Opinión

Protegiendo al socio


Ya era sabido de todos que los aliados del pacto en la Asamblea Nacional y los socios de Gerardo Miranda dentro de la Fiscalía y el sistema judicial lo eximirán de toda responsabilidad en el sonado caso de extorsión a inversionistas extranjeros y nacionales. No se esperaba menos, pues desde el más alto nivel de la Secretaría del FSLN están todos involucrados en este operativo. Condenar a Miranda significaría implicar a la misma Presidencia de la República, que se encuentra involucrada en estos actos por el mismo hecho de que allí tienen oficina y operan los cabecillas de esta organización. También significa descubrir a magistrados de la Corte Suprema de Justicia, a magistrados de la Contraloría General de la República, a jueces locales, abogados y otras conocidas figuras políticas que forman parte de esa mafia que desde hace muchos años ha venido operando bajo la dirección y sombra de la Secretaría del FSLN.
Debido al destape de Tola, el gobierno ha tenido que reconocer los hechos y decir que va a acabar con la “mafia robatierras” y con estas operaciones delincuenciales, además, señala con su dedo a sus acusadores, en dirección opuesta de quienes han estado dirigiendo esta mafia, para confundir y hacer creer a la población que ellos están limpios de toda culpa.
El gobierno utiliza sus medios de comunicación (el canal 4 y los espacios “comprados” en los otros canales --100%, canal 23) para saturar de mentiras, y manipula a unos pobres diablos mal llamados “periodistas”, sin capacidad para discernir y descubrir la verdad, a repetir como títeres y sin cuestionar la consigna que les manda el jefe o la jefa desde lo alto.
La población observa y calla. Nadie dice nada. La gente tiene miedo de involucrarse, de opinar y de defender a quien está siendo avasallado y agredido por las instituciones del Estado al mando del cabecilla dictador. La plutocracia de la derecha está unida a la plutocracia de la izquierda, ocupada haciendo más dinero para ellos, sin importarles el bienestar de la población. Los plutócratas dicen que todo está muy bien. El gobierno sabe que le tienen miedo, y que el miedo es más fuerte que las armas, y que por unos dólares más, los plutócratas se “hacen agüitas” y le venden el alma al diablo. Y también sabe que con el tiempo, después de tanto escuchar las mismas mentiras, la población muy seguramente las termine creyendo.
El surrealismo existe en Nicaragua en el día a día. El surrealismo ya no está únicamente en las pinturas de Picaso o de Dalí, sino que también se vive en las calles de nuestro país. La mentira se cree como verdad, y la verdad se oculta y se transforma en su opuesto. En Nicaragua la enfermedad es salud, el desempleo es crecimiento económico, los países que nos ayudan son enemigos, el pueblo oprimido es presidente, el hambre se palea con alimentos cada vez más caros, la guerra es paz, democracia es obediencia a las organizaciones de masa (CPC), y así, poco a poco, la realidad se retuerce hasta llegar a hacer creer que lo malo es bueno, y lo bueno es malo. Acabemos con este surrealismo de una vez por todas, y terminemos con esta pesadilla colectiva. ¡Ya es hora de despertar, Nicaragua!