Opinión

El recalentamiento global quema en Nicaragua


No hace falta ser un experto en medio ambiente para estar concientes de los monumentales estragos que la naturaleza nacional está sufriendo, y valorar la enorme importancia y urgencia que tienen decisiones estratégicas para frenarlos. Sin embargo, hace falta ser mago o contar con una paciencia de santo para intentar asimilar la indiferencia que los tomadores de decisiones de todos los colores políticos han mostrado hasta el día de hoy para poner un alto estratégico a esta implacable destrucción de nuestra naturaleza y con ello de gran parte de nuestra sociedad.
Tal parece que los errores acumulados no nos han alertado para aprender lecciones históricas. Los terremotos, que también forman parte del recalentamiento global, han dejado enormes huellas en el mapa de nuestra capital; sin embargo, se continúa diseñando y construyendo edificios, muchos con gran gusto estético y cumplimiento de normas ingenieriles que parecieran cumplir con todos los requisitos de la inteligencia; solamente que sobre fallas sísmicas.
Los huracanes Joan, Betta y Mitch deberían haber sido suficiente experiencia para tomar medidas a futuro; no paliativas como las que se han encontrado para hacer sus agostos el huracán Félix en la RAAN y las lluvias persistentes en el Pacífico. Si no hemos alcanzado un mayor conocimiento de nuestra geografía que permita evitar el desborde de los ríos; al menos no deberían exponerse constantemente las vidas humanas al peligro de estos desastres.
Las constantes amenazas sobre nuestro país obligan a superar el coyunturalismo; de estar constantemente en acciones de búsqueda y rescate, de exposición a la vulnerabilidad alimentaria, epidemiológica y de techo a tantas familias. Los héroes de un día son necesarios para salvar vidas; pero se necesitan héroes y heroínas que recuerden las futuras generaciones por haber detenido hoy la furia de esta destrucción enorme.
Y uno se pregunta ¿quién podrá detener esta carrera desenfrenada hacia la muerte? ¿Seguiremos poniendo parches? Es necesario que se calculen y realicen las habilitaciones en lugares seguros; los traslados de comunidades desde los sitios de riesgo ante desastres naturales; el establecimiento de escudos forestales en diferentes puntos del país; la declaratoria de prohibición para habitar los lugares de peligro; la inversión en una red vial fuerte y segura; y la educación ambiental de la población para que todos cooperemos con preservar nuestra naturaleza, entre otros. Este asunto es de primera prioridad para asegurar un mayor crecimiento económico, y debería ser objeto de una campaña permanente de concientización, de educación formal y no formal.
Que esto es costoso, sí, lo es; y los que toman las decisiones quizás piensen siempre en priorizar la producción. Pero ¿cuánto más costoso no son las pérdidas materiales y humanas y sus consecuencias en la producción y en la vida nacional?, ¿cuáles son los productores que pueden contar con su producción asegurada bajo estas condiciones? ¿Será que un desastre natural va dirigido solamente a los productores privados, o solamente a los que financia el Gobierno, o los de equis o ye partido? ¿Sólo a los grandes o sólo a los pequeños y medianos?
Se precisa una actitud patriótica, una contribución de todos para frenar la destrucción del medio ambiente. Quizás sea bueno crear un fondo nacional; pero un fondo real, no simbólico, para que con las pautas de los expertos que aman nuestra naturaleza se invierta y desarrolle en una estrategia auténticamente preventiva y promotora del desarrollo ambiental, para que se cumpla al pie de la letra. Al pie de la letra, pues cuánta falta hace que los tomadores de decisiones den el lugar que corresponde a los auténticos científicos y líderes en este campo, y que los consejos del Dr. Jaime Incer Barquero sean puestos en práctica, y que el legado de Claudio Gutiérrez Huete, quien, entre sus muchos aportes, dejó mapas de amenazas geológicas, deslizamientos y pendientes, sean utilizados con sentido práctico.
Se trata de decisiones indeclinables. El síndrome de la rana recalentada recientemente reconocido con el premio Nóbel de la Paz, la cual sale de la hoya cuando ésta se calienta bruscamente; pero no sale de ella si se calienta poco a poco; solamente nos indica que el recalentamiento global ya comienza a quemar en Nicaragua, y que si no hacemos algo, algunos simplemente regresaremos al polvo, en medio de avalanchas, y otros formaremos parte de las migraciones por razones que la naturaleza impone.
*Consultor en Educación y Desarrollo