Opinión

En Nicaragua si se lee... ¿pero, para qué se lee?


Recientemente terminó la Feria Internacional del Libro en Centroamérica, Filcen 2007, como un evento que abona al fomento de la lectura y del intercambio cultural entre los pueblos. Las valoraciones públicas han estado sesgadas por el deseo en contra de la realidad. La realidad de la cantidad de personas que llegaron contra las expectativas que supone atrae un evento de esta naturaleza. Las ventas reales de libros rebajados (cinco mil títulos dicen las notas) contra las ventas normales en las librerías. La oportunidad de los autores para promocionar sus libros,
contra la cantidad de lectores invisibles que tienen cuando son verdaderamente promocionados en las bibliotecas, donde su lectura es gratis.
Y obviamente que la realización de la Feria en sí es ya un logro. Un paso en el escabroso camino por convertir a Nicaragua en una república de lectores, por convertir al pueblo nicaragüense en el sujeto de su propio desarrollo. Me sumo a las felicitaciones por el mismo.
Sin embargo, y para que los pasos futuros en la dirección señalada tengan un norte seguro, me parece necesario tener presente la realidad objetiva (la que se demuestra con datos y hechos medibles) del deseo (al cual me sumo) de que esta realidad sea diferente. Por ello quiero comentar sobre una de las afirmaciones que suena más a deseo que a realidad. Veamos.
Nicaragua es un país de lectores
“En Nicaragua sí se lee, mucho más de lo que los medios dicen”, ésa es la tesis que mantiene Salvadora Navas, una de las organizadoras de la Feria. Y, continúa, “lo que pasa es que los libros se promocionan poco y muchas veces ni los propios autores trabajan dando a conocer su obra.”A lo que se suma, “el problema de los precios, que en algunas ocasiones son elevados” (El Nuevo Diario, 24 de septiembre 2007 y El Observador económico No. 137, julio 2007)
Sinceramente que yo en lo particular quisiera que Nicaragua fuera un país de lectores, como lo soñó Rubén Darío. Pero también un pueblo informado y actuando conscientemente sobre su desarrollo y su futuro, como, además de soñarlo, lo implementó Carlos Fonseca, utilizando los libros para que la comunidad estuviera informada y actuara conforme. Sin embargo, a pesar de que me sumo a los sueños de los organizadores de Filcen 2007, los indicadores y datos existentes nos obligan a leer la realidad desde otra óptica.