Opinión

Sin partido la revolución es difícil


Más que orgánico, el Frente Sandinista de Liberación Nacional es un partido presentido. Dirigentes de todos los niveles se sienten parte y hasta miembros activos de su estructura, pero no lo son. Y los pocos que realmente lo son, están conscientes de su debilidad orgánica.
Esta situación no es nueva, es consecuencia de la brutal desmovilización de 1990, producto del síndrome del “sálvese quien pueda” que atacó a la izquierda universal, después de la caída del socialismo real; de la ruptura modernista de 1994, que se dio como supuesta superación de este síndrome con la convicción de que el Frente Sandinista histórico jamás regresaría al gobierno; del repliegue de la contraparte por razones electorales; y desde luego de las dos derrotas electorales intermedias, que disminuyeron al máximo la expectativa de este regreso.
En otras palabras, el regreso al gobierno del Frente Sandinista se dio en condiciones partidarias de extrema debilidad institucional y de máxima heterogenización ideológica; en un país en bancarrota neoliberal, agravada por la crisis petrolera; en medio de una gran inestabilidad mundial, y por lo mismo en un entorno internacional revolucionario. Un regreso, pues, en condiciones políticas altamente contradictorias: muy negativas a lo interno, pero extraordinariamente positivas a lo externo, aún considerando la debilidad de Nicaragua frente al imperialismo.
Cómo acometer esta nueva realidad, nacional e internacional, con tanta debilidad estructural es el reto fundamental del gobierno de Daniel Ortega Saavedra. No puede soslayarlo. Y está obligado, además, a asumirlo privilegiando soluciones estratégicas desde su compromiso revolucionario; contra el tiempo, a riesgo de inevitables errores y del afloramiento de viejas y nuevas contradicciones. Para combatir la dictadura del capitalismo global, como él la llama, actualmente en crisis, y consolidar la tendencia revolucionaria, nacional, americana y del Sur.
Éste es el trasfondo estructural de la discusión que se está dando en el sandinismo, y en el país nacional. Un trasfondo real pero aún no asumido. Precisamente por esto la discusión aparece a lo interno del partido presentido y se proyecta a la opinión pública como diferencias personales, y no como expresión de contradicciones objetivas; como una discusión entre autoridades partidarias orgánico-históricas y de hecho-advenedizas; ignorando que en la práctica todas las autoridades son de hecho, y que el escalamiento de la lucha siempre produce nuevos liderazgos.
Es cierto que las diferencias de personalidades inciden en el manejo de las contradicciones político-ideológicas, y que las posiciones de poder potencian este manejo, como es el caso de la discusión actual; con el agravante de que una de estas posiciones está representada por la esposa del Presidente, lo cual le imprime a la discusión un sesgo familiar no deseado. Sin embargo, a pesar de toda su gravedad potencial, nada de esto anula la existencia de contradicciones objetivas.
La contradicción fundamental es que a lo interno del partido presentido y con el activismo mercantilista de connotados dirigentes --y también con el indeseable, pero natural respaldo de la derecha local y de todas las latitudes--, se impulsa la tesis de un socialismo socialdemócrata; mientras que el presidente Daniel Ortega Saavedra ha decidido orientar su gobierno hacia posiciones socialistas revolucionarias, en la misma línea de la revolución sandinista y de la que se está dando en Suramérica.
Con independencia de que el Presidente esté logrando darle a su gobierno una orientación socialista revolucionaria, ésta es su voluntad política explícita. Y la está implementando sólo con el apoyo activo de su esposa Rosario, consciente de que le agrega un importante elemento subjetivo a la contradicción fundamental, sin duda para radicalizarla y superarla; aplicándola sin concesiones, ni al partido presentido ni a la oposición; enfrentando con espíritu combativo las limitaciones que le imponen las condiciones generales en que está actuando, y asumiendo las contradicciones que este enfrentamiento produce, en primer lugar entre su discurso sentido y la realidad.
La situación se complica porque antes de la consolidación de la tendencia revolucionaria sudamericana, y en general del Sur, y también en forma presentida, la orientación socialdemócrata primaba en las filas del Frente Sandinista; y también porque aún no está plenamente conformada la contradicción socialismo socialdemócrata/socialismo revolucionario. Ni siquiera es previsible en este momento su conformación definitiva. Sólo el gobierno, y más concretamente el presidente Daniel Ortega Saavedra, tiene la capacidad y desde luego la responsabilidad de romper este impasse.
De pronto, la contradicción ha tomado cuerpo en los Consejos de Poder Ciudadano, CPC, diseñados como instrumento fundamental del gobierno para manejar, y de ser posible, revertir la crisis nacional con orientación revolucionaria, a través de la movilización ciudadana. Por su propia naturaleza, entonces, son una instancia de altísimo potencial político-ideológico y probable estructura del nuevo partido real, cooptando a ciudadanos de otras simpatías políticas y reactivando así la revolución sandinista. Porque inevitablemente la frecuencia de la movilización social se traduce en aumento de la conciencia ideológica del pueblo.
Por otra parte, por las actuales condiciones del Frente Sandinista y del país, los CPC han nacido desde el poder, lógicamente para el poder, y por la misma razón en contradicción con el poder establecido, partidario y nacional, lo cual explica porqué exacerban las contradicciones a lo interno del partido presentido y provocan el rechazo radical de la derecha, en todos sus matices. Y todo esto con el agravante de que están arrancando con una militancia con deficiencias ideológicas, con poca o ninguna conciencia de la contradicción planteada, actuando en consecuencia por motivaciones políticas alrededor de liderazgos también de poder, y asumiendo así su defensa.
El corolario ideológico de este análisis crítico, sin valoraciones de ninguna especie, sobre la nueva realidad sandinista en el contexto nacional, es que el partido presentido es causa permanente de contradicciones político-ideológicas. Porque los objetivos ideológicos se diluyen en las luchas políticas por el control del partido, con el riesgo de mantenerlo en permanente inestabilidad, siempre al borde de la ruptura, o de convertirlo en un partido tradicional, sin arraigo popular, al mejor estilo democrático-representativo. Dicho de otro modo, sin partido real, ideológicamente unitario, la revolución se hace mucho más difícil.