser una mera pantalla de humo para un nuevo “imperialismo no blanco” que pretenda explotar el petróleo, los alimentos y los minerales de África. En los últimos años, el gobierno de China ha invertido miles de millones de dólares en infraestructura y extracción de recursos en África, generando sospechas de que hay en camino una nueva disputa por África.
Sin embargo, los africanos realmente necesitan la tecnología extranjera, y en particular los chinos están tomando la iniciativa -incluso de manera ostentosa- por llenar ese vacío. Este año, el gobierno de Nigeria compró un satélite fabricado en China, e incluso les pagó a los chinos para que lo lanzaran al espacio en mayo. China estaba tan ansiosa por proporcionar tecnología espacial al país más populoso de África que venció a otros 21 postores por un contrato que valía US$ 300 millones.
Por lo general, la entrada de tecnología china es menos dramática, pero no menos reveladora. En la medicina africana, las hierbas y los productos farmacéuticos chinos están ganando terreno de manera silenciosa. Por ejemplo, los medicamentos contra la malaria fabricados en China se han vuelto parte del tratamiento estándar en apenas unos años.
De manera similar, el manejo que tienen los chinos de “micro represas” baratas y muy pequeñas, que pueden generar ínfimas cantidades de electricidad a partir de pequeños cursos de agua es atractivo para los africanos, que tienen muchos ríos y poca electricidad. En China hay funcionando decenas de miles de estos sistemas, y en África no hay casi ninguno.
Los benefactores estadounidenses, como Nicholas Negroponte con su computadora portátil de 100 dólares, han identificado el problema correctamente: África está muy atrasada en lo tecnológico y es posible avanzar rápidamente. Sin embargo, los científicos chinos e indios argumentan que África se puede beneficiar de un cambio de guardia tecnológica. Puede que tengan razón.

G. Pascal Zachary es autor de The Diversity Advantage: Multicultural Identity in the New World Economy y miembro del German Marshall Fund.

Copyright: Project Syndicate, 2007.
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