Opinión

Lezamón: entre la ironía y la autofagia


Recientemente, en la pinacoteca del BCN (el sitio cultural de mayor desplazamiento en la actualidad), se inauguró una de las exposiciones más sui géneris dentro de la plástica nicaragüense, digo esto porque lo que contiene en sí misma es más que arte, es rebeldía, es iconoclastia, es sátira, es subversión con la salvedad que sus trazos y líneas, son perfectos. Hay, en este sentido una paradoja que persigue asiduamente el arte de Lezamón: su broma invariable se hace acompañar de la perfección en las representaciones del poder autoafirmativo, equilibrado y normativo.
Lezamón mantiene así la ventaja de activar el humor como caldo de cultivo, donde tanto la parodia como la sátira y lo irónico hunden sus raíces para contestar el camuflaje de las ideologías dominantes en los sistemas de representación. Por ello es que su propuesta no sólo es la de la burla del icono (artistas consagrados, transnacionales como UNION FENOSA, iconos literarios como Don Quijote, las bebidas enlatadas, sino el propio Lezamón como sujeto de doblez y a la vez como pliegue y sostén del equilibrio del dibujo)
El espíritu paródico-satírico que destila las 27 muestras de Lezamón abordan el mundo subvirtiendo el orden de las cosas, sea en el ámbito de la lógica, la estética, la moral, entre otros. Su razonamiento impugna las prescripciones existentes y en su lugar no afirma, sin llegar a ser negativo. La importancia de la exposición, en su eje paródico-satírico, distingue entonces entre dos formas de ejercer la libertad, una forma sublimada emparentada con lo artístico y la otra libertaria, iconoclasta asociada con el humor, pero ambas dispuestas en formas de vasos comunicantes.
Lezamón a través de recursos estéticos asociados a la parodia, la sátira y el humor, provoca un deliberado entretenimiento, una visión lúdica de la realidad, pero deslizando en todo momento, penetrantes y reveladores contenidos críticos sobre las problemáticas que atraviesa nuestra sociedad, producto de las malas políticas neoliberales cuyo lastre aún sufre nuestra gente. Aquí, la representación paródica (anclada en el guiño humorístico y en el rictus irónico) y lo fuerte de las representaciones fijadas en la tradición, se enzarzan en un diálogo donde las historias de ambas se entrecruzan para debatir sus diferencias semánticas e ideológicas. La jocosidad es su telón de fondo.
La paradoja en la obra de Lezamón es aquella que devora la cosa en sí (sin cosificación) y en un acto de autofagia se devora a sí mismo (autoparodización). Para ilustrarlo baste observar sus constantes alusiones en obras como “Don Quijote”, “El prisionero 0089”, “Charles Atlas”, “Autocaricatura”, entre otras. Puedo decir que su trazo se resiste a creer en la representación dominante de la realidad y más bien invita desde sus particulares estéticas, a ironizar, a reírse de ellas, es decir, a satirizar y en última instancia a no tomarla en serio, aunque si seguimos la estética bajtiniana, el humor de Lezamón es un humor de los más serios. Ahí otra de sus paradojas.
Creo que esta muestra de Lezamón representa una revolución constante; el humor se ríe de lo solemne, y por lo tanto Lezamón es un conspirador
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