Opinión

Reconstruir con lo destruido


Los daños causados por el huracán Félix constituyen la mayor catástrofe ambiental de la historia de Nicaragua. Fueron afectadas 1.3 millones hectáreas de bosques, causó invaluables daños en la fauna, clima y recursos hídricos, pérdidas enormes en los suelos; en resumen, inmensos daños a la vida, al futuro y al medio ambiente. De esa masa boscosa, 477 mil hectáreas fueron arrasadas, y con ello se perdió también una rica biodiversidad y ecosistema de vida, 500 mil fueron afectadas en un 50% y las restantes 323 mil hectáreas fueron dañadas en un 25%. Más de 15 millones de metros cúbicos de madera en rollo se encuentran derribados, creando verdaderos amasijos de árboles en algunas áreas, que dificultan la movilización y constituyen un enorme potencial para múltiples incendios forestales de verano, y plagas que pueden agravar los efectos medioambientales.
Me solidarizo ante la pérdida de más de 300 vidas valiosas, y ojalá se encuentren las decenas de desaparecidos reportados. El Gobierno ha realizado importantes esfuerzos y se ha comprometido en la reconstrucción de la infraestructura, especialmente en más de 20,000 viviendas destruidas o afectadas, 60 iglesias, 107 escuelas y 43 centros de salud, en la rehabilitación de carreteras y puentes, así como en neutralizar los efectos de la pérdida de más de 85,000 hectáreas de cultivos agrícolas tradicionales y no tradicionales, más de 40,000 cabezas de ganado, casi tres cuartas partes de las aves, animales porcinos, más de 1,000 embarcaciones pequeñas dañadas, y gran parte de los equipos para pesca.
El esfuerzo gubernamental y regional debe ser apoyado por todos los que amamos Nicaragua. La vida de los ciudadanos de la RAAN ha sido severamente trastocada y parte de las secuelas son imprevistas. Los recursos nacionales son limitados y la ayuda internacional es insuficiente para el reto de reconstrucción inmediata. Cualquier atraso, tendrá otros efectos sociales, que no deben sorprendernos ante la desesperación de tantas familias que perdieron el sustento de sus vidas. Ya se ha publicado en los medios que se han incrementado los asaltos, el vandalismo y otros fenómenos indeseables.
Limitaciones al aprovechamiento forestal
El Gobierno de la RAAN, con pleno derecho, y el respaldo del Presidente, adoptó medidas de emergencia para aprovechar los árboles caídos y todo recurso forestal procesado o sin procesar de las empresas, que se encontrase en dicho territorio, para la reconstrucción de las viviendas y demás instalaciones. Posteriormente, se reconsideró la medida de incautar la madera procesada privada, pero los empresarios forestales no han podido trasladar y comercializar dichos productos por discrepancias en la operativización entre distintas instituciones involucradas, afectando al país y a dichas empresas.
Posteriormente, Inafor restableció regulaciones para el aprovechamiento de los árboles caídos, limitándolo al área no comercial. Esto implica que de los aproximadamente 15 millones de metros cúbicos de madera en rollo que se encuentran caídos, difícilmente se aprovecharán unos 300 mil metros cúbicos, que es apenas un 2%, y se dejarán en el bosque más de 14 millones de metros cúbicos de madera en rollo caídos, sin aprovecharse.
El objetivo era proteger el bosque de mayores daños que pueden ocasionar empresarios forestales al realizar labores de extracción. Esto amerita análisis y reflexión, ya que podría tener efectos contrarios, pues tanta biomasa en el suelo, es el material requerido para plagas e incendios forestales, sucesos que, de llegar a acontecer, generarán daños más graves al suelo y a los árboles que han quedado en pie. Baste recordar la experiencia vivida en la RAAS en 1988, ante los daños forestales ocasionados por el huracán Joan, en que se adoptó similar medida, tras lo cual se incrementaron los incendios con efectos más graves sobre el medio ambiente.
Aprovechar lo destruido para la reconstrucción
Respaldo las medidas adoptadas de aprovechamiento forestal para la reconstrucción y reparación de viviendas, escuelas, iglesias y demás instalaciones. Con toda responsabilidad y de forma constructiva, propongo que la decisión de no aprovechar comercialmente los árboles derribados por el huracán Félix sea revisada y modificada. Considero debe aprovecharse el resto de lo destruido, de forma planificada, para apoyar la reconstrucción física y económica de la RAAN.
Se puede lograr el aprovechamiento forestal, reduciendo al mínimo el daño ambiental de la extracción y evitando así grandes incendios forestales, lo que dejaría un balance altamente beneficioso. El gran depredador de esta catástrofe es el huracán Félix, y debe lograrse un consenso nacional en el que los empresarios madereros pueden jugar un papel importante, que coadyuve a revertir los efectos devastadores dejados por este fenómeno natural. Estamos obligados a tornar el revés en una oportunidad de unión y trabajo cohesionado en pos de la Región. Con el aprovechamiento forestal comercial se reactivaría la economía de la región, se crearían muchos empleos directos e indirectos, se incrementarían los ingresos de las instituciones municipales, se reactivaría la industria forestal que se encuentra deprimida, no obstante contar con una importante capacidad instalada, actualmente ociosa, contribuyendo positivamente a la economía nacional y regional, al menos durante los próximos 3 a 4 años.
Concretamente, propongo que el Gobierno con la aprobación y apoyo decidido del Gobierno de la RAAN, promueva un acuerdo con los empresarios forestales por medio del cual se facilite y aprovechen de forma ordenada y planificada los árboles caídos, en el marco de la sostenibilidad, comprometiendo a dichos empresarios a actuar apegados a regulaciones estrictas y ágiles de protección ambiental, bajo determinadas condiciones entre las cuales podrían estar las siguientes:
* Entregar un área de aprovechamiento a determinadas empresas, supervisadas con inspectores forestales y municipales. La empresa debe obligarse de inmediato a construir y limpiar franjas limítrofes entre áreas, que sirvan de barreras contra incendios forestales. Inmediatamente proceder con la vigilancia de técnicos de Inafor a separar la madera aprovechable, de la madera que no puede aprovecharse de inmediato, tanto por sus diámetros pequeños, especies no comerciales u otras causas.
* Toda la extracción y los caminos que se construyan deben ser mediante un plan que mitigue el impacto de la extracción y asegure el cortafuego ante un incendio forestal que se pueda propagar y afecte el resto del bosque. Los empresarios que ya tienen un área privada propia, o asignada mediante convenios con comunidades indígenas o gubernamentales, deberán aprovechar la madera caída también de forma ordenada y planificada en dichas áreas.
* Todos los especialistas forestales de Inafor, Mag-For, organismos ambientalistas, Marena, podrían contribuir en este esfuerzo, bajo la coordinación de Inafor y Serena.
* Garantizar esfuerzos conjuntos y compromisos de acción en un plan regional de reforestación
* Todos los impuestos que se paguen por concepto del aprovechamiento forestal comercial deben ser destinados exclusivamente a la reconstrucción de la RAAN.
* Esta operación de emergencia requiere revisar y agilizar la permisología y demás requisitos burocráticos necesarios, para el aprovechamiento comercial forestal.
* La ley de delitos contra el medio ambiente se deberá aplicar de forma estricta y firme a todo empresario que no cumpla con lo establecido.
Esta propuesta implicaría la posposición de la aplicación en la RAAN de las leyes de veda, y otras limitaciones en el aprovechamiento forestal adoptadas en el país.
La RAAN ha aportado históricamente a la economía nacional a través de actividades pesqueras, aprovechamiento forestal, explotación minera, recursos hídricos, servicios portuarios, oxigeno y balance ambiental, cultura y conciencia nacional, además de disponer de un potencial de recursos para el desarrollo del país. Ellos necesitan urgente el apoyo nacional, no solo del Gobierno sino de todos los sectores, es nuestro deber atenderles y apoyarles, en razón de lo cual las medidas a adoptar deben ser ágiles, contextualizadas, e integrales.