Opinión

El pacto ampliado


El Pacto Ortega-Alemán parece querer conceder ahora a la Alta Plutocracia la estabilidad económica y laboral que requieren para invertir y producir utilidades, con la condición de que compartan una buena parte de sus ganancias y no se metan en la esfera política exclusiva del Zopilote Bicéfalo.
La Alta Plutocracia presuntamente pretende pactar con el Zopilote Bicéfalo y está por verse hasta dónde nos va a llevar este fenómeno recurrente centrado en el mero “business” de las cosas. Fenómeno recurrente porque así fue el caso de la Alta Plutocracia con los Gobiernos Somoza, con los resultados que son harto conocidos en los años 40/50 con el primer Somoza, en los 50/60 con el segundo y en los años 60/70 con el tercero, secuencia interrumpida cuando la plutocracia se le estaba robando el mandado del poder político al tercero. Este último fue salvado por el terremoto del 72 y a partir del cual se rompió el pacto cuando Somoza Debayle en represalia se metió en los negocios que eran coto de caza exclusivo de la Alta Plutocracia. Los plutócratas en retaliación apoyaron a los “revolucionarios”, hicieron paros al comercio para desestabilizar a Somoza y después pactaron con la Dirección Nacional del FSLN, sólo para salir trasquilados cuando la misma Dirección Nacional traicionó los acuerdos y confiscó sus propiedades.
Más que una crítica esto es un reconocimiento de la realidad objetiva basada en la naturaleza, características, misión, propósitos, objetivos, en fin, razón de ser de los nuevos pactistas. Desde siempre y hasta siempre, la Alta Plutocracia de todo el planeta y de toda la historia, cuando los estamentos convencionales de la sociedad no logran mantener el clima que sus intereses requieren, recurren al pacto con los “hombres fuertes” (Napoleón, Hitler, Mussolini, Pinochet, Deng Xiaoping, etc.). Aquí se trasluce que la Alta Plutocracia está por ensayar nuevamente otro pacto sólo que ahora con el Zopilote Bicéfalo de Ortega-Alemán y pago por ver en qué termina esta nueva aventura.
Dado nuestro signo ideológico, valores morales, sentido de la ética, compromiso social, intereses personales y familiares, etc., ante esto, la población que ama Nicaragua ¿nos vamos a hacer de la vista gorda? bajo el predicado de que los grandes capitostes saben más que nosotros y seguramente todo les va a salir bien y por ende a nosotros todo nos va a salir bien. O vamos a asumir una posición consciente y consecuente ante este fenómeno. La Alta Plutocracia no pierde nada, pues cobra sus sofisticados seguros de riesgo que desde siempre han protegido su patrimonio y lucro cesante, ¿pero la población trabajadora y los pequeños y medianos empresarios qué? Bueno, nos vamos a quedar “hueliendo” el dedo con lo poco de olfato que nos quede, si es que nos queda alguno, porque hasta eso podemos perder.
La Alta Plutocracia nicaragüense aparenta no parecerse en nada a la salvadoreña, que se unió con su población para defender su nación. En Nicaragua la Alta Plutocracia no proyecta conciencia de patria, muchos viven más tiempo en Miami, por ello debemos observar este fenómeno con ojos de águila, olfatear con nariz de sabueso, degustar con lengua de serpiente, escuchar con oídos de tísico y palpar con piel de escualo, así como investigar con astucia de Sherlock, analizar con lógica de Hawkins, diagnosticar con precisión de ADN y combatir con gónadas de garañón. Sino, después vamos a llorar como maricas lo que no supimos defender ahora con coraje.
Tenemos que convencer a los que más tienen que perder, que tienen que contribuir con lo que esté dentro del marco de sus posibilidades, para evitar que se consolide el Zopilote Bicéfalo en el poder, si es que no quieren tener que salir de nuevo en desbandada, ahora de 60 años y no de 30, como la vez anterior, cuando uno podía encontrar trabajo y ocupación para sobrevivir y hasta resurgir.