Opinión

Nuestros ángeles


Ella está aquí, pero es como si viniera de otro parte, como si pisara una tierra paralela que conserva cierta semejanza con ésta. Yo quisiera que no le hagan daño. Que saliera ella a la calle y que la gente sonriese como ella, que a sus nuevas propuestas, por muy locas que a veces parezcan (otras veces tiene toda la razón con la lucidez de los niños) la gente le animara a seguir adelante. Pero a veces su voz no encuentra eco, y entonces se queda solita, a sus treinta y pico de años, yo quisiera que nada le hiciera daño, porque eligió la sensibilidad con el mundo, por encima de todo. Creo que de alguna manera todos tenemos cerca alguien así, un ángel como ella que a veces es un niño, un joven, un adulto o un viejito.
¿Quién no tiene un ángel?, o al menos uno que haya conocido, una de esas personas repletas de una sensibilidad descomunal que desarma y desconcierta. Quién no ha visto cómo el dolor puede hacer más daño en lo más frágil. Quién no tiene cerca o ha conocido una ternura semejante y quisiera protegerlo o protegerla. A mí me tocó en forma de familiar muy cercana. Como si estuvieran hechos de otra pasta, de otra tolerancia hacia la dureza de las mañanas sin nada, o las noches a solas. Son el recuerdo de una ternura infantil, de una ternura de niños. El recuerdo de que estamos hechos de sueños apenas imposibles, y que pueden ser el revés de una vida entera. Y uno quisiera guardarlos en esa urna a la que se parece su sonrisa, congelados en sonrisa, para que nadie les haga daño. Nuestra percepción de ellos suele ser de que son más frágiles de lo que en el fondo son, pero es imposible resistirse al dolor incomparable de verlos llorar en algún momento. Mi familiar es ella, hecha de un mundo de canciones, y de caricias, un mundo de sentidos. Un día me contó que subió a una montaña y al mirar el paisaje lloró a moco tendido. Qué le hizo llorar y por qué. Esto podría ser el artículo más cursi de mi vida. Pero el otro día cuando la vi marcharse a un viaje de vuelta le desee que el mundo que le reciba sea otro, no éste, porque uno se cree que conoce el mundo mejor que ella, y a lo mejor es ella quien tiene los lentes correctos.
De lo que no hay duda es de que ella está hecha de fragilidad, por ser preciosa. Es como esta tierra hecha también de fragilidad bajo un cielo duro de ceniza de volcanes o tormentas que convierten ríos en asesinos de nuestra propia fragilidad de arcilla , esta tierra preciosa y frágil de Nicaragua, de Matagalpa y del Caribe, de nuestra propia muerte.
Y uno que aprendió malas palabras para responder el trallazo, que aprendió a escupir de lado sin dejar de mirar al otro, a hacerse un vestido donde la lluvia resbale. A uno que dice ser más fuerte, para ocultar la propia verdad de mantequilla, te mira y te duele en el fondo, como duele la ternura acariciando una pared de granito.
Quién no ha tenido alguien cerca así. Quién no tiene encima y debajo un país así, que en seguida se le viene una corriente de agua y nos deja moribundos. Yo quisiera que no nos hicieran daño, hechos de puro aire, de pura fragilidad, con la belleza imposible para mirar sin llorar. Yo quisiera que a vos no te hagan daño hoy, que el mundo sea como lo miran tus ojos, y que no te desfiguren la sonrisa que se acerca como una caricia, que no te frustren tu vocación de alegría, de suavidad y de ternura. Que sea tu mundo, y no te tengas que quedar sola, porque duele verte así tan desprotegida de corazas, tan desnuda, tan de cristal y tan necesaria, para mí y para muchos. Son esos seres que cuando se entregan del todo en el amor no se dejan nada a medio camino, y les toca, una vez abandonados irse a rescribirse enteros, con la misma dulzura, a pesar del golpe.
Uno guarda siempre la misma oración en los labios para que no te hagan daño, para que no te toque la dureza de la desgracia o la soledad. Y después uno se consuela recordando después que los ángeles no mueren del todo, y que tienen alas. Ella, de mi propia sangre y de mis sueños, es curioso, también vuela.
Y la fragilidad no se oculta demasiado tiempo con mentiras. Como pasa con nuestras personas ángeles, esta tierra está demasiado expuesta y vulnerable, como para soportar enfrentarse a un enredo de palabras ajenas, prestadas, copiadas, o de otro tiempo, porque todo discurso es callado por un monumental aguacero o un desprendimiento de tierras, y entonces hay que recomenzar sin demagogia a levantar de nuevo esta pobreza nuestra de cada día, pero a levantar de verdad, previendo lo que se viene, como debiera prevenirse la hambruna con la que la FAO advierte el año que viene, después de que los presupuestos se votaran en la Asamblea. ¿Qué se está haciendo ya para evitar otro derrumbe de hambre?
En cuanto a vos, yo siento que un soplo de viento o la descarga de lluvia te puede llevar, que te derrumba la tristeza, pero increíblemente te levantas después de todo, y amaneces plenamente con la misma sonrisa, algo más arrugada las mejillas, es cierto, inclinados los hombros, el pelo desordenado, viento azul. Yo quisiera que nunca nadie te haga daño, que nunca te vayas, como si tú fueras un sustento nuestro; tan necesaria como un pilar. Porque cuando todo se vuelve traición, cielo, país, y hasta uno mismo, tu suavidad es la única manera de volver a casa sin sentirte vencido.
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