Opinión

La Educación, más allá de sus fronteras


En las últimas décadas, la educación ha comenzado a ocupar los primeros escaños en las preocupaciones mundiales. Si antes la educación era pensada y concretada mirándose más a sí misma que al entorno de cada país, en estos tiempos sus fronteras, dichosamente, se han desdibujado, fundiendo sus propias lógicas con las lógicas del desarrollo de cada país. Desde esta perspectiva, los países más exitosos en su desarrollo son aquellos que han ubicado la educación como centro de gravedad, en torno al cual gira su modelo de desarrollo. Antes predominaba en ellos una cultura política atomizadora, competitiva y fragmentadora, y la organización del Estado provocaba la actuación paralela y conflictiva de políticas públicas que se desconocían o competían entre sí, asfixiando y relegando a las políticas educativas vistas poco relevantes. Desde el nuevo paradigma estos países han modificado esa cultura política y la organización del Estado ha implantado una visión sistémica, capaz de articular e intercomunicar entre sí, como vasos comunicantes, a todas las políticas públicas, ubicando como su eje dinamizador y articulador la política educativa.
De esta forma, el horizonte estratégico de estos países se ha ensanchado y profundizado, su identidad y desarrollo han adquirido sentido y direccionalidad, y las políticas públicas que se desprenden de esta visión de largo aliento se han dejado atravesar por el eje de la política educativa. Como resultado, estos países han alcanzado un desarrollo que proporciona elevados niveles culturales y educativos a la población, con una educación que prepara a sus ciudadanos para un desempeño activo, crítico y constructivo en la sociedad. En conclusión, la clave es una educación atrevida que traspasó sus propios límites, encarnándose en el entorno productivo y social de los países.
Ha sido el desencapsulamiento sufrido por la educación de estos países, precisamente, lo que la ha convertido en la mejor aliada del desarrollo, con contenidos de aprendizaje orientados a afianzar capacidades en los sujetos para interactuar dinámicamente con los contextos laboral, económico, ambiental, social y cultural. En tanto, la educación ha ido más allá de sí misma, trasvasando las fronteras de su comodidad y encierro, ha encontrado su auténtico sentido en el despliegue que los ciudadanos educados dan a sus capacidades en el ámbito social en que ellas encuentran sentido. Es así que la calidad de la educación se pone a prueba en el crisol de la práctica ciudadana, respondiendo a los desafíos del modelo de desarrollo. En tanto la educación sea ubicada en el centro de atención del país, su calidad será más auténtica. Así la calidad se hace total, en tanto avanza desde una perspectiva reduccionista y formal al interior del aparato educativo, hacia una calidad que se expresa en educandos capaces de aplicar, de forma relevante, lo aprendido en provecho del entorno.
Nuestra educación, a lo largo de décadas, ha permanecido adormecida cómodamente en su cápsula, mirándose a sí misma y no al país, sirviendo a intereses de partidos y no a los de la nación, asentada en políticas cortas de vista que quedaban atrapadas en sus telarañas de ineficiencia, burocracia y desperdicio educativo. Esta telaraña ha sido tejida cuidadosamente, durante años, por la cultura aislacionista, atomizadora y feudalista característica de cada subsistema educativo, hasta tal punto que, no sólo el aislamiento y encapsulamiento se ha dado al nivel externo, sino que ha sellado profundamente concepciones y estilos de trabajo de cada subsistema, convirtiéndolos en archipiélagos de islotes incomunicados y empedernidamente cercados por sus propios vicios.
A partir del 10 de enero de este año corren nuevos aires en el aparato educativo dirigido por el Mined, que pretenden oxigenarlo y devolverle su autenticidad. Es evidente la participación amplia de actores sociales relevantes en las ocho comisiones nacionales, que escrutan la realidad educativa, desde distintos ángulos, y formulan propuestas dirigidas a hacer realidad una educación para todos y éxito de todos en la educación. Gracias a sus propuestas es posible idear un aparato educativo de nuevo perfil, empeñado en hacer realidad el derecho a una educación con equidad, pertinencia, calidad y eficiencia para todos y todas. La política educativa de la que emana esta explosión de participación educativa dibuja con mucha claridad el perfil de una educación articulada en sí misma, pero aún con tímidos tentáculos de relación con los demás sectores con los que debiera articularse. Es evidente que el aparato educativo no es el que ha de gestar todas las políticas públicas, y el hecho que éstas aún no se hayan dado a conocer o no existan, limita al modelo de educación que se construye, para definir las alianzas requeridas con el resto de sectores, que hagan posible y relevante lo construido, para que tenga sentido en la lucha por superar la pobreza y alcanzar el desarrollo humano. En síntesis, esta marcha estratégica de la educación urge avanzar en tres dimensiones complementarias y articuladas: la primera, alentar al Consejo Nacional de Educación a hacer lo propio en todo el sistema educativo; segundo, vincular estrechamente este proceso estratégico nacional con la realidad actual que viven los centros educativos; y tercero, animar al resto de Ministerios y sectores a definir y coordinar sus políticas con la mirada puesta en la educación. Finalmente, nada de esto tendrá relevancia, si el Gobierno no logra construir un Plan de Desarrollo con rostro humano, que retome y avive la identidad nacional, y sea el espejo en el que adquieran sentido todas las políticas públicas.
Ideuca