Opinión

Un triunfo de nadie, el principio de la lucha


No es cierto, y es triste, que la eliminación del artículo 204 del nuevo Código Penal de Nicaragua que condenaba las relaciones entre personas del mismo sexo sea un triunfo del movimiento GLBT de Nicaragua.
Primero porque tal movimiento no existe aún, y lo que sí existe son diversos grupos dispersos, trabajando con nombres y apellidos de organizaciones en los que no figura la palabra HOMOSEXUAL ni LESBIANA, y cuyo trabajo se centra en la prevención del VIH o diversidad sexual en comunidades de homosexuales.
Muchos y diversos grupos GLBT surgen cada año y deben desaparecer forzados por la presión social, la falta de acceso a recursos de la cooperación, o en el mejor de los casos arrimarse a la sombrilla de alguna ONG ya existente por la dificultad de funcionar con nombre propio, identidad y personería jurídica propia.
Segundo porque la NO inclusión del artículo en el nuevo código ha respondido más a la negociación oculta y oscura bajo la mesa de la Asamblea Nacional, como ocurre todo en la Asamblea de Nicaragua, que a una lucha constante de los grupos GLBT hacia este objetivo.
Con respecto al artículo, quienes hemos trabajado por su eliminación, sabemos que esto ha sido una fuerte lucha para convencer a los mismos grupos GLBT acerca del peligro y el significado de la existencia de este artículo en el Código Penal, que aunque muy pocas veces fue aplicado, lo cierto es que su peligro derivaba de ser respaldo jurídico y legal de algo más fuerte que NO HA SIDO ELIMINADO y que sí vivimos a diario: la CONDENA SOCIAL en la calle, en las casas, en las familias, en las escuelas, en los centros de salud, en la política y en la iglesia; hacia homosexuales y lesbianas que luchamos cada día por vivir con libertad nuestro derecho al amor.
La situación de No inclusión de este artículo en el nuevo Código Penal plantea más preguntas que repuestas, es mayor motivo de reflexión que de alegría. O sea, con el artículo 204, los homosexuales y las lesbianas existíamos en Nicaragua, como delincuentes, claro. Ahora, sin artículo, ¿será que al igual que en Irán los homosexuales dejamos de existir, como lo expresó Admadineyah, o significa un reconocimiento de los homosexuales y lesbianas de Nicaragua como ciudadanos con derechos y que ahora las organizaciones y grupos podrán nombrarse como grupos de HOMOSEXUALES y LESBIANAS con todas las letras y no protegernos bajo la Diversidad sexual o bajo la prevención del VIH SIDA?
Me apunto más a lo primero que a lo segundo, porque no podemos equivocarnos en traducir esta desaparición del artículo y de nuestra anterior figura como delincuentes en un reconocimiento automático de nuestros derechos y de nuestra existencia como ciudadanos.
Primero porque no ha existido un trabajo amplio de sensibilización acerca de los derechos humanos de gay y lesbianas con toda la población de Nicaragua, férreamente católica, y menos con la Asamblea nacional y el Estado, cada vez más casados con la alta jerarquía eclesiástica, para quien los homosexuales y las lesbianas representamos aún un alto peligro social.
Esta situación plantea grandes retos y oportunidades para el movimiento incipiente, un largo camino, la posibilidad de encontrarnos y debatir cuáles serán ahora nuestras demandas al estado y a la sociedad, a la comunidad internacional.
No puedo dejar de reconocer la lucha día a día de muchos jóvenes, hombres y mujeres en sus casas, en sus escuelas por hacerse reconocer como gay y lesbianas, y el trabajo arduo, con uñas y dientes, y sin ningún recurso de muchos grupos que se reúnen muy entusiasmados para desarrollar actividades que dignifiquen el ser gay, cochón o lesbiana en un país tan machista y homofobo. Desde los años 80 diversos grupos han surgido y han desaparecido, porque son otras las prioridades en un país que está tan jodido para todos y todas y no se puede andar de marica todo el tiempo, porque también hay que comer. Muchos y muchas desde entonces han muerto, y no verán lo que quizá nuestros hermanos lleguen alguna vez a vivir, el derecho al amor y el derecho a soñar con un mundo diferente. De ellos y ellas, que han caído en la lucha, es esta pequeña victoria.
Nos queda mucho trabajo. Sin duda, nuestra lucha no puede desligarse de la lucha de las mujeres por la despenalización del aborto terapéutico, que al final son nuestras mismas demandas: la recuperación del cuerpo, donde habita la libertad, y el derecho a la propia identidad.
Madrid, España, noviembre 2007