Opinión

La Generación de los Sesenta llegó a los sesenta


(Quinta parte)

Posoltega es el último municipio de Chinandega saliendo hacia León, o el primero de Chinandega viniendo de León. La situación peculiar de este municipio le creó una situación conocida como los crímenes del zanjón de Posoltega.
En el año de mil novecientos sesenta y tres, el coronel Juan Ángel López, comandante departamental de Chinandega, recibió el encargo de un grupo de terratenientes y capitalistas chinandeganos de aplacar el movimiento sindical y el campesino surgido con la industrialización del algodón y con la expansión de sus cultivos que provocó geofagia, expulsión de tierras y organizaciones de sindicatos por mejores condiciones de trabajo en el desmote del oro blanco.
Una tarde, una patrulla del coronel Juan Ángel López, en búsqueda de un dirigente sindical, capturó a un grupo de personas, entre ellas don Victoriano Arteaga, hacendado conservador, con quien trabajaba como tractorista, el buscado por organizador social y dos acompañantes más. Los cuatro fueron encontrados muertos en un zanjón a pocos kilómetros de Posoltega y la jurisdicción del departamento de León, comandando por el coronel Francisco Rodríguez Somoza.
Estos dos coroneles, Juan Ángel y Rodríguez Somoza, tenían rivalidades entre sí, y se creó un problema, pues Rodríguez Somoza consideró una provocación las muertes que querían achacar a él y demandó en juicio contra del coronel Juan Ángel López que culminó conociéndose los crímenes terribles que se dieron ahí.
En León de los años posteriores a la masacre estudiantil de julio de mil novecientos cincuenta y nueve se propició un clima que evitara una repetición de esos hechos y para ello el comandante departamental era pieza fundamental. El coronel Rodríguez Somoza era una expresión de esta política Juan Ángel López en la conflictiva Chinandega era otra cosa, pero al parecer sus rivalidades tenían razones diferentes al modo de ejercer el mando. Las muertes del zanjón de Posoltega manchaban a Rodríguez Somoza, amén de uno de ellos, (Arteaga) no era precisamente “un comunista”, sino un conservador.
Unos sesenta luchadores sociales con nombre y apellido fueron descubiertos entre las víctimas asesinadas por órdenes de López. Lo curioso de la historia es que a Juan Ángel López lo condenó el Consejo de Guerra, no por todos los crímenes descubiertos ahí, ni por los cadáveres encontrados en el zanjón de Posoltega, sino por violación a la jurisdicción militar.
¡Qué triste aquello! Los muertos no contaron.
La patrulla asesina salió a luz pública y los familiares de los asesinados clamaron por sus desaparecidos. El terror se encargó de cubrir con el olvido hasta los nombres de más de cien casos conocidos.
El coronel Juan Ángel López murió años después en su Jinotega natal y los muertos de Chinandega casi nadie los recuerda, como un capítulo de las luchas sociales de los años sesenta.
La tierra y el agua son elementos cuya disputa ha causado más muertos en la historia de la humanidad, nos explicaba con profundidad y sencillez Fernando Gordillo a su auditorio de chavalos de secundaria que aprendíamos oratoria y política bebiendo cada palabra o concepto.
Desde su silla de ruedas con su cara mirando al techo la miastenia gravis que padecía le afectaba mantener la cabeza en posición normal. Gordillo recibía a muchachos de secundaria, como Francisco Moreno, Jacinto Baca y a mí, para formarnos, o a Manolo Morales y Denis Martínez para debates intelectuales o políticos. Azorado el padre de Fernando vio ingresar, más de una vez, a Carlos Fonseca Amador, eterno perseguido y clandestino. Así vivió sus últimos años Fernando Gordillo, enseñando, aportando y conspirando.
Los sucesos de Posoltega ocuparon la atención de Gordillo y de sus pupilos. Sorprendidos escucharon cuando con 15 años escasos les conté mi primera experiencia cara a cara con el terror. Iniciaba pocos días mi enrolamiento clandestino cuando para “foguearme” me enviaron a Chinandega con Aníbal Castrillo a escuchar de los sandinista de la ciudad, la situación que ahí se vivía.
Para suerte mía y de los convocados, la guardia recibió mal el soplo y cayeron en una casa en un punto opuesto al que nos encontrábamos salvándonos de ser “desaparecidos” y por eso poder vivir hasta hoy y que ustedes me saquen la cuenta de cuantos años tengo en vista de los justos reclamos recibidos por revelar edades ajenas.

*Diputado ante el Parlacén.