Opinión

América Latina y el rey


El reciente contrapunteo entre el presidente Hugo Chávez y el rey de España es sintomático del cambio que se está operando en América Latina alrededor de la asechanza en contra de la modernidad/colonialidad. Hay en esto una clave de lectura que va más allá de la dignidad de América Latina, para llegar al punto en el que, puedo decir, se redistribuye la protesta hacia la occidentalidad/colonialidad/explotadora. En este sentido los reclamos del presidente Hugo Chávez y del presidente Daniel Ortega nos desplazan hacia un carácter de confrontar las formas “otras” de explotación/colonialidad por las que estamos atravesando los descendientes de aquellos que estaban presentes desde 1492: los habitantes del Abya Yala, del Tawuantinsuyu y los de Anahuac.
Cabe una pregunta: ¿acaso el rey aún piensa que existe el vasallaje, sistema por medio del cual puede mandar a callar? Esto trae consigo una puesta en práctica del acto de silenciar. Que no se use la voz para protestar. No obstante, se puede decir que no era el sitio adecuado para ello. Habría que preguntarse: ¿cuántos sitios existen en el que se les pueda decir algunas cuantas cosas a estos señores “reyes”? En este sentido, en la actitud del señor rey hay algo que podemos denominar fantasmas del colonizador en el cual el acto de silenciar es un evento de segregar el discurso del que no comparte su criterio. Hay, sin duda, vínculos y afinidades no siempre advertidas entre un orden de disciplinamiento y un régimen de visibilidad, entre un espacio de representación y unas prácticas discursivas que lo reproducen y legitiman, devenidas de su tan gastada alcurnia. Entraríamos aquí a ciertas prácticas que Ranajait Guha llamó “prosa de contrainsurgencia”, atendiendo al tópico más general de las “violencias de la democracia” practicadas en este caso por un rey que dice ser democrático.
El rey se saltó el protocolo y usó la “violencia democrática” como una reminiscencia de la vasta historia de exclusión y silenciamiento que se aplicó en contra de nuestros pueblos. No obstante, sin caer en “esencialismos estratégicos” (Spivak), por la voz del presidente Chávez y la del presidente Ortega hablaron y refutaron de forma vehemente los condenados de la larga noche de los 500 años, como la define Marcos en sus manifiestos.
Se define por parte del presidente Ortega una reprobación de la colonialidad/globalizatoria, pues para nadie es un secreto que Unión Fenosa es parte de una “globalización” que sólo provoca desencuentros y asimetrías. De igual manera, funge el planteo del presidente Chávez, quien por medio del reclamo sobre Aznar, sacaba a relucir la globalización de los golpes de estado, una práctica ya recurrente desde hace varias décadas: Allende es la prueba fehaciente de ello. Es decir, eso demuestra la interconectividad del poder en contra de una nación y de un gobierno elegido democráticamente, como es el caso del gobierno del presidente Chávez y como fue el de Allende en la década de los setenta.
Habría que hacer alusión de igual manera a cómo el rey Borbón, de la casa francesa, fue un invitado de honor de Franco, de Pinochet y del nuevo genocida George W. Bush. Hay una correspondencia de sentido entre los genocidas mencionados y un rey venido a menos.
No obstante, da la impresión que el rey cree que los antiguos modelos clasificatorios, residuos de las sociedades coloniales, siguen generando barreras y confusiones que nos separan de nosotros mismos. Sin embargo, los pueblos de América Latina hoy se articulan de forma monolítica para proponer nuevos imaginarios, nuevas formas de hacer política y nuevos acuerdos en lo concerniente a lo económico, como ejemplo se puede mencionar el Alba o bien la nueva propuesta de una OEA sin los EU, la cual es cuestión prioritaria, debido a que retoma insumos de un comunitarismo plural, o bien un colectivismo/indianismo o, para decirlo con palabras de Mariategui, un socialismo indoamericano y particularizado, para agregar el término del presidente Chávez.
Existe en estos hechos una reelaboración de las diferencias de los pueblos de América Latina a través de lo cual se inquiere la colonialidad/globalizatoria en todos sus aspectos. De forma emblemática, el contrapunteo de los mandatarios de América Latina con el rey es un punto de inicio y de llegada en lo referente a un discurrir sociocultural y político en el cual el vasallaje queda fuera y, por lo tanto, se reorientan las formaciones discursivas y prácticas político-económicas en nuestros territorios.

cmidenceni@yahoo.com