Opinión

Falseamientos y sobreposiciones: sobre un titular


Las demarcaciones entre realidad y representación hace buen tiempo que andan cuestionadas. En este sentido, lo que es un signo particular de nuestro tiempo es la dificultad para identificar la representación y separarla de aquello que busca representar. Decimos esto porque las imágenes pueden tergiversar la realidad. Entraríamos en este aspecto a lo que un autor como Jean Baudrillard ha llamado simulación. Para este autor con el advenimiento de la industrialización se produjo una mayor separación entre realidad y representación que, en los últimos años, ha alcanzado cotas insospechadas. Todo esto, además, promovido y acentuado por la hiperestimulación de los medios audiovisuales, cuyo único objetivo es conseguir un rápido señuelo visual o bien promover una visión desviada de las cosas. Es decir, mera y burda falsificación, tergiversación. Apuesta por la creación de escenarios no-reales. Ahí está el meollo del asunto. Para ilustrar esto de forma más contextual puedo decir que recientemente (jueves 8 de noviembre LP) se yuxtapusieron imágenes cuyo objetivo era implantar un escenario fuera de toda lógica y de esta forma crear zozobra en la ciudadanía.
En este sentido entramos al anverso de la libertad: ¿hasta dónde los medios pueden o deben jugar con la estabilidad de las personas, hasta dónde el irrespeto a la información o a la comunicación, hasta dónde la imagen superpuesta para falsear? Estas preguntas son enfocadas hacia los dos espacios de los cuales se habla en las denominadas noticias: la República Bolivariana de Venezuela y Nicaragua, ambos espacios son sobrepasados en el titular por la forma anfibológica que se dan a conocer. Es decir, la truculencia, a través del juego de las colocaciones de foto/texto, ajenos uno del otro, los descontextualiza y por lo tanto el enfoque se deforma alarmantemente. La meta es escandalizar.
Es por ello que la función específica del medio, en este caso La Prensa, se pervierte y podríamos decir que nos sumerge en una “realidad medial” donde prima únicamente el falseamiento, donde el continente se valora por encima del mensaje, donde se confunde la realidad representada con la actualidad, el conocimiento, el posicionamiento y la opinión. Entonces ¿es la denominada libertad de expresión un medio para crear o inventar situaciones nada cercanas a la realidad o es ésta una licencia para desvirtuar la realidad tal y como se desee, sin escatimar todo con el ánimo de perjudicar?
El principio de partida es que los medios son capaces de determinar nuestra percepción sobre los hechos, normas y valores de la sociedad a través de la presentación selectiva y a través del énfasis de algunos temas, ahí radica el desenfoque de la realidad y el malestar causado hacia la ciudadanía en general por muchas de las noticias adulteradas por medio de artilugios como el que se analiza en este escrito. Ahí se pone en juego el límite y los resultados de la denominada libertad de expresión como una forma de aprovechamiento de la misma. El monopolio de hablar por la libertad. ¿Y la libertad y el derecho de la ciudadanía a ser orientada y no confundida?
Para el caso de Nicaragua el capital ha copado los medios de información y se ha perdido el periodismo como buscador de verdad, ahora tienen dos límites: que sea rentable, y que esté en el marco de lo políticamente correcto para el capital propietario por bancos y grupos de empresas, ligados siempre a centros de poder. Puedo decir que esto es parte de lo que Boaventura de Sousa Santos llama la carnavalizacion mediática lo que nos arroja una discrepancia entre el derecho y la realidad social. Es decir, el derecho a la indagación indiscutible y los bocetos usados para desacreditar estos mismos hechos.
Esto para el caso de lo que se viene comentando aquí produce un efecto más que lúdico, siniestro, dentro de la forma comunicativa que se debe atender. Así que le confiere a la realidad de la que se habla un giro farsesco en tanto y en cuanto las imágenes están sacadas de sus contextos y los párrafos bordeados de forma ruin para tratar de construir una hipertrofia de lo que es la verdad. Esto posibilita una construcción de socialidad desde --y en-- el propio medio y con sus propios recursos en una clara parodia de la noticia, y ahí precisamente, radica el peligro: contar una no-realidad y lo que es peor aun: malintencionadamente manipularle las imágenes a la ciudadanía.

cmidenceni@yahoo.com