Opinión

El alma de cántaro de la oligarquía


En el ámbito local, el “¿por qué no te callas?” nos permitió ver en pantalla gigante una radiografía del alma de cántaro de la oligarquía nativa.
De repente, sus medios y sus políticos se sintieron en el siglo XVIII viviendo en toda su intensidad sus añoranzas coloniales.
Los medios oligárquicos se solazaron celebrando la vulgaridad del monarca de opereta que convirtieron en su Rey. Se sintieron súbditos del héroe plástico que fue capaz de mandar a callar a ese cuarterón, Chávez, que les inspira repugnancia.
Eduardo Montealegre fue más allá. Sintió la obligación de mandarle a su monarca una misiva de desagravio, solicitándole la gracia de perdonarlo por el mal rato que esa chusma le hizo pasar.
Además, hizo promesa pública de una invitación a José María Aznar a Nicaragua, para que venga a impartir cursos de democracia. Los atributos democráticos del personaje: cómplice e instigador de los bombardeos contra la población civil en Belgrado. Cómplice e instigador de la guerra contra el pueblo iraquí que ha provocado un genocidio de más de medio millón de muertos. Le mintió deliberadamente al pueblo español cuando éste vivía la tragedia de los atentados de Madrid. Amigo íntimo y socio en negocios de la flor y nata de la mafia cubana de Miami.
Faltarían algunos detalles para que esta radiografía del alma se complete. Que Mundo Jarquín, que siempre imita a Eduardo, decida mandarle otra misiva de desagravio al Rey, y que se inscriba en los cursos de democracia que vendría a impartir Aznar.
Y que Gioconda, Carlos Fernando, Sergio Ramírez y los jesuitas de Envío nos hagan unos cuantos análisis repitiendo los editoriales, artículos y ríos de tinta destilados por El País contra Chávez, a raíz de la explosión histérica de Juan Carlos.