Opinión

El muñeco del ventrílocuo


Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra ventrílocuo significa “(Del lat. ventrilŏquus). adj. Dicho de una persona: Que tiene el arte de modificar su voz de manera que parezca venir de lejos, y que imita las de otras personas o diversos sonidos. Resulta entonces que es un arte que tienen pocos seres humanos, teniendo esa facultad física tratan de hacerse notar de forma artística, el éxito es encontrar un muñeco que llene las características en tamaño (casi siempre buscan a alguien más pequeño en relación a quien los maneja), en apariencia (usualmente igualmente vestido a su amo o siempre vestido de camisa blanca) y que obviamente no tenga ningún tipo de iniciativa propia (por ello hablamos de un simple muñeco o monigote).
Resulta que algunas veces estos muñecos toman una falsa vida propia, pero no pensamiento propio, lo que hacen es separarse físicamente y por breves espacios de los propios ventrílocuos, hacen su propia figura, montan su propio show pero nunca dejan de repetir lo que su eterno o eternos amos le dicen que diga, en cuanto no tienen un discurso que repetir, el muñeco comienza a navegar en un mar de locuras, contradicciones y palabras banales disfrazadas de pasajes bíblicos retóricos, trillados y llenos de ridiculeces.
El muñeco trata de hacerse el gracioso cuando se encuentra en su propia casa-circo, llena de colores vivos que encubren la profunda tristeza cuando se siente vacío y sin contenido al repetir los mismos argumentos importados. La máxima expresión de vida de estos muñecos se consagra cuando se convierten en políticos, ahí hacen su mejor papel, son lo mejor, unos peces en el agua literalmente, se sienten realizados ya que no tienen que sobrevivir solos, ocupan de nuevo su lugar en las piernas del ventrílocuo de turno, casi siempre alguien de diferente nacionalidad a ellos mismos, el que los quiera adoptar en ese momento, los prueban por un tiempo, los llevan a sus países, los exhiben abrazándolos como sus propios hijos, y si les gustan los comentarios de que son sus verdaderos vasallos para ejercer su arte de hacerse oír a través de este muñeco, entonces oficialmente los adoptan firmando convenios de colaboración, que en realidad son contratos de compraventa, es el momento en que el propio pelele ha cambiado de dueño.
De regreso a casa, el perico del pirata, es decir, el mismo muñeco, comienza a repetir el mismo discurso de sus nuevos dueños, vende las mismas promesas y engaña a los pobres, que son en su mayoría los asistentes a sus actuaciones públicas, las plazas que llenan todos aquellos en busca de una urraca parlanchina que les inflame los sueños imposibles de logarlos para estos parlantes políticos.
Entre más gritos arranque de la muchedumbre, más exitoso son los ecos de lo que repite por la simple acción del abdomen de sus maestros, entre más ilusiones venda con su quijada pintada y su cara llena de lunares, más ganancia para el espectáculo que viene si gana la campaña que ha iniciado con los fondos de sus padrinos extranjeros, el muñeco llega en un momento tener vida propia, pero cuando una mano huesuda, su cargadora oficial, quien lo mete en la caja cada noche, le recuerda que la autonomía es una palabra prohibida en sus actuaciones, el pobre muñequito se conforma cuando promueve viejos himnos que ni el mismo entiende su significado.
El hermano mayor de las marionetas tiene su propio show, tiene su propio escenario, muchas veces en forma de tarima del tiempo, ahí sus discursos se trasladan al pasado, a una época dorada para sus secuaces, pero de negro dolor para sus humildes asistentes, en esta tarima se viste de nuevo de uniforme, aquel que se lucían condecoraciones y estrellas inventadas por sus propios aduladores, generales sin batallas como todos los dictadores, la verborrea y el ataque a enemigos eternos son su diatriba perenne, los enemigos de mi patrón, son mis enemigos y por ende los de mis ciegos seguidores.
El pelele actor viaja cada cierto tiempo a cargar sus baterías de veneno a los palacios petroleros de sus nuevos amos, de paso llena sus carteras para seguir viviendo como los pobres del mundo, se le orienta a que siga con el descaro de pedir para otros con el dicho fiel de a Dios rogando y con el mazo dando, renovada sus esquizofrenias, el muñeco vuelve más violento, más revanchistas, ya se pasó por donde quiso aquel ridículo discurso de campaña de paz y reconciliación.
Cuando este personaje tiene un buen tiempo de entrenamiento, cuando está bien adiestrado para desarrollar su misión confrontativa, al muñeco lo lanzan como candidato a Presidente, en un país de políticos actores en pequeños teatros de juguetes, el más creíble es el que gana, y máxime cuando las reglas del juego han cambiado a la medida de sus mínimos porcentajes, una vez que el plan sale a la perfección, la sociedad de ventrílocuos petroleros gana la presidencia del paisito a través de su fiel muñeco desvencijado por el tiempo, ya no es el mismo de hace casi dos décadas, pero conserva las mismas bilis para repetir cualquier barrabasada o amenaza emanada desde la paranoia de sus nuevos padres, y éste, como un fiel hijo que no cuestiona, obedece y agacha la cabeza cuando no tiene una función pública.
Finalmente, este títere parlante tiene su prueba de fuego, el concurso internacional, en una gran sala donde actúan por separados ventrílocuos y muñecos, cada uno a su tiempo, el amo por un lado manejando a sus propios muñecos, y luego ellos para hacer demostrar que los discursos son exactamente iguales a los de sus pupilos, es la hora de que el lorito parlanchín demuestre sus dotes, debe gritar lo más que pueda, debe hacer los gestos más fatales aprendidos de maestros anteriores moribundos que les enseñaron que quien golpea la mesa es quien supuestamente manda, debe hacerse temer y creerse un David frente a un Goliat , pero sin darse cuenta de que no tiene ni la honda, ni la piedra, ya esas se perdieron en un tiempo pasado de otros dueños que ya no existen.
Y terminó el concurso, el muñeco se ganó el principal premio, pero el otorgado por la sociedad de ventrílocuos y titiriteros, no le importa haber traicionado y avergonzado a su propio auditorio local, lo importante era ganarse la simpatía de los nuevos dictadores, tan malos como los que atacan ellos mismos, ya no queda más que regresar a casa, preparar de nuevo su caja de resonancia para cuando lleguen las nuevas orientaciones de sus dueños, y de vuelta con su férrea cuidadora, se volverá a meter en la sucia caja donde pertenece, y de la cual jamás hubiera salido, pero, como la mala hierba, emergió de nuevo, para desgracia de este pueblo.