Opinión

Arriba los pobres de este mundo


A don Roberto López,
Presidente del INSS.

Abundan los dramas sociales que son ignorados, o invisibilizados, como se dice en cabal neologismo, por estar bajo la sombra de los hechos que más impactan sobre la cotidianidad de la mayoría de las personas, y quienes no reparan en detalles que no sean propios de los problemas de su diaria existencia. Sus problemas también son dramáticos, sin duda, pero a fuerza de tenerlos presentes en todas las horas de su vida, la gente ha llegado a verlos casi normales, aunque nunca llega a estar en plena conformidad con ellos, e incluso enfrentan sus consecuencias como puede y le da lugar.
Por ejemplo, ¿cuántas personas pueden o quisieran abstraerse de su tiempo y sus actividades para atender los problemas de los viejos ya laboralmente inactivos, en las últimas edades y sin seguridad social que los proteja? Afectadas como ellas mismas están por las condiciones de sobrevivencia y las constantes alzas de precios de los alimentos básicos, como los frijoles y el pan, no muchas personas pueden y desean ocuparse de los eufemísticamente llamados de “la tercera edad” desprotegidos.
¿Habrá algún político profesional, de esos empleados en la productiva industria de la política, que quisiera interesarse por el problema de estos obreros en la vejez, si es obvio que todos andan interesados en hacer pactos, en dar y demandar concesiones al adversario para no perder las cuotas de poder alcanzadas por medio de sus partidos, además de sus esfuerzos personales por garantizarse las prebendas actuales y futuras? Si acaso existieran esas personas y esos políticos, dudo que sean muchos.
Lo real es que la mayoría ignora a ese sector de obreros con sus agotadas energías laborales, y si lo determina no le interesa. Además, hay otras razones para su “invisibilidad”, entre ellas, que los viejos ocultan su pobreza de la vista pública entre la miseria social global; que sobreviven con la ayuda familiar (escuálida de por sí); que practican la mendicidad vergonzante o que, en su indefensión, llegan a convencerse de que “para lo que les falta para morir” pueden esperar alimentándose con cualquier cosa. No importa bajo cuántas facetas de la pobreza estos viejos oculten los últimos días de su existencia, ellos son parte de una lacerante realidad de nuestro país.
Pero no todos estos viejos esconden sus necesidades ni su inconformidad; están en pie de lucha. Y no buscan la caridad ni la compasión de nadie, sino justicia, y bien que la merecen. Son personas conscientes de que algo aportaron con su trabajo al desarrollo económico y social, que mantuvieron al Estado con sus impuestos directos e indirectos, y asómbrense: ¡aportaron al mantenimiento y la capitalización del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social con sus cotizaciones, pero no reciben nada a cambio! Las semanas cotizadas por ellos no alcanzaron las 750 de ley. Y todos sabemos, la ley no es más que la voluntad de los círculos de poder económico y político. Incluso fue la ley económica del desempleo forzoso, propia de este sistema, ya que les impidió cumplir los quince años de cotización.
La mayoría de estos obreros sólo se aproximaron, llegaron o sobrepasaron las 600 cotizaciones, y como no llegaron a las 750, no reciben ni un centavo. ¿En dónde está el dinero de los centenares o miles de hombres que cotizaron menos o más de las 500 y hasta más de 600 semanas? Es lógico suponer que han estado en las arcas del INSS –además de que no se supone, porque es cierto, que ha sido robado— y el cual, para sus dueños, sólo está en sus aspiraciones; pero ellos luchan para que se les retribuya algo de sus aportes económicos.
Hay más de setenta de estos viejos organizados en la Asociación por los Derechos de las Personas de la Tercera Edad. Además de su voluntad de lucha en el ocaso de sus vidas, tienen esperanzas fundadas en un artículo de la Ley Orgánica del INSS del período revolucionario, derogado por el gobierno neoliberal de Violeta Barrios de Chamorro. Ahora, esos hombres –sin finalidades políticas partidarias— esperan que las consignas del actual gobierno no sean sólo demagogia y rescate el artículo de la ley derogado en 1994.
Esta asociación recuerda que en la Ley Orgánica del INSS de 1982, el artículo 49 facultaba la entrega de pensión por vejez reducida, si se hubiera cotizado el mínimo de un tercio de las 750 cotizaciones exigidas, y con una pensión equivalente al salario mínimo vigente, más las asignaciones familiares. El decreto neoliberal número 38-94 sepultó este derecho; y desde entonces, la injusticia social atrapó a este sector de obreros nicaragüenses en su ancianidad.
La nueva Ley Orgánica del INSS de 2006, que duerme junto a la “Ley Marco”, tampoco es generosa con los beneficiarios de ese derecho conculcado por Violeta Barrios, pues en su artículo 50 dice que “se podrán conceder pensiones reducidas del 40% del promedio salarial de los últimos cinco años cotizados, para los asegurados que ingresaron a cotizar siendo mayores de 45 años de edad, tengan 60 años y 500 semanas”, o sea, diez años cotizados, lo cual es una trampa, porque deja por fuera a quienes tenían 44 años de edad cuando ingresaron al Seguro Social. Tenían que haber ingresado a los 45 años exactos. Es una burla tan cruel como la derogación del artículo 49 de la antigua Ley Orgánica del INSS.
La realidad es que continúa el escamoteo de un derecho pagado y, por ende, no gratuito. Con justa razón, los miembros de la Asociación mencionada están planteando su demanda, que ellos consideran fundamental, al gobierno actual: que se retome, rehabilite o reestablezca el artículo 49 de la Ley Orgánica del INSS del año 82, tal como estaba redactado antes de 1994. Pero, además, esta demanda la truecan por la siguiente: si no quieren entregar la pensión reducida, según las semanas cotizadas, que les devuelvan el dinero cotizado de acuerdo al “detalle de la historia laboral” que de cada quien maneja el INSS.
Uno de los miembros de la Asociación por los Derechos de las Personas de la Tercera Edad” recuerda que existe el antecedente histórico de que su derecho ya estuvo contemplado en la Ley Orgánica del INSS de 1982, y fue enterrado desde hace trece años por un gobierno neoliberal y santificado por los de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños; por lo tanto, este gobierno lo debe restituir. Nosotros recordamos que la burla del artículo 50 de la ley-durmiente del INSS (junto a la “Ley Marco”) se hizo con los votos de los diputados orteguistas.
Entonces, ¿podrá o querrá el gobierno del presidente Ortega poner arriba, al nivel de la justicia social más elemental, a estos hombres marginados y pobres de esta parte del mundo?