Opinión

SEMIDIOSES O EXTRATERRESTRES


I
Llegamos a la sala VIP del Aeropuerto “A. C. Sandino”, y a pesar de su maquillaje ya algo desdibujado en su cara, nos deslumbró la belleza de una joven sola y triste.
Y aún así pensamos que la joven en cuestión no necesitaba nada más para triunfar. Sobrepasaba el consabido de “buena presencia” que exigen para darle empleo a una recepcionista. En cualquier parte del mundo le dirían que sí.
En instantes el salón se llenó de periodistas, edecanes, admiradores y curiosos, la joven enderezó su maquillaje y resplandeció su abrumadora belleza. Era una semidiosa o quizás hasta una extraterrestre, porque seres así no son de este mundo. Estaba, según supimos, desvelada; pero ni sola ni triste.
II
En el mundo hay más de tres mil quinientos millones de mujeres, y la joven referida acababa de participar por Canadá en el concurso de Miss Universo y había sido seleccionada como la mujer más linda de todo el mundo. ¡Que no es jugando!
Ella era Natalie Glebova, la más bella de Canadá, y coronada como la más bella del Universo en Bangkok, Tailandia en 2005.
III
Pero en este mundo machista y mercantilista, los hombres con solo atractivo físico no son necesariamente semidioses o de otro mundo. Por su sola belleza física a los hombres les dan centavos como modelos, los artistas del cine o TV requieren de otras dotes. Los billetes gordos y la fama son de las luminarias del fútbol, del béisbol o del baloncesto; estamos hablando de las ligas profesionales mayores.
Habrá millones para el rey Pelé, para Beckham, Canseco, y tutti cuanti. Ganan millones los Lance Armstrong en su bicicleta, Barry Bonds expulsando pelotas de los estadios, Michael Jordan encestando balones desde media cancha, y otras tantas estrellas que, como dijimos de la bella Natalie, no son de este mundo. Son semidioses o seres venidos de otras galaxias.
IV
Pero estas luminarias reciben fortunas precisamente por iluminar más, y resulta casi lógico que los intereses de ellos y los de los productores de fármacos, se confundan.
Ya no se produce tanto para combatir enfermedades o para ayudar a sobrevivir dolencias, es más redituable producir esteroides que le dan más brillo, y, por ende, más millones a estos llamados héroes “del deporte”.
Las trasnacionales de la química médica en muchos casos tienen intereses mezquinos menos altruistas que curar enfermos. Los que fabrican fármacos lo hacen por el dinero y luego vienen las patentes y derechos de autor y regalías por treinta años, extensión de las regalías y etc.
V
El norte de la industria farmacéutica no es combatir el Sida, es buscar el lucro de mantener con vida a quienes sufren esta enfermedad. Y en medio está el gobierno de los Estados Unidos que a todo le saca provecho. Ya sea por las utilidades que deja la llamada industria fiscal, o por el efecto económico multiplicador de los trillones que se invierten o se gastan en publicitar el veneno de licores y cigarrillos, que tornan deseables a estos productos delincuentes.
Eso sí, con un minúsculo letrerito que exige la ley y que dice “Fumar es peligroso para su salud” o “Puede ser perjudicial”. Cada cual asume su riesgo.
VI
Otra forma que utiliza el gobierno estadounidense es prohibir productos cuyo excesivo consumo resulta nocivo al individuo y a la sociedad. Como sucedió con la Ley Seca, que además de encarecer los licores, le dieron auge a las mafias de Chicago y de otras ciudades que lo traficaban.
Hoy lo hacen con los estupefacientes. Lo prohibido aumenta el precio, todo mundo gana, y hoy abundan los agentes vendedores de drogas (pushers) que envenenan a nuestra juventud. Los cárteles de las drogas sustituyen a los viejos gangsters, se multiplican los grandes traficantes, las humildes “mulas”, los miembros de la Policía y del Ejército sobornados… y así, por donde pasa la cocaína deja su reguero de corrupción, oro y muerte.
Pero quienes más ganan son los políticos cuyas campañas se nutren de donaciones de dinero sucio --lavado o para lavar-- de los cárteles, y ganan también los agentes de la DEA mientras comerciando averiguan quiénes son inmunes y a quiénes de los pequeños corredores y trasegadores pueden delatar.
VII
Y en ese camino aparecieron los esteroides, que transformaron en dioses a los semidioses y que ambiciones desmedidas hicieron mella y hasta mataron a quienes por no leer e interpretar el Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, no se percataron de que los extremos son generalmente malos. Su uso quizá benefició a muchos atletas, pero su abuso deterioró o mandó prematuramente a otros donde San Pedro.
La FDA prohibió el uso de esteroides, pero hoy se consumen a montones y sus precios están más altos que nuestra canasta básica. Como todo, desde la manzana de nuestros primeros padres, lo prohibido de por sí tiene su atractivo, y en este caso la tentación es que su uso produce mayores ganancias.
VIII
Violar la prohibición ha dado buenos resultados económicos a los atletas que se arriesgaron, pero quienes los han descubierto han perdido oro, fama y Paraíso. Resaltamos aquí el racismo perverso donde la mayoría de los descubiertos han sido latinos o negros.
Nosotros, simples mortales, desconocemos los laberintos de intereses económicos y prejuicios racistas que son la verdadera verdad de estos usos, abusos y cacería selecta de brujas.
¿Queremos semidioses? ¿Se endiosan mejor con fármacos? ¿Como se consumen a escondidas ante tanto público? ¿Quiénes sospecharon que tras la caída de tantos récordes hubiese algún gato encerrado?
Mientras millones de hermanos humanos se mueren de hambre por falta de alimentos y medicinas, se gastan fortunas en esteroides, otras fortunas en ocultarlos, y, otras, en exámenes para detectar si los esteroides ayudaron en esos candentes momentos donde por segundos se entra o no al Salón de la Fama.
IX
¿Cuánto bien y cuánto mal hacen? Poca ciencia analítica al respecto y sí muchas afirmaciones amarillistas, fundamentalistas y dogmas.
No se ha investigado seriamente ni qué porcentaje de atletas sufren daños físicos y psicológicos, ni por qué, ni hasta qué medida su uso o abuso puede perjudicar al atleta, ni si estos daños son irreversibles o inocuos, tampoco se han divulgado las medidas curativas a usar cuando ha habido un abuso de estas sustancias.
X
Pero sí les aseguramos que un hombre o una mujer normal, ni ingiriendo una camionada de esteroides se convertirá en uno de esos semidioses. Los astros del deporte nacen, y requieren tesón y disciplina para formarse, y los esteroides u hormonas podría ser que hayan ayudado a alguna semidiosa a no sabemos qué precio en salud, la posibilidad de cubrir los cien metros planos dos segundos después de su meteórico arranque, en no sabemos qué estadio en una Olimpíada.
Tampoco sabemos cuántas cirugías plásticas se han practicado las reinas de belleza, ni cuánto maquillaje es necesario para asemejarse a Natalie Glebova.
Managua, en nuestro último escrito de 2007
elsavogl@ibw.com.ni
Neville Cross y Maria Elsa Vogl
Miembros del Centro Nicaragüense de Escritores