Opinión

Los negocios acabarán con los cuarteles


Los militares dedicados a los negocios más que a los cuarteles podrían no sólo acabar con el prestigio del Ejército, sino también arruinar la rectitud, abnegación, espíritu de entrega y sacrificio desinteresado de sus integrantes a la patria. Inclusive, esto los deformará y generará en los miembros del cuerpo castrense, si es que ya no lo es, toda una mentalidad de arribismo, de competencia desleal y de otros intereses antagónicos a la carrera militar.
Una cosa es la actividad económica del Instituto de Previsión Social Militar en función del fortalecimiento de los recursos de la institución armada, que como es lógico deben estar --óigase bien-- todo el tiempo bajo el control, supervisión y rendición de cuenta exhaustiva del Estado, y otra, que se maneje todo en secretismo, sin que la sociedad civil o los mismos militares sepamos cuáles son los estados financieros, las ganancias, en cuánto aumentan sus fondos y en qué se invirtieron, etc. Por otro lado, nadie --ni los mismos militares-- se puede arrogar el derecho de manejar a su gusto y antojo tantos millones de dólares, ¿o es que acaso ese dinero no salió de las arcas del erario o de los bienes de la nación? Aquí no podremos decir como nuestro gran poeta Rubén Darío: “¡Entonces que se haga la voluntad de Dios!”, peor aún tratándose de los fondos que garantizan el pago de nuestras pensiones cuando nos retiramos. Además, debemos estar alerta con los precedentes de quiebras fraudulentas que existen en América Latina de muchos Instituto de Previsión Social Militar. Nadie puede confiarse a los sentimientos o garantías personales, ni mucho menos a las promesas de que todo está bien y en orden. Entonces, éste es un asunto sumamente delicado que debe estar libre de cualquier contaminación. Es más, por ética profesional los militares activos no deberíamos --profesional ni laboralmente-- estar vinculados a negocios, porque nadie nos garantiza que tarde o temprano esa línea entre los cuarteles y los negocios desaparecerá, y ambas actividades no se mezclaran. ¡Óigase bien: nadie!
Ante esa situación planteada, hay que poner un alto ya, porque después, será demasiado tarde y nos lamentaremos de no haber actuado, evitando que entre el personal de la institución armada penetren lastres muy comunes existentes en el panorama nacional: acumulación de riqueza personal desproporcionada, grandes patrimonios de orígenes dudosos, competencia desleal, tráfico de influencias, y el sálvese el que pueda, escándalos tras escándalos de origen comercial, que hemos vivido, y que en cualquier momento podrían arruinar para siempre el prestigio alcanzado por el Ejército de Nicaragua.
Sé que estas reflexiones a muchos altos militares que ya son millonarios y ricos, les caerán pésimamente, y me tildarán de muchas cosas --desde resentido, rebelde y envidioso…-- y que incluso habrá otros que desearían llevarme al paredón de fusilamiento. Pero son una minoría, y lo que nos interesa, en todo caso, no es esa mínima expresión, sino que la mayoría de hombres y mujeres del cuerpo castrense se mantengan con ese compromiso incólume de servidores de la nación que, un día, inclinados ante el altar de la patria, hicimos, para dedicarnos por completo a los cuarteles, según el espíritu de nuestra vocación militar. Como decimos en buen nicaragüense, con alma, vida y corazón.
Los cuarteles no dan recursos ni tiempo para eso de los negocitos. Además, en este pequeño país, ya se sabe quiénes entraron pobres o ricos al Ejército. Y repito, quienes tengan más habilidades para los negocios que para los cuarteles, que renuncien, que se retiren, que les cedan las plazas a otros y se conviertan en el Bill Gates nicaragüense, así todos los ciudadanos le reconoceremos como se debe, su espíritu empresarial y emprendedor. Pero, por favor, hacerse con todos esos méritos desde los cuarteles no es correcto, y el pueblo no se lo cree. Desde los cuarteles eso es imposible, se los aseguro. Mis 28 años de servicio en los cuarteles lo certifican.
Los militares nicaragüenses podremos alcanzar después de muchos años de servicios un modesto nivel de vida, pero al terminar nuestras carreras jamás podemos salir ricos. Y siempre será cuestionable ante el pueblo que un sacerdote, un militar, un policía y un funcionario público salgan ricos de sus cargos.
Si en algo podemos ayudar a este Ejército, que tanto sacrificio la ha costado a los nicaragüenses, es alertarlo y separarlo de una vez y para siempre de los males comunes heredados por el involucramiento de las elites militares en negocios que --entre comillas-- comienzan “sanos” y terminan “podridos”, como ha sucedido en muchos países de Latinoamérica. Entonces, queda en mano de la sociedad nicaragüense, después de trajinar durante años en la construcción de una de las instituciones mas sólidas, confiables y respetadas del país, velar y tener a buen resguardo a sus efectivos militares y sus recursos, dedicados para lo que fueron creados: ¡los cuarteles y el servicio sin horario a la comunidad! Por el bien de la patria, es necesario.

*Abogado y Notario Público