Opinión

La democracia y el debate constructivo


El Papa Pío XII decía al respecto: Cuando el pueblo pide democracia y una mejor democracia, tal demanda no puede tener otro significado que colocar al ciudadano en situación cada vez más ventajosa de mantener sus propias opiniones personales, expresarlas y hacerlas prevalecer (a través de sus representantes), en una forma que conduzca al bien común, muy al contrario de que lo que el Papa Pío XII, nos invita a realizar como un acto democrático que induzca al bien común es lo que sucede en Nicaragua.
En Nicaragua se vislumbra actos que aparentemente son democráticos, dado que exponen a los candidatos a presidentes y sus propuestas en una posición inalcanzable, donde el ciudadano común no es participe de la elaboración de propuestas de nación y mucho menos coparticipe de la validación de dichas propuestas.
Se han realizado una serie de debates públicos, hasta con la participación de estudiantes, sin embargo, con claridad la metodología de selección para la realización de las preguntas es aún un poco dudosa. Por consiguiente, aún existe un sinnúmero de ciudadanos que nos sentimos frustrados por la incapacidad de la democracia de cumplir con el fin fundamental de preocuparse por la autorrealización y la felicidad del mayor número de ciudadanos.
Las propuestas presidenciales se inclinan a las necesidades e intereses de aquellos que son parte del partido al cual pertenece el candidato, y no a una verdadera propuesta de nación que conciba las necesidades de Nicaragua y de los nicaragüenses con proyectos planes y programas de corto, mediano y largo plazo.
En el caso de nuestro país, los partidos que representan a las paralelas históricas son un ejemplo manifiesto de lo antes expresado, ya que por ejemplo, los diputados de la Asamblea Nacional los magistrados de los Poderes Judiciales y Electorales, junto con los Ministros y el Presidente como jefe del ejecutivo, ni siquiera conocen de forma clara el programa de gobierno y sus impactos en el crecimiento y desarrollo de la nación, y por otro lado, en el quehacer cotidiano los diputados sistemáticamente están discutiendo la aprobación de leyes que responden sólo a intereses de su allegados, de igual manera los tribunales de Justicia resuelven y dan sentencia que no se apegan a derecho, pero que si expresan sus intereses personales, partidarios y económicos.
Por otro lado, los Secretarios de Estado y Ministros de Estados, no están preocupados por la formulación de Planes y Proyectos estratégicos que apunten al desarrollo económico de la nación, normalmente están haciendo proyectos de corto plazo en los que en forma sistemática los directivos y responsables de las carteras se ven involucrados en negocios turbios. En relación con los tratados internacionales los funcionarios de nuestro país como representantes del ejecutivo y de la nación no adoptan posiciones de valor, sin valorar los impactos económicos y sociales para la nación y los connacionales.
En Nicaragua la cultura del diálogo y del respeto mutuo parece ser una utopía, por ende la democracia considerada la mejor forma de gobierno, precisamente porque fomenta el diálogo permanente y libre entre la pluralidad de los individuos, grupos, intereses y criterios que existen en una sociedad, requieren de una cultura más educada en lo cívico y en lo político que permita la participación consciente y responsable en los comicios electorales, a fin de evitar masificaciones masivas que solamente inducen a empoderar a unos pocos que se adueñan del poder y castran la democracia, evitando la participación ciudadana como un medio para asegurar el compromiso que asumen como candidatos a presidentes con sus propuestas maravillosas para resolver los problemas económicos y sociales.
Esto no sólo sucede en Nicaragua, sucede en toda América Latina, según lo manifiesta Susana Kaufman Purcell en su artículo “La Democracia a medio camino en América Latina, donde específicamente, el 54.7% de los encuestados dicen que apoyarían un gobierno autoritario por sobre uno democrático, si el primero pudiese resolver sus problemas económicos”
Realmente que sucede con las propuestas de gobierno que manifiestan los candidatos a la presidencia de Nicaragua, muchas veces son solamente líneas generales de propuestas para un futuro programa, nunca son un programa de gobierno integrado que se pueda valorar como una propuesta de nación.
Qué Nicaragua queremos para el futuro.
*Economista