Opinión

15 años de mejoría en salud para Nicaragua


El mes pasado, el Ministerio de Salud publicó los resultados de la última Encuesta Nicaragüense de Demografía y Salud (Endesa), una encuesta nacional altamente confiable que utiliza muestras de mayor tamaño y refleja las comparaciones a lo largo del tiempo. Los resultados muestran que Nicaragua logró avances impresionantes en materia de salud desde 1992, cuando se realizó la primera Endesa en Nicaragua, y hasta la última encuesta en 2006 e inicios de 2007.
Según el estudio, las tasas de mortalidad infantil entre los niños menores de un año han descendido de 58 muertes anuales por cada 1,000 nacidos vivos en 1992, a 29 muertes anuales por cada 1,000 nacidos vivos al finalizar 2006; 74% de los partos fueron atendidos por personal médico calificado para finales de 2006, comparado con un 59% en 1992; la desnutrición entre niños menores de cinco años disminuyó de 25.9% en 1998 (primer año en que los datos estuvieron disponibles) a 16.9% en 2006; y el porcentaje de mujeres que recibieron atención prenatal pasó del 72% en 1992 al 91% en 2006. Hoy, cerca del 97% de las mujeres nicaragüenses saben cómo prevenir el VIH/Sida.
Éstos son sólo algunos de los dramáticos resultados logrados por Nicaragua durante los 15 años de democracia y economía de libre mercado. En ese mismo período, la inflación se mantuvo bajo control, aumentó la inversión, la economía creció, y el gobierno amplió los servicios de salud a los sectores más vulnerables de la población. Es evidente que la democracia y la economía de mercado, juntas, ayudaron a crear la estabilidad macroeconómica que, a su vez, produjo más y mejores puestos de trabajo, permitiendo que las familias nicaragüenses mejoraran su salud y nivel nutricional. También el aumento en la fuente de ingresos del gobierno permitió una mayor inversión en los servicios de salud pública.
El Gobierno de los Estados Unidos ha contribuido a estos resultados al ser uno de los principales donantes internacionales del sector salud. De 1990 a 2007, hemos otorgado, a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), 103 millones de dólares en asistencia para mejorar la salud de las familias nicaragüenses. Mantenemos programas en 15 de los 17 hospitales públicos que brindan servicio materno infantil de calidad, que ayuda a salvar vidas todos los días. Cuatro de esos hospitales registraron cero muertes maternas el año pasado, y en 12 de ellos la tasa de mortalidad por neumonía disminuyó un 55 y 32% para el síndrome de dificultad respiratoria. También hemos proporcionado asistencia para la mejora de la gestión y administración de la infraestructura y recursos de salud pública, para prevenir que se agoten la existencia o suministro de medicinas.
A través de nuestro programa de Famisalud, valorado en ocho millones de dólares, estamos mejorando la salud y la nutrición de más de 490,000 personas en 1,373 de las comunidades más necesitadas, en su mayoría rurales.
Nuestro programa de VIH/Sida, de dos millones de dólares anuales, incorporó las pruebas y el asesoramiento a los servicios de planificación familiar del Ministerio de Salud en 11 de los 17 departamentos de Nicaragua que tienen reportados los números más altos de casos de VIH/Sida, aumentando significativamente el acceso de la mujer a estos servicios.
Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Aunque el nivel de desnutrición está descendiendo, es todavía inaceptablemente alto: uno de cada seis niños en Nicaragua sufre de desnutrición. En las condiciones de salud, existe una gran diferencia entre las zonas urbanas y las zonas rurales del país, y son los más pobres de Nicaragua --los de las zonas rurales-- los más afectados por la mala salud y la nutrición.
Por ello, la encuesta Endesa es tan importante. Ofrece una herramienta al gobierno y a los implicados en las tomas de decisiones en el campo de salud para el desarrollo de nuevos programas y políticas, y en el establecimiento de prioridades que ayudarán a mejorar la salud de todas las familias nicaragüenses, sobre todo de los sectores más vulnerables de la población.
Deseo enfatizar que ni los mejores programas de salud en el mundo pueden ser sostenibles si no van acompañados por medidas económicas y políticas sanas. La alta inflación golpea más a los pobres; con lo poco que ganan compran cada vez menos. Cuando el Estado de Derecho es débil, el país se convierte inaceptablemente en riesgoso, y los inversionistas potenciales prefieren colocar su capital --y los puestos de trabajo que podrían crearse-- en otro lugar. Sin inversión, la economía comienza a estancarse, convirtiéndose en un país más empobrecido. Al aumentar la pobreza, las tasas de desnutrición y mortalidad infantil se incrementan.
Evidentemente, los indicadores de salud están estrechamente ligados con el estado económico y con la estabilidad política de cualquier país. Quizá la encuesta Endesa debería tomarse en serio por todos los oficiales gubernamentales y los implicados en la toma de decisiones, y no sólo por aquellos involucrados en el área de salud. Después de todo, las medidas que se implementan para la economía y para la dirección política del país tendrán efectos de mucho alcance en la salud y en el bienestar de todos los nicaragüenses.

• El autor es el Embajador de los Estados Unidos en Nicaragua.