Opinión

Carta a los hermanos tenientes Boitano Coleman


Entrañables Mario y Eduardo:

Hermanos, desde que ustedes partieron, cada día que pasa la Nicaragua que soñamos se nos aleja y pierde.
Les escribo porque es la manera que tengo para que conozcan de mi retiro injusto y forzado del Ejército de Nicaragua, antes que les lleguen versiones intencionalmente manipuladas. Y porque además todas las personas que nos conocen y aprecian se merecen estar enteradas. Al menos los escritos perduran y no son tan olvidados, como suele suceder con las palabras.
El último de los Boitano, como cariñosamente algunos nos llaman, para recordar nuestro paso por el Ejército, ya no está en las filas de nuestra gloriosa institución armada. Hace dos meses fue el acto de retiro y condecoración, por dignidad no participé del mismo. No es para que ustedes se alarmen y entren en preocupaciones. Siempre mantuve mi rectitud e igual continuaré firme llevando mis responsabilidades como ciudadano honrado. No entraré en detalles, sólo quiero decirles que una fuerza poderosa me tiró una lanza envenenada de racismo, la cual atravesó mi pecho, y aunque tengo mucho sufrimiento, con coraje y sacando fuerzas de un corazón valiente, me la sacaré para siempre; y la ira producida por tan nefastos intereses oscuros espero superarla para que no perdure toda la vida, pues estoy dispuesto a liberarme de esta perfidia. Hay quienes dicen que esto nunca me debió haber pasado, que alguien conspiró desde las alturas y que la potente fuerza que impeló esa lanza como un rayo, perseguía el propósito de acabar con mi carrera militar y conmigo para siempre. Con este vil golpe, me usurparon los grados de general que me gané durante los últimos seis años que serví como coronel, y para fulminarme totalmente me retiraron.
Me ha pasado exactamente lo de aquella historia racista, que nos cuenta el primo Denis: “Durante toda una vida, un hombre había pasado trabajando incansablemente, procurando el bien, y después de cumplir, al cien por ciento con todo, el patrón lo llamó y le dijo: ‘debías de haber cumplido con las 100 tareas que te di, solamente me cumpliste 99 bien, y una a mi criterio mal, y ésta la cometiste hace dos años, por haber cumplido esa mala te despido, ni reclames porque de nada te servirá, pues esa, es la que toda la vida he esperado pacientemente para liquidarte’. Ese caso por cierto sucedió en el sur de los Estados Unidos, antes de la muerte de Martin Luther King. Y se repitió hace poco en nuestro país. Ya ustedes se podrán figurar aquella situación y el porqué de la sabia advertencia que incansablemente nos repetía nuestra madre... hijos, luchen, luchen, luchen sin doblegarse jamás. Voy a aprovechar, para reiterarles que continuaré realizando y apelando a lo justo, razonable y correcto en la vida, y aquello por lo que ustedes entregaron su sangre. Me saludan de manera muy especial a nuestra amada madre, díganle que sobreviviré dignamente. Dios los tenga en su gloria.

Con todo el amor del mundo, un beso y fuerte abrazo.

Su hermano.

Víctor Boitano Coleman. Coronel Retirado.