Opinión

La televisión pública (1)


I. Breve mirada histórica
En distintos momentos del desarrollo histórico de Nicaragua, se ha planteado la urgencia e importancia de la creación de radiodifusión pública. Las razones por las cuales se ha demandado su instalación son múltiples. La principal tal vez sea que los medios de comunicación operados por los últimos gobiernos --un canal de televisión y dos frecuencias de radio-- han funcionado estrictamente como voceros del Poder Ejecutivo sin haber sido capaces de asumir una posición más amplia para expresar el sentir de todo el Estado. Su característica más notoria ha sido convertirse en voceros oficiales del aparato gubernamental o, para ser más concretos, estar al servicio de la presidencia de la república. Nunca se ha pretendido ni deseado ir más allá de supeditarlos al papel de voceros presidenciales. Otra razón ha sido el pobre desempeño de la televisión comercial. Desde sus inicios la producción ha sido poca y sin mayor trascendencia.
Al aludir distintas etapas del desarrollo histórico político de Nicaragua se hace referencia a la dinastía somocista, al gobierno revolucionario sandinista y a los mandatos de finales de decenio del siglo XX (los gobiernos de Violeta Chamorro y Arnoldo Alemán) y de principios del presente siglo (el régimen de Enrique Bolaños). De todos estos gobiernos, el que se destaca como poseedor de una propuesta diferente en el campo de la comunicación es el surgido de la revolución sandinista (1979-1990). El gobierno revolucionario fue el único en emprender la creación de programas televisivos en los que se recreaban diferentes aspectos de la vida nacional. Trató de hacer una televisión lúdica, aunque con un sesgo abiertamente partidista en el aspecto noticioso. Tuvo el mérito de convertirse en un genuino productor de televisión. Por primera vez el país pudo disfrutar de seriales de factura propia.
El intento de producir televisión se vio malogrado por la guerra de agresión impuesta por la contrarrevolución, prohijada por la administración norteamericana encabezada por el presidente Ronald Reagan. El contexto de guerra de baja intensidad que vivió el país frustró esta iniciativa. El gobierno impuso la censura informativa y concentró sus esfuerzos en la sobrevivencia política. Algunos programas televisivos se mantuvieron pero no alcanzaron pleno desarrollo. Los medios de comunicación se convirtieron en miembros de los estados mayores de las fuerzas beligerantes. En época de guerra, la doctrina liberal de la información hace crisis.
El gobierno de transición de doña Violeta Chamorro jamás se planteó la posibilidad de hacer una televisión diferente. En relación a los medios, aceptó la nueva realidad derivada de la liberalización del espectro electromagnético propiciada por el gobierno sandinista. La derogación de la Ley de Medios de Comunicación (abril, 1990) fue acompañada con la entrega de las frecuencias en VHF (cuatro en total) a los empresarios. El gobierno Chamorro se reservó dos canales (2 y 6), entregando con posterioridad el Canal 2 a sus antiguos dueños, la familia Sacasa-Pasos. El ex presidente Alemán mantuvo la misma política, precipitó la crisis de Canal 6 y Bolaños puso el último clavo al ataúd.
En el momento actual, las probabilidades de echar a andar una verdadera televisión pública en Nicaragua todavía están por verse. El presidente Daniel Ortega ha expresado, a través del Ministerio de Educación, su intención de relanzar el Canal 6 (la frecuencia televisiva en manos del gobierno) con una propuesta netamente educativa. La idea no es nueva. El presidente Bolaños traspasó la propiedad de la frecuencia a ese ministerio, pero desde las postrimerías de su gestión el canal ya había dejado de emitir su señal. La declaración de intenciones abre de nuevo la oportunidad de plantear en Nicaragua la posibilidad de la creación de la televisión pública.
Las características y modalidades de la administración y participación de diversos actores sociales, étnicos, denominaciones religiosas, universidades, sindicatos, partidos políticos, gremios, empresarios y agrupaciones culturales, plantean un desafío al gobierno del presidente Ortega. Implica convocar a estos actores para que propongan y formalicen lo que sería en Nicaragua el sistema de radiodifusión pública. Igualmente se requiere que los distintos sectores expresen su interés explícito de su apertura. Hasta la fecha la petición solamente ha sido elevada desde el sector académico universitario.
Ningún otro organismo de la sociedad civil ha secundado la idea
Todavía hace falta expandir el sentimiento de que la televisión pública cristaliza los valores más genuinos del ser humano, sin caer necesariamente en el aburrimiento en una época en que nadie quiere estarlo. Es un tipo de televisión que favorece el desarrollo y la integración de un país partido en dos mitades: la Nicaragua del Pacífico-Centro y la del Caribe. Es una televisión que no tiene puesta su mirada únicamente en las ganancias, sino en el servicio al ser humano, resituándole como el centro de todas las cosas. La queja más sentida de las audiencias televisivas radica en que todavía no se ha incorporado en la programación de las estaciones de televisión una visión de conjunto de la Nicaragua de hoy. Las propuestas son unilaterales y privilegian la zona Pacífico-Centro.
En Nicaragua el concepto mismo de televisión pública todavía resulta novedoso. La aclimatación de esta idea sigue pendiente y para hacerse realidad los diferentes actores de la vida nacional tendrían que ser persuadidos de su trascendencia para el futuro del país. La televisión ha ayudado a los nicaragüenses a convertirse en ciudadanos del mundo, pero todavía hace falta, mucha falta, ayudarlos a convertirse en ciudadanos de su propio país. La televisión pública podría equilibrar la tensión entre lo global y lo local. Éste sería uno de sus primeros réditos. El sector académico ha tratado de aclimatar esta idea pero para que germine y fructifique tendrán que hacerse mayores esfuerzos.
Persiste la creencia de que la televisión pública es sinónimo de televisión estatal. Una televisión preocupada fundamentalmente por irradiar el discurso oficial, redundante y cansino. Uno de los mayores logros de los panegiristas del mercado ha sido madurar esta concepción en amplios sectores de la vida nacional. Una idea profunda que parasita en la mente de la ciudadanía. La confusión entre lo estatal y lo público persiste. Esta realidad demanda emprender iniciativas encaminadas a mostrar las diferencias sustantivas entre lo público, en la que el Estado tiene la obligatoriedad de abrir y crear las condiciones para que la ciudadanía exprese su sentir. Se trata de un sistema de radiodifusión pública, que tiene como pivote emblemático a la televisión.
La irradiación de la televisión pública, restringida hasta ahora a un grupo de iniciados, demanda de una nueva actitud que abra espacio a esta concepción. Debe reformularse como una propuesta novedosa, incluyente, tolerante, propiciadora de nuevos valores e integradora de nuevos actores, en un país donde las principales demandas a los medios de comunicación son una mayor apertura y el trato digno de nicaragüenses ante la embestida deshumanizante de la nota roja, una propuesta televisiva que hace estragos y atenta contra el derecho a la imagen y la privacidad de los nicaragüenses establecidas en el artículo 26 de la Constitución Política del país.
Cada vez que se ha planteado la urgencia de la creación de la televisión pública, la respuesta ha sido el silencio. La primera vez que se delineó la necesidad de su creación fue durante la crisis que vivió el Canal 6 en el año 1995, cuando presidía el gobierno doña Violeta Chamorro. La carta pública aparecida en EL NUEVO DIARIO, dirigida a Luis Humberto Guzmán, presidente de la Asamblea Nacional, no encontró eco. Los miembros de la Asamblea Nacional ni siquiera intentaron evitar la crisis irreversible que vivía el canal. (Rothschuh, Guillermo. No todo está dicho, Managua, Anamá, 1996, Pág. 197).
En el Canal 6 persistían, aunque no con el mismo vigor y empuje, algunos de los pocos programas producidos en el país. Era importante salvarlos. La solicitud a la Asamblea Nacional estaba encaminada a que los diputados crearan una partida del presupuesto nacional para evitar que el canal colapsara. El Canal 6 constituía la única expresión de la existencia de un sistema mixto de comunicación, aparte de la emisora Radio Nicaragua (600 AM). El cambio en la gestión del modelo económico, impulsado por el nuevo gobierno (1990-1996), había traído como consecuencia la desaparición del Sistema Sandinista de Televisión (SSTV), canales 2 y 6 y de la Corporación de Radiodifusión del Pueblo (Coradep).
En las nuevas circunstancias por las que atravesaba el mundo, en plena expansión del proceso globalizador y ante el modelo económico impulsado por el gobierno de la señora Chamorro, apuntalado en las leyes del mercado, resultaba imperativo mantener con vida al Canal 6 como primer paso para entrar a una discusión más amplia en la que se debatieran la importancia de la creación de un sistema de radiodifusión pública. La iniciativa jamás prosperó. Ni siquiera alcanzó a discutirse. Hoy se abre de nuevo la oportunidad de continuar la discusión. Las organizaciones de la sociedad civil tienen la palabra.