Opinión

Cuenca sur de Managua: Fuente de vida para la capital


En estos últimos días se han expresado de manera contundente y alarmante tres personajes de la vida nacional que tienen que ver mucho con el medio ambiente y la problemática de la ciudad capital, me refiero al Dr. Jaime Incer B., en ocasión de recibir un merecido reconociendo en la Asamblea Nacional, al Ing. Dionisio Marenco, alcalde capitalino, conocedor de la problemática ambiental de la ciudad, y, recientemente, al Lic. Jaime Morales C., Vicepresidente de la República. El motivo central de sus preocupaciones gira en torno a un eventual aluvión que arrastraría enormes masas de tierra, arena y todo tipo de desechos provenientes de la parte media y alta de la Cuenca Sur del Lago de Managua, sobre las maltrechas calles y cauces de la ciudad, y de otras importantes y vitales infraestructuras urbanas.
La Cuenca Sur es un vasto territorio al sur de la capital que incluye parte de los municipios de Ciudad Sandino, El Crucero, Ticuantepe, La Concha, Nindirí y Managua, en las partes medias y altas viven, trabajan y producen miles de familias campesinas, al igual que un pujante y desordenado desarrollo de residenciales de clase media alta y gente muy acomodada. Todo este espacio es un semicírculo a manera de media luna que tendría unos 30 kilómetros de largo, desde Ciudad Sandino hasta Sabana Grande, y con una pendiente que va desde el Lago de Managua, de 32 metros sobre el nivel del mar, hasta El Crucero, a 1000 metros de altitud, en una distancia apenas de unos 22 kilómetros.
En esta importante zona, y muchas veces sin darnos cuenta, se producen grandes beneficios ambientales, económicos y sociales para la ciudad capital. Aquí se infiltran, a partir de las precipitaciones, enormes cantidades de agua que alimentan el acuífero subterráneo que a su vez alimenta los pozos de extracción de agua para el consumo de la mayoría de los capitalinos. La masa boscosa existente y la vegetación dispersa ayudan a controlar en parte las altas temperaturas que provocan tanto malestar a la población, enviando desde las sierras rachas de aire fresco sobre todo por las noches. Pero también aquí se producen otros beneficios tales como la producción de alimentos baratos para la población, sobre todo la más pobre de los barrios y asentamientos populares, con cultivos como plátanos, hortalizas, frutales, frijoles, maíz, entre otros.
Toda esta fuente de vida que la naturaleza nos otorga está siendo seriamente amenazada y, tal como lo advierten los personajes arriba mencionados, estamos frente a una tragedia de grandes consecuencias, tales como deslizamientos de grandes masas de tierra, fuertes corrientes e inundaciones en calles y barrios, daños de suma gravedad en la escasa infraestructura poniendo en alto riesgo la vida y haberes de los habitantes si no se toman las medidas y acciones correctivas y preventivas desde ahora. Ya ha habido una experiencia por parte del Marena, con el programa Posaf, ALMA y otros organismos en el manejo agroforestal, pero que necesita de mayor trascendencia, recursos e impacto.
El problema central que desemboca en esta seria amenaza es un mal manejo del territorio que comprende la Cuenca Sur, por falta de una planificación del uso del suelo, de las normas de construcción de viviendas y residenciales y la explotación inmisericorde de los recursos ambientales, tales como la extracción de leña, las quemas agrícolas, etc. Las medidas que se han propuesto hasta ahora por el Alcalde son a mi juicio buenas, pero insuficientes. No basta con construir y mejorar los cauces, las micropresas y otras obras civiles, en la parte baja de la cuenca, es decir en la capital. Es absolutamente indispensable y de primer orden, desarrollar acciones planificadas en la parte media y alta de dicha Cuenca, ya que de nada servirían las obras en la parte baja si no se implementan sistemas y prácticas agrícolas y ambientales en la parte alta, que al final de cuenta son las únicas medidas que pueden resolver a fondo y de largo plazo esta problemática cuyas consecuencias serían tan devastadoras como otros fenómenos naturales ya conocidos.
Para avanzar en una solución sostenible, en primer lugar se requiere decretar esta área como de alta y vital prioridad en función de los servicios mencionados, en segundo lugar de ordenar y planificar el uso del suelo, ya sea para las actividades agrícolas como la construcción e infraestructuras, en tercer lugar de impulsar proyectos de agroforestería comunitaria, producción sostenible y educación ambiental aplicada. Para ello hay que incentivar a los productores y campesinos en obras de conservación de suelos y agua, en prácticas sostenibles de una agricultura limpia, en la eliminación del corte de árboles para leña, entre otras. Esta debe ser una acción compartida entre pobladores, productores, autoridades, gobierno, centros de enseñanza, medios de comunicación, organismos de cooperación. Recordemos que de lo que hagamos pronto depende la vida de más del 30 % de la población nacional.
*Director ONG/CENADE/