Opinión

China: algunas reflexiones


La evolución de la economía china en el último cuarto de siglo ha sido sorprendente. Datos del Banco Mundial revelan que de 1980 a 1990 el Producto Interno Bruto por habitante en China creció 8.8% cada año. Durante el periodo1990-2004, esa tasa de crecimiento anual fue de 8.8%. El contraste con América Latina no puede ser más chocante: el crecimiento del PIB per cápita para esos dos periodos fue de -0.3% y 1.2%.
El desarrollo chino ha posibilitado mantener la economía mundial a flote por el flujo comercial que ha motivado y por la constante compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos, lo cual ayuda a sufragar el enorme déficit presupuestario de Washington. China es considerada por las grandes potencias occidentales como un fuerte competidor que en el próximo lustro pudiera acercarse al PIB de Japón y convertirse en 2015 en la segunda economía mundial después de Estados Unidos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo prevé que por su continuo e indetenible auge, China se convertirá en el mayor exportador del mundo en los próximos cinco años y para 2010 estará a las puertas de sobrepasar los niveles de exportación de Estados Unidos y Alemania.
Iniciado en 1978, el proceso de reforma chino se plantea como un ejercicio de transformación y modernización del país, si bien excluyendo alterar la naturaleza del régimen político, cuya fuerza esencial es el Partido Comunista Chino, quien ejerce el monopolio del poder. A partir de 1978, la realidad de China ha cambiado mucho en numerosos aspectos, conforme a un proyecto no del todo definido y que se va construyendo y programando por etapas. No estamos ante un proyecto acabado y la orientación final de ese proceso, dependerá, entre otros factores, de la correlación de fuerzas interna.
La reforma ha aumentado el poder de China y su influencia en el mundo, y también ha originado, en el interior, profundas mutaciones y problemas, emergiendo nuevos actores sociales e importantes tensiones de todo tipo. La reforma tiene más de un lado oscuro y descuidado. La falta de sensibilidad respecto a los problemas sociales generados en las últimas décadas, constituye una denuncia permanente que contradice su proclamado ideario emancipador.
El gobierno ambiciona mantener el rumbo político de la reforma, instrumentando e innovando mecanismos de control en todos los órdenes, ya sea en lo económico (manteniendo su influencia directa en los sectores estratégicos), político (rechazando el pluralismo y promoviendo limitadas reformas que le afiancen), social (multiplicando su presencia directa o indirecta, a través de las organizaciones de masas), ideológica (ejerciendo un control absoluto de los medios de comunicación y dando reiteradas muestras de no claudicación en este aspecto) y en el orden de la seguridad (subordinación directa del aparato militar y policial).
En política exterior, cabe esperar de China, adepta al multilateralismo, un comportamiento globalmente beneficioso, aunque las tensiones, especialmente con Estados Unidos (sobre todo por el futuro de Taiwan), tenderán a aumentar. China es el gran rival estratégico de Washington.
Aumentando su influencia en Asia Central, afirmando los vínculos con sus aliados a través de una amplia red de beneficios económicos que incluye el desarrollo del comercio, las comunicaciones o la energía, China va jugando sus cartas y conformándose cada vez más como una alternativa emergente que puede contribuir de forma efectiva a establecer un marco superador y estable de la complejidad de la región de Asia-Pacífico y Asia Central.
Para China la “Unión Europea no es un socio estratégico serio”, como demostró su pusilanimidad frente a Estados Unidos en el asunto del embargo de la venta de armas. Europa ha ido dejando progresivamente de ser un sujeto para convertirse en un objeto de la política global.
En 2001, los dirigentes chinos abrieron nuevos horizontes al auspiciar la Organización de Cooperación de Shangai (SCO, por sus siglas en inglés), que consta de cuatro países vecinos: Rusia y las tres antiguas repúblicas socialistas soviéticas de Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán. Más tarde, la SCO, invitó a unirse a Uzbekistán, a pesar de que no es contiguo a China. En 2003, la SCO amplió su alcance, incluyendo la cooperación económica regional en su carta. Eso, por su parte, llevó a otorgar estatus de observador a Pakistán, India y Mongolia --todos vecinos de China-- e Irán, que no lo es. Cuando Estados Unidos solicitó estatus de observador, fue rechazado, un revés embarazoso para Washington, que tuvo ese estatus en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático.
A fines de 2006, como anfitrión de un foro China-África en Beijing, al que asistieron dirigentes de 48 de 53 naciones africanas, China dejó ignominiosamente atrás a Estados Unidos en la carrera diplomática por ese continente (y sus recursos de hidrocarburos y otros). A cambio del petróleo, del mineral de hierro, del cobre y del algodón de África; China vendió bienes a bajo precio y ayudó a los países africanos a construir o mejorar carreteras, ferrocarriles, puertos, represas hidroeléctricas, sistemas de telecomunicaciones y escuelas.
La industrialización y la modernización de China han acelerado también la modernización de sus fuerzas armadas. El lanzamiento de ensayo del primer misil anti- satelital del país, que destruyó con éxito un satélite meteorológico chino difunto en enero de 2007, demostró dramáticamente su creciente capacidad tecnológica. Washington, alarmado, ya había notado un aumento de un 18% en el presupuesto de defensa chino para 2007. Atribuyendo el aumento a gastos adicionales en misiles, guerra electrónica y otros aspectos de alta tecnología.
Estados Unidos es el segundo socio comercial de China, por detrás de la Unión Europea. El comercio bilateral ascendió en 2006 a US$ 262.700 millones de dólares (US$ 2.500 millones de dólares en 1979). En 2006, Estados Unidos contaba con más de 50.000 empresas establecidas en China, con una inversión total valorada en más de US$ 54.000 millones de dólares. La interdependencia es una realidad incuestionable y los problemas, ya sea el déficit comercial, la propiedad intelectual, o cualquier otro, difícilmente podrán resolverse en las respectivas aduanas o en los despachos de la OMC.
El Banco Central de China cuenta con unos 1.07 billones (miles de millones) de dólares en monedas extranjeras y valores, lo que lo convierte en uno de los mayores inversionistas del mundo. Ahora, los funcionarios chinos concuerdan en que la estrategia tradicional para manejar este cuantioso fondo --es decir, invertirlo en instrumentos seguros de renta fija como bonos emitidos por Estados Unidos y los gobiernos de Europa-- está pasada de moda. Siguiendo el ejemplo de países como Singapur, Corea del Sur y Noruega, China empieza a buscar nuevas formas de gestionar sus inversiones.
China es el pivote de una integración asiática. Es el taller industrial del mundo que recibe las materias primas de Australia, los bienes de equipo de Corea, de Taiwan y de Japón y los servicios financieros de Hong Kong y de Singapur. Diez años después de sus crisis, Asia se ha convertido en un polo ineludible del capitalismo