Opinión

Digamos ¡no! al discurso confrontativo


Ph.D

“No hay peor sordo que el que no quiere oír”, dice el refrán popular. Albert Einstein, por otro lado, decía: “Cuando me preguntaron sobre algún arma para contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: la paz”. Estas dos frases están cargadas de un contenido relevante para lo que quiero explicar hoy, en relación con pedir que no aceptemos que los nicaragüenses continuemos siendo bombardeados de dobles discursos, y, peor aún, de discursos cargados de mensajes de confrontación y retórica. Porque lo único que hacen éstos es desatar la incertidumbre que retrasa al país en su esfuerzo por salir adelante.
Ha transcurrido el primer año de gobierno del presidente Daniel Ortega, y si algo notorio ha quedado en la mente de la gente, es que en el país se ha reabierto el método confrontativo en el abordaje de nuestros problemas, tanto por parte del Ejecutivo como por los que lo adversan.
Esta tendencia tiene que cambiarse, porque la misma no nos lleva a nada. Nicaragua necesita paz, en todos los sentidos de la palabra. Necesitamos propuestas en lugar de reclamos, necesitamos acciones en lugar de culpables. Algunos funcionarios del Ejecutivo aducen que el levantamiento del tono de la discusión es por culpa de los medios, que haciendo uso de su poder mediático, no quieren reflejar las acciones buenas que hace el gobierno y sólo se centran en lo malo. Pero creo que el problema no radica en los medios, sino en los actores mismos, y en la calidad de los discursos que hacen unos y otros.
Estemos claros de que el primer mandatario es el primer ciudadano de nuestro país. Sus acciones y sus discursos son de trascendental relevancia, y sientan el tono en toda la sociedad, de lo que el resto de ciudadanos hacemos y decimos. Por eso me resulta inaceptable cuando escucho al Señor Presidente decirle a visitantes e interlocutores diversos, que le señalan su preocupación por el discurso que se escucha de él, cuando afirma: “No se preocupen de mis discursos, yo soy así, y no me juzguen por lo que digo, sino por lo que hago...”. Esta explicación sería aceptable si se tratara de un simple ciudadano, pero nunca cuando lo que oímos viene de parte del primer ciudadano de nuestra nación.
Cuando escuchamos los discursos desde la tribuna oficial que dice que si no sucede tal cosa... él gobernará por decreto, lo que nos está diciendo a todos los mortales, es que para él la ley es la que él quiere que valga, y no la ley a la que debemos estar todos sometidos y nadie por encima de ella. Producto de esta expresión se desatan inmediatamente las inquietudes, y la incertidumbre del mañana se acrecienta de manera exponencial. Algunos ciudadanos dirán que están de acuerdo con él, pero la inmensa mayoría de los nicaragüenses arrugamos la cara, y decimos: ¡Esto no puede ser!, porque si eso llega a ser así, aquí no tendremos trabajo, y mejor esperamos hasta que las cosas se aclaren, antes de seguir buscando cómo desatamos nuestras energías positivas para contribuir a construir un futuro mejor. Con discursos como los que hemos escuchado a lo largo del año que concluye, se siembra la intranquilidad colectiva, y se cuestiona y se pone en entredicho el marco de absoluto respeto a la legalidad, que debe privar en toda sociedad democrática. Por ello, no hagamos la del sordo que no quiere oír, la paz es posible, pero contribuyamos a construir esa paz exigiendo que se diga, de parte de todos: ¡No más discursos confrontativos!