Opinión

Después del abuso sexual: la revictimización


En los últimos años, en Nicaragua hemos venido aprendiendo y reconociendo el horror que significa el abuso sexual; considerando que es un hecho abominable, particularmente, porque son niñas, niños y adolescentes quienes lo viven.
Aún hay muchos mitos en la sociedad alrededor de este tema, también hay muchos temores sobre el mismo, y esto lleva a que desde la intimidad personal nos rehusemos a aceptar que el abuso sexual puede alguna vez encontrarse muy cerca de cada una/o de nosotras/os, porque puede ocurrir o haber ocurrido en nuestra casa, a mi hija/o, mi madre, mi hermana o a mí.
Son los mitos y temores los que determinan la actitud que tenemos ante el abuso; mientras más cerca nos toca, nos es más difícil aceptar su ocurrencia. Es más conveniente pensar que abuso sexual es algo que ocurre en los diarios y noticieros, y no a mi hija/o, a mi hermana/o o a mí. Es menos complicado asumir que quien denuncia está mintiendo o lo ha soñado.
La negación del abuso sexual no sólo ocurre ante el hecho de que sea una persona cercana quien lo sufre, sino que también nos cuesta aceptar que sea una persona cercana y querida quien lo cometa. No es cierto que mi marido es un abusador, no puede ser que el padre de mi parroquia, el pastor de mi iglesia sea abusador de un niño/a o adolescente.
Es precisamente esta negación del abuso lo que lleva a las personas a tomar una actitud revictimizante, hacia las/os sobrevivientes de abuso sexual. Revictimizamos cuando no creemos, convirtiéndose en el inicio de todo un proceso de revictimización.
En este sentido, la sociedad expresa algunas actitudes contradictoria; por un lado, muestra rechazo hacia el abuso sexual, y por otro, se niega a aceptar que ha ocurrido y disculpa al abusador sexual; esto se complementa con la condena y abandono que se hace de la/el sobreviviente que denuncia el abuso.
Como sucedió con la denuncia por parte de seis jóvenes de Chinandega en contra del padre Marco Dessi. A estos jóvenes que les tocó vivir la revictimización y el rechazo social manifestada en ofensas personales, descalificaciones y culpabilización.
En su momento no hubo una expresión de apoyo, solidaridad, mucho menos de reconocimiento a la valentía que ellos han tenido para enfrentar una denuncia como ésta. Tampoco se expresó el rechazo o la condena hacia el abusador sexual, el padre Dessi.
Son estos elementos los que generan la revictimización, y es a partir de éstos que se produce la complejidad de las secuelas del abuso sexual en los sobrevivientes. El sentimiento de soledad, de frustración, de enojo y resentimiento; de temor por el juicio social, la estigmatización personal, el desconcierto que se produce cuando las/os sobrevivientes consideran que han cometido un error al revelar el abuso, que mejor era quedarse callados; el sentimiento de estar atrapados y no encontrar salidas posibles; y nuevamente se producen las crisis y el deseo de no ser, de no estar, de no vivir más.
Si reconocemos que como sociedad también jugamos un papel importante en la erradicación del abuso sexual, tendríamos una gran oportunidad, para dejar ver lo mucho que podemos hacer desde la familia, los medios de comunicación, las instituciones del Estado y desde la sociedad civil, incluida la institución de la iglesia, no sólo para evitar la revictimización, sino en la reconstrucción de las vidas de las personas abusadas sexualmente.
Éstas son las razones por las cuales surge el Movimiento contra el Abuso Sexual, que este 21 de noviembre estará presentando su propuesta ante la sociedad nicaragüense para juntos combatir este mal.
Estamos llamados a encontrarnos las personas, las organizaciones, las instituciones del Estado y la comunidad internacional para dar continuidad a lo que lograron valientemente los jóvenes de Chinandega.
Si desea participar contáctese con nosotros al correo electrónico hablemosde.abusosexual@gmail.com. Te esperamos.

*Psicóloga
Movimiento contra el Abuso Sexual
Hablemosde.abusosexual@gmail.com