Opinión

Estados Unidos: recesión inminente


La posibilidad de que los Estados Unidos entren en recesión a principios de 2008 se vuelve cada día una realidad. La acumulación de los déficits (fiscal y comercial), la degradación del dólar y sobre todo el desinfle de la burbuja inmobiliaria hacen posible el desenlace recesivo. La burbuja inmobiliaria, pieza maestra de la estrategia económica de la administración Bush, junto a la avalancha de gastos militares y las reducciones fiscales, consiguieron sacar, momentáneamente, a la economía estadounidense del estancamiento, inflando un consumo no respaldado por el desarrollo productivo local.
La estrategia del gobierno de Bush puede ser sintetizada como la combinación de dos operaciones que apoyándose mutuamente deberían haber relanzado y consolidado el poderío imperial de los Estados Unidos: la expansión rápida de una burbuja consumista-financiera para producir un fuerte despegue económico, asociada a una ofensiva militar sobre Eurasia, que le daría la hegemonía energética global y desde allí la primacía financiera, arrinconando a las otras potencias (China, Unión Europea, India y Rusia).
El gobierno Bush apostó a partir de 2001 a una contundente victoria de sus fuerzas armadas que le permitiría controlar militarmente la franja territorial que va desde los Balcanes en el Mediterráneo Oriental hasta Pakistán, atravesando Turquía, Siria, Irak, Irán, las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, la Cuenca del Mar Caspio y Afganistán; tapizándola de implantaciones militares que vigilarían un complejo abanico de protectorados. En ese momento apostaban a una victoria militar rápida que les permitiera redefinir las reglas de juego económicas del planeta. Pero todo salió mal; se empantanaron en Irak, la ofensiva fulminante sobre Eurasia fracasó, mientras tanto el globo inmobiliario especulativo entró en crisis.
El origen de la crisis inmobiliaria hay que buscarlo en los inicios de 2001, cuando la FED recortó la tasa de interés de corto plazo al 1%, luego del estallido de la llamada “burbuja tecnológica”. La intención era evitar una recesión incentivando el crédito y el consumo. La elevada liquidez resultante fomentó la compra de inmuebles y el crecimiento del mercado de hipotecas y el de hipotecas de riesgo, las que tienen menos garantías, también llamado subprime. El 46% de los créditos para la compra de viviendas contratados en Estados Unidos durante 2006 fueron hipotecas “basura”. La contratación de hipotecas basura se ha multiplicado por doce, entre 1999 y 2006, mientras que la del conjunto del mercado hipotecario lo hacía por menos de seis.
Los problemas surgieron cuando el valor de las propiedades comenzó a bajar y los propietarios comenzaron a tener inconvenientes para cancelar sus deudas, emitidas por entidades crediticias que, para ampliar el negocio, vendieron las hipotecas a bancos, que a su vez las colocaron en fondos de inversión.
El sector de la vivienda creó una gran actividad económica y empleos en su entorno, y ahora se ha revertido el proceso. En un año, el comienzo de construcción de viviendas ha bajado un 21%, y los permisos han caído un 23%. La caída de los precios desde mediados del año 2006 ha dejado a muchos compradores con hipotecas altas y valores de sus casas por debajo del monto de su deuda. Los precios de la propiedad inmueble subieron más del 70%, desde 1995 a 2006. Las hipotecas de baja documentación, que se caracterizan por escasa o ninguna verificación de ingresos y activos, pasaron de suponer un 23.2% del total de hipotecas “subprime” en 2000 a un 42.9% en 2006.
Según The Wall Street Journal, un 80 por ciento de la deuda de los consumidores norteamericanos corresponde a créditos hipotecarios, doce por ciento de los cuales está catalogado como subprime, volumen más que suficiente para afectar a la economía en su conjunto. La cantidad de casas en proceso de remate aumentó en casi un 34% en los Estados Unidos, en el tercer cuarto de 2007, un repunte que según analistas probablemente reducirá aún más los precios de viviendas en las áreas más afectadas.
En 2007, la explosión de la burbuja inmobiliaria se unió a la del crédito y salpicó a los grandes bancos. En abril, la firma New Century se declaró en suspensión de pagos después de que sus clientes dejaron de pagar sus cuotas. En agosto, el American Home Mortgage, décimo banco hipotecario en Estados Unidos, se declaró en suspensión de pagos. Lehman Brothers, firma neoyorquina, reportó una caída en el beneficio hasta los US$ 887 millones de dólares. Goldman Sachs perdió US$ 2,400 millones de dólares en sus préstamos subprime a empresas. La crisis de las “hipotecas basura” produjo pérdidas por US$ 8,000 millones de dólares al banco Merrill Lynch.
El banco Citygroup presentó unas cuentas con unos números rojos por los efectos de las hipotecas basura. El deterioro de los activos ligados a las hipotecas basura supondrá unos US$ 11,000 millones de dólares. Se trata de las peores cifras reveladas por un banco importante en el contexto de la crisis del mercado hipotecario de riesgo (subprime), tras los US$ 8,000 millones de dólares que Merrill Lynch admitió como pérdida a fines de octubre.
El banco de inversiones Morgan Stanley se sumó a Merrill Lynch y Citygroup, al anunciar que se verá obligado a cargar a su cuenta de resultados US$ 3,700 millones de dólares por las pérdidas ocasionadas en su negocio de hipotecas basura o de alto riesgo. Esa cifra podría elevarse en función de cómo evolucione el mes de noviembre.
La General Motors cerró el tercer trimestre con unas pérdidas de US$ 38.960 millones de dólares, con lo que supera el abultado récord marcado en 1992. El motivo de las pérdidas registradas es por su filial financiera GMAC en el sector inmobiliario por la crisis hipotecaria y la continua debilidad del negocio de automóviles en Norteamérica.
Wachovia Corp., el segundo banco regional más grande de Estados Unidos, dijo que sus pérdidas relacionadas con hipotecas ascienden a US$ 1,700 millones de dólares. La agencia hipotecaria con licencia federal Fannie Mae, que juega un papel central en el mercado crediticio para la vivienda, reportó pérdidas por casi US$ 1.400 millones. La FED calcula que el sector financiero norteamericano en conjunto pueda registrar pérdidas de cuando menos US$ 100,000 millones de dólares.
El Barclays, tercer banco británico, anunció una reducción en el valor de sus activos de unos US$ 2,660 millones de dólares, debido al impacto de las hipotecas de alto riesgo estadounidenses. El también británico HSBC, primero banco de Europa por capitalización, anunció unas pérdidas de US$ 3.400 millones de dólares debido a los impagos que ha sufrido su negocio hipotecario de alto riesgo de Estados Unidos.
El valor en bolsa de los ocho principales bancos británicos cayó en US$ 189.217 millones de dólares durante los últimos nueve meses, debido a la desconfianza generada entre los inversores por la crisis financiera y el casi hundimiento del Northern Rock, según una estimación realizada por el diario londinense The Times.
Las pérdidas por la caída de los precios de los activos hipotecarios de alto riesgo podrían alcanzar entre US$ 300,000 millones de dólares y US$ 400,000 millones de dólares en todo el mundo, dijeron analistas de Deutsche Bank AG. Los mayores bancos y casas de corretaje de Wall Street se verán obligados a amortizar hasta US$ 130,000 millones de dólares. El resto de las pérdidas procederán de bancos más pequeños y de inversores expuestos a deuda relacionada con hipotecas subprime.
Ben S. Bernanke, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, dijo que era probable que la economía norteamericana se desacelerara notablemente en los próximos meses. Aseguró que la economía se estaba viendo afectada por el colapso en el mercado de la vivienda, que todavía no ha tocado fondo, así como por condiciones más restringidas de crédito y el aumento del precio del petróleo. Los “efectos” de la crisis hipotecaria sobre la “economía real” llegarán a partir de 2008, será entonces cuando se verán de manera más clara, sobre todo en Estados Unidos, pero también en América Latina y Centroamérica.