Opinión

Parajodas de la Historia


Existen dos lugares comunes sobre la historia, ahora visitados por cualquier plumífero como el suscrito, que poseen el encanto inmortal de la frase célebre. Encanto radicado en su poder de repetición, como una forma de ritualizar la sabiduría hasta luirla y convertirla en algo monótono. Este oasis del lugar común sobre la historia lo construiremos en base a un cruce. Aquel lugar inaugurado por George Santayana, quien afirmó para siempre: “Quienes ignoran la historia están condenados a repetirla”. Y aquel otro, no menos célebre de Karl Marx quien aseguró, si no me equivoco en “El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte”, que “la historia se repite primero como tragedia y luego como comedia”.
Esas plausibles frases se me vinieron a las mientes cuando leía un artículo de la célebre crítica Jean Franco, titulado La política cultural en la época de Reagan. Sin establecer odiosas comparaciones con las vicisitudes que los medios y el ejercicio del periodismo atraviesan en nuestro país, comparto con ustedes esta perla parajódica de la historia. Lo absurdo de la historia, su parte de comedia, es que la primera política la dictó Ronald Reagan, un archienemigo del Presidente Daniel Ortega, quien mutatis mutandis ha aplicado para una política de comunicación gubernamental en Nicaragua: secretividad, exclusión de medios independientes en la cobertura de desastres naturales o reuniones con el Cosep, centralización de la información y agresiones a periodistas por parte de algunos guaruras.
Dice Franco en el artículo referido: “La política de la Administración Reagan en cuanto a los medios de comunicación y Latinoamérica se caracteriza por dos estrategias principales: silencio cuando se trata de cuestiones irrelevantes para el Gobierno de Estados Unidos, y ubicación de los conflictos latinoamericanos en el contexto de las relaciones Este-Oeste, lo cual implica la prohibición de difundir información que supuestamente amenaza la “seguridad nacional”.
Pareciera que una “revolución conservadora” soñada por los republicanos más recalcitrantes, está finalmente tocando puerto y desembarcando campantemente por las llanuras y estribaciones de la amada Nicaragua. Creo que es imposible negar el parecido de la política y la política-comunicacional criolla actuales, a esta otra perla de la política cultural reaganiana, tomada siempre del escrito de Franco: “La campaña para restituir la educación religiosa en las escuelas, para evitar el aborto apoyándose en “el derecho a la vida” y las campañas en contra de la interpretación libre de las noticias en los medios de comunicación y la acción afirmativa, constituyen algunos de los puntos clave”. Nada de lo anterior hace falta en el mealt pot nuestro, en nuestro machigüe político cotidiano.
Pero lo que me tiene más asombrado sobre estas infelices coincidencias, entre la Gran Nación Reaccionaria del Norte y la Conservadora Nicaragua del tiempo actual, me viene dado por una información aparecida en el Washington Post del 7 de Noviembre del 2007, bajo el título de “A story of Surveillance” que me atrevo a traducir como “Un Cuento de Vigilancia”. En la nota del Post se denuncia que la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) de los Estados Unidos visitó las oficinas de la ATT (American Telegraph and Telephone) en San Francisco, California para tener acceso a millones de correos electrónicos y a docenas de servidores de este servicio, a fin de controlar el tan temido terrorismo. ¡Gulp!
No sé si ustedes están enterados y les parece lo más normal del mundo, que aquí en nuestra Nicaragua natal o adoptiva, en las dependencias del Estado (no sé si en todas, pero me consta de algunas) y en muchas empresas privadas, los empleadores y patrones o sus aparatos de seguridad, vigilancia y control, leen, seleccionan y profilactan todos los correos electrónicos que entran y salen.
Estas acciones inicuas no me parecen normales, ni aceptables, sino más bien denunciables, perseguibles y punibles como un grave delito. Son actitudes totalitarias del poder conservador. No pueden dejar de sindicarse como abiertas violaciones al derecho humano a la privacidad contenido en el artículo 12 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y que a la letra dice: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”.
En nuestro país, en la Constitución Política de la República de Nicaragua, en su Título IV, Derechos, Deberes y Garantías del Pueblo Nicaragüense, en su Artículo 26, leemos: Toda persona tiene derecho: 1) A su vida privada y la de su familia. 2) A la inviolabilidad de su domicilio, su correspondencia y sus comunicaciones de todo tipo. 3) Al respeto de su honra y reputación, etc.
Los comisarios encargados de la vigilancia y control, los empleadores y los patrones no pueden salir con el cuento que la infraestructura comunicacional (teléfonos, correos) debe ser utilizada estrictamente para el trabajo de la empresa o dependencia. Esto ocurrirá en la civitas solis o ciudad del sol de Tomasso Campanella. Las necesidades de comunicación de todas las personas en el mundo se han multiplicado, a la par de las posibilidades ofertadas por este mercado. Un trabajador no es un esclavo, sino una persona productiva a la que deben proporcionársele las herramientas y el bienestar para que sea productivo. Parte de ese bienestar lo constituyen las posibilidades de comunicarse con su entorno.
Por otro lado, los jefes de las dependencias, los gerentes, los presidentes de corporaciones públicas y privadas, siempre caen –dando un pésimo ejemplo- en la confusión viciosa de Estado-Partido=Familia; o Empresa-Clase=Familia. ¡Pobrecito mi patrón cree que el pobre y el ignorante soy yo!
Y más claro no canta un gallo. Salvo que ese gallo lo hagan cantar los comisarios de la NSA de los USA, los comisarios rojos de Laurenti Beria, los SS de Himmler, los guardias rojos de Mao Tse Dong, los CDR o el G-2 de Cuba, los CDS o la DGSE de la Nicaragua Sandinista o los Comisarios Chicha Bruja de nuevo cuño. ¡Re Gulp!