Opinión

Asalto a la inteligencia emocional


Es lo que diría Goleman, el gran científico de la inteligencia emocional, ante la reacción de la delegación española encabezada por su “majestad, el Rey Juan Carlos”, frente a la crítica del presidente Chávez, el presidente Daniel y el vicepresidente cubano en la Cumbre Social de Ibero América celebrada en Santiago de Chile. La noticia le ha dado la vuelta al mundo, y no es para menos, ¡y es que estos tipos han osado ofender al rey!, decía una conspicua representante del partido popular en un programa de la televisión española.
Son muchas las evidencias empíricas que me inducen a pensar que en la conciencia colectiva de muchos españoles, existe cierto anacronismo cognitivo en relación con lo que la España de esta generación representa para América Latina. Un amigo español, compañero de estudios en la universidad de Moscú, solía expresar con aires de grandeza: “Los países latinoamericanos son hijos de España, y Cuba es la hija menor”. Por ahí es donde los “oligarcas y súbditos del rey” en nuestros países, muchos de ellos descendientes directos de la España imperial, han intentado a fuerza de repetirlo y exigirlo, ese odioso apelativo maternal de que España es la “Madre Patria”.
¡Pero bien, qué es lo que pasó con su majestad! Según Goleman, la racionalidad pura no existe, y muchas veces ésta es guiada, y a veces, inundada por el sentimiento; en otras palabras, el paradigma de Garner sobre la meta cognición pura no existe, porque el ser humano es en esencia poseedor de dos mentes que no son intrínsicamente excluyentes (la mente racional y la mente emocional, para bien o para mal).
El síndrome de grandeza y el hecho real que hasta la cumbre de Santiago muchos gobiernos de derecha habían hecho sentir al rey que sus poderes son supranacionales, lo han hecho caer en la “trampa” de que tiene el derecho de venir a callar a un presidente que con independencia de su discurso, nos guste o no, es un legítimo representante de Venezuela, y mucho menos cometer el exabrupto de levantarse cuando está siendo criticado por un representante legítimo de Nicaragua, nos guste o no, el comandante Daniel Ortega.
Siguiendo a Goleman, el rey fue víctima de lo que en inteligencia emocional se conoce como “alarmas nerviosas anticuadas”, o más exactamente, “prepotencia nerviosa anticuada”. La prepotencia nerviosa anticuada es un fenómeno emocional que ocurre cuando la información percibida es recibida por la amígdala, y esta última la registra realizando una especie de asociación entre un evento pasado y uno muy parecido que está ocurriendo hoy.
El método de comparación de la amígdala es asociativo, es decir, cuando un elemento clave de una situación presente es similar al pasado, puede llamarle “igual”, en otras palabras, no infieren diferencias, entonces el circuito de información ordena frenéticamente que reaccionemos al presente de formas que quedaron grabadas en tiempos pasados, con sentimientos, emociones y reacciones aprendidas en repuesta a acontecimientos, tal vez sólo levemente similares.
Es evidente que la reacción “furibunda del rey” y el hecho que la información haya sido “asaltada” por su amígdala, sin permitir que los fluidos llegaran a su neocorteza, que es el asiento del pensamiento humano racional, la interpelación de “¿Por qué no te callas?” y su abandono del foro después, respondan a un fenómeno en el que la inteligencia racional nada tuvo que ver, por que lo hizo con furia, ira y prepotencia desenfrenada, es decir, “con torpeza emocional”, que para un personaje entrenado en esos entramados complejos de la diplomacia y el debate de las ideas deja mucho que desear.
Muchos fenómenos de la inteligencia emocional son importantes para bien o para mal. Por ejemplo, el temor es un legado de la evolución emocional, éste nos ha movilizado por años en la lucha por la sobrevivencia. En el caso concreto del rey, su inteligencia emocional fue asaltada por la prepotencia, la ira, su inteligencia interpersonal se movió en una línea recta sin pendientes, su memoria emocional transmitida por sus ancestros, lo trasladó en una suerte de túnel del tiempo y de regreso quinientos años atrás, mandando a callar a descendientes de los pueblos originarios, quienes hace quinientos años, en las plazas de las grandes metrópolis de América, eran descuartizados por perros salvajes cuando el rey daba una orden como la ejecutada en Santiago.
Sólo que esta vez los “indios” que lo interpelaron son legítimos presidentes de sus países y se resistieron a seguir callando, y es que, como decía Jesucristo, si el pueblo se calla, las piedras gritan; si Chávez y Daniel se han callado, las tumbas de Bolívar, Sandino, Martí y millones de indígenas a lo largo y ancho de la América Indo Hispana hubiesen levantado sus voces.
Por suerte, después de los “atracos emocionales” viene la calma, se liman asperezas y todo regresa a la normalidad. La relación de España con América Latina es importante, pero se debe fundamentar en la transparencia, el respeto mutuo, la colaboración y el bien común y, sobre todo, entender que si España “goza” de una monarquía constitucional, es respetable, pero sus poderes y mandatos nada tienen que ver con América Latina, desde la independencia, “aquí los reyes son letra muerta”.

*Catedrático Investigador de la Upoli