Opinión

Una leyenda oculta


I
Nuestros héroes deportivos suelen ser olvidados, a veces si pertenecen “al deporte rey”, se les recuerda por algunos años. Hay quienes logran entrar al Salón de la Fama de sus respectivos deportes. Pero en el ciclismo se cuentan historias distintas.
Por eso queremos traer al conocimiento de nuestros lectores la historia del insigne ciclista Porfirio Gómez Díaz. Realmente una leyenda oculta del deporte nacional.
II
Si tuviésemos que escoger un solo nombre para el salón de la fama en ciclismo, forzoso es reconocer que este honor le corresponde a Marco Castillo, mejor conocido como “El Nandaime”.
Pero para el segundo candidato propondríamos sin duda alguna a Porfirio Gómez Díaz.
III
Este gran hombre desde su juventud hasta su tercera edad le dio brillo al deporte nacional e internacional en ciclismo, hoy por estar aparentemente en el olvido, nos vemos obligados a desempolvar sus hazañas.
Contaba ya con 25 años cuando llegó a Nicaragua un gran pedalista y entusiasta francés: Rolando Najlis, padre de Michelle, quien en 1950 organizó en memoria del 14 de Julio, el día de la Toma de la Bastilla, la primera carrera en que participa Porfirio, ganándose el indiscutible primer lugar en esa memorable jornada.
III
Para suplir sus necesidades y ayudar en los gastos de casa, sus primeros centavos se los ganó de ayudante de lo que fuera, él ofrecía sus habilidades a los amigos trabajadores oficiales a quienes les fuera menester sus infantiles quehaceres, fue obrero de ferraya y conocedor de otras actividades obreras, con el tiempo y buscando como allegar más dinero al hogar se especializó en enderezado y pintura de vehículos, además de ser soldador eléctrico, que fue su verdadero oficio
Porfirio, a pesar de las dificultades económicas, fue ejemplo de disciplina en sus diarios entrenamientos, corría todos los días, arrancando a las 5:00 a.m. y haciendo un promedio de 50 kilómetros por jornada; con equipo deficiente, carecía de casco y no tenía zapatos apropiados; su bicicleta era apenas semideportiva, su calzoneta era corriente con costuras ordinarias que le lastimaban, alcanzaba apenas una precaria alimentación y cuidados médicos ineficientes.
IV
Compensaba todo lo que le faltaba con abundante pasión y entrega absoluta a los pedales y las dos ruedas.
Participó en infinidad de competencias ciclísticas. Ganador de casi cien carreras con una insuperada racha de veinte primeros lugares consecutivos.
V
Hizo presencia en carreras internacionales. Cuando los años comenzaron a mermar su físico participó como veterano, logrando en El Salvador un honroso octavo lugar en la general sin patrocinio ni apoyo de ninguna clase. A puro pedal y corazón.
También salió muchas veces acompañando a la selección nacional como entrenador, como técnico, como delegado, como agregado y hasta como mecánico. Los días de su vida, además del tiempo dedicado al trabajo para mantener a los suyos, los dedicó a su pasión especial por la bicicleta. Participó en maratones a pie, pero para ser mejor ciclista.
VI
Porfirio en ocasiones viajó a Costa Rica y a El Salvador en bicicleta. Preciso es recordar que aquellas carreteras no eran pavimentadas. Macadán era buena superficie y si no simples caminos y piedras, y a veces más piedras que caminos.
La cuesta del Coyol de hoy está situada al Oeste de la antigua cuesta El Coyol que Porfirio cubría en sus viajes dominicales a Ciudad Darío. Paseos dominicales de 176 kilómetros.
VII
Viajó a Australia donde viven sus hijas, país donde sus yernos le compraron una magnífica bicicleta; alentó la idea de correr el Rally Australiano, pero la cabanga por su Nicaragua lo hizo volver, y siguió pedaleando hasta cumplir sus 75 años y fue entonces que colgó su bicicleta.
Hoy Porfirio, a sus 82 años, se mueve con años pesados ayudado con un andarivel. Ya le es imposible salir a buscar a sus amigos de ayer.
VIII
Porfirio recibe la visita de otro atleta de grandes glorias: el legendario Simeón Alemán López, mejor conocido como “El Sombrero”, quien creció en pedales y quien aún a sus 79 años usa la bicicleta como medio de transporte.
Porfirio y “El Sombrero”, glorias del ciclismo nacional, se acompañan para menguar su mutua soledad y vivir de los recuerdos de sus glorias pasadas.
En 1959 se celebró un torneo para escoger la cuarteta que vestiría la franela nacional para viajar a Chicago y fueron seleccionados los entonces jóvenes Lagos, Espinosa y Marenco; ¿Y lo creerían? Porfirio, a sus 34, años formó parte de esa histórica selección que se malogró por la gesta de Olama y Mollejones, gesta en la que además de Pedro Joaquín Chamorro participó el actual Canciller Samuel Santos. La cuarteta no viajó y Porfirio se quedó en casa.
IX
Una frase de Porfirio que seguramente le sobrevivirá es su fraternal lema de: “Todos somos deportistas y especialmente todos somos ciclistas, suficiente enfrentarnos en la contiendas, seamos familia en nuestras vidas”.
Y hoy cuando Porfirio está en la recta final de su vida, ante su sprint final debemos reconocer que después de Marco Castillo “El Nandaime”, Porfirio es la segunda gloria del ciclismo nacional tanto dentro como fuera de la bicicleta.
Preciso es meditar qué somos, adonde vamos y que el ejemplo y los recuerdos que dejamos es lo que le da sentido a nuestro paso temporal.
Managua, tras 52 días de lluvia en Octubre de 2007
elsavogl@ibw.com.ni
*Miembros del Centro Nicaragüense de Escritores