Opinión

Hablemos del abuso sexual

El abuso sexual: una salvaje manifestación del machismo

El pasado 26 de octubre, en EL NUEVO DIARIO leí un reportaje sobre una niña de 14 años del municipio de Paiwas, que, al resistir que un grupo de hombres la violara, fue salvajemente asesinada. La niña fue “interceptada por elementos desconocidos que intentaron ultrajarla sexualmente”, quienes al no lograr su propósito, “mataron a la doncella de cuatro machetazos, uno de los cuales le cortó la cabeza, y luego huyeron dejando el cuerpo tirado a 500 metros del instituto”. Desconocidos, tal vez, para las autoridades, pero de acuerdo a vecinos del lugar “se sospecha que los criminales son conocidos de la familia”.
Sucesos tan atroces como éstos, que ya leemos con demasiada frecuencia, provocan ira, rabia y desesperación y muchas veces los racionalizamos y nos decimos que un acto tan bárbaro tiene que haber sido cometido por algún loco o monstruo. Desafortunadamente, no es así. Los abusadores, violadores y asesinos de niñas, niños y mujeres son, en su gran mayoría, hombres machistas, comunes y corrientes; “conocidos de la familia”.
De acuerdo con la Asociación de Mujeres para la Salud de Madrid, entre el 20% y el 30% de mujeres han sido sexualmente abusadas en su infancia o adolescencia y el 15% de niños varones. En Nicaragua, una investigación realizada en León en el año 2000 develó cifras muy similares: el 27% de las mujeres y el 20% de los varones consultadas/os reportaron haber sido abusados/as sexualmente en su niñez o adolescencia. Si esas cifras fueran representativas de la población general, alrededor de un millón de nicaragüenses hoy en día son víctimas de abuso sexual. Es un escenario escalofriante, dominado no por locos y monstruos, sino por hombres comunes y corrientes; “conocidos de la familia”.
El abuso sexual es una de las más salvajes manifestaciones del machismo y puede suceder porque hombres tienen poder de dominio y control sobre mujeres y niñas/os. Este poder no viene en la sangre, más bien es aprendido en la sociedad y asimilado por la mayoría de los hombres como característica indispensable de su hombría. Cuando se junta, por un lado, con el mandato de ser sexualmente activo y el “derecho” a la satisfacción sexual, y por otro lado con la conceptualización de las mujeres como seres débiles e inferiores y como objetos sexuales, se crean las condiciones sociales para el abuso sexual.
Los hombres que cometen actos de abuso sexual son comunes y corrientes y creer o promulgar que son locos o monstruos (sin negar que algunos si puedan ser psicópatas), es contraproducente para la prevención y la erradicación del abuso sexual. No se trata de actos delincuenciales aislados de locos y monstruos, sino más bien de un grave problema social generalizado que radica en los valores y comportamientos que son inculcados en todos los varones.
Cuando entre hombres en la mesa de tragos, en el centro de trabajo o en la calle hacemos comentarios denigrantes sobre los cuerpos de las mujeres o entramos en competencias para demostrar quién es capaz de tener más conquistas sexuales, fomentamos, de alguna manera, el abuso sexual ya que miramos a las mujeres como objetos en vez de seres humanos.
De igual manera, cuando en nuestras familias, escuelas e iglesias inculcamos actitudes, valores y comportamientos machistas en niños, reforzamos ideas y prácticas que pueden conllevar al abuso sexual. Y más aún cuando la sexualidad humana sigue siendo un tema tabú, pecaminoso, sucio.
Entre hombres es tiempo de romper los pactos de complicidad y silencio que mantenemos sobre el abuso sexual. Urge que encontremos maneras de ser hombres que no se basen en el dominio, el control y el abuso de los cuerpos de las mujeres sino más bien en el respeto a la dignidad y la integridad de todas las personas.

*Miembro Asociación de Hombres contra la Violencia
Movimiento contra el Abuso Sexual
Hablemosde.abusosexual@gmail.com