Opinión

La Educación Secundaria: Clave para nuestro porvenir


Desde hace varias décadas la Educación Secundaria del país no ha sido prioridad en el sistema educativo, por el contrario, fue relegada a merced de la política de algunos organismos internacionales, en razón de priorizar recursos para la educación primaria. Ello, en correspondencia con el proyecto neoliberal de reservar a nuestros país el rol de generador de mano de obra barata, so pretexto de captar inversión de capitales. Esta práctica del país contrasta con el interés que muchos países han mostrado en convertir la Educación Secundaria en su prioridad. Ello ha supuesto ofrecer una alternativa educativa válida a la sociedad, ante el desencanto y el fuego cruzado al que vino siendo sometido este nivel educativo. Su principal cuestionamiento se centró en poner de relieve la gran brecha existente entre sus currículos y las necesidades de los países, entre sus contenidos y aprendizajes y los profundos cambios sufridos por el ámbito laboral.
En este contexto de profundos cambios, la evolución sufrida por las sociedades y, de forma particular por el ámbito laboral que ha transformado el concepto mismo de trabajo y las competencias técnicas y laborales, ha marcado huellas profundas en el enfoque y contenidos curriculares de las reformas educativas. Estos han incorporado una visión nueva de la enseñanza, del aprendizaje y la evaluación, a la par de contenidos de aprendizaje mucho más implicados en los contextos sociales, económicos y productivos, sobre la base de las nuevas perspectivas de los países. De esta forma, a pesar de la frustración e insatisfacción que han manifestado muchos países acerca del rol de este nivel educativo, lo cierto es que han realizado profundas transformaciones que ofrecen a los jóvenes alternativas más efectivas para cultivar sus aptitudes e incorporarse, con desarrollo personal, social y laboral a las demandas del mundo del trabajo. La universalización de este trayecto educativo, en esta nueva perspectiva, ha posibilitado orientar a miles de jóvenes hacia el trayecto de la formación técnica, y ha permitido a los países generar capacidades humanas y técnicas de nivel medio con mejor preparación y calidad para asumir las exigencias del mundo del empleo, facilitando a los países una base de mano de obra semicalificada, y un sustrato educativo y cultural imprescindible para romper los hilos de la pobreza y aspirar al desarrollo.
Es por esta razón que el Informe de la Comisión Delors, de la Unesco, en el que se apuesta a una prospectiva del siglo XXI, la Educación Secundaria es vista con nuevos ojos, como el “eje de toda una vida”, a la vez que insta a reconsiderar sus contenidos y la organización de la enseñanza, vinculándola con tres grandes principios: la diversidad de la formación, la alternancia entre el estudio y una actividad profesional o social, y la búsqueda de mejoras cualitativas. Se reconoce, así mismo, que esta enseñanza desempeña un gran papel en la formación de cualidades del carácter que requerirán los jóvenes para anticiparse a los cambios y adaptarse a ellos; en la adquisición del instrumental para dominar las tecnologías nuevas y hacer frente a los conflictos; así como cultivar la creatividad y empatía necesarias para ser ciudadanos a la vez que actores y creadores. Ello exige diversificar la estructura de las enseñanzas y preocuparse más, no sólo por los contenidos, sino por la preparación para la vida activa. Con esta visión se ha diversificado su duración, e implantado la orientación profesional que posibilite a los jóvenes escoger diferentes ramas, desde una óptica de flexibilidad, tomando en cuenta diferencias geográficas, culturales e individuales, contando con la organización de módulos de estudio y pasarelas entre los diversos niveles y modalidades educativas. Y todo ello, sin perder de vista concebir la educación secundaria, como parte de una visión de “educación a lo largo de toda la vida”.
Este fenómeno ha tenido en nuestro país pocas consecuencias hasta ahora. Mientras en 1993 se realiza la transformación de la Educación Primaria, la Educación Secundaria sufrió cambios importantes a partir de la aprobación del Plan Nacional de Educación en 2000. Sin embargo, en tales cambios tuvieron mayor incidencia las presiones de programas de agencias internacionales con su cuadro de consultores, imponiendo sus agendas e intereses, frente a las cuales la dirigencia nacional tuvo muy poca iniciativa. De esta forma, no se supo aprovechar la capacidad del personal especializado y técnico del país y del propio Ministerio de Educación para formular propuestas endógenas contextualizadas; por el contrario, se priorizó en todo momento, cualquier recomendación formulada por voces externas al país. En ello tuvieron especial responsabilidad los máximos dirigentes educativos que no procedían del ámbito educativo, los que estuvieron más atentos a encontrar las soluciones del país fuera de él, desdeñando la experiencia y capacidad técnica especializada nacional. Los costos de esta “cultura de dependencia e imposición” para la educación están a la vista y no deben volver a repetirse.
El rumbo de la educación a cargo del Mined está operando un golpe de timón, la participación social e interinstitucional en los cambios educativos está avanzando, aunque poco se habla de ello en los medios. La revolución participativa del Mined debiera constituirse en un paradigma modelizador para los demás Ministerios. La Reforma de la Educación Secundaria entra en acción, la Comisión Especial que se instala el 17 de diciembre, integrada por representantes de distintos sectores productivos, institucionales, sociales y especializados, se propone adoptar cambios relevantes y compartidos, con una lógica coherente y consistente con los aportes recibidos en la Consulta Curricular de la sociedad, los Foros de maestros y maestras y demás formas de consulta, y las políticas públicas del país. Repensar la Educación Secundaria es clave para el país, y requiere mucho apoyo y recursos, pero sobre todo, necesita de gran dosis de capacidad técnica y responsabilidad del Mined que la dirija.

*Ph. D. Ideuca