Opinión

La integración y el fallo de La Haya


Me honro en pertenecer al Consejo Consultivo del Sistema de Integración Centroamericano en su capítulo nacional. Los últimos días hemos andado muy atareados realizando foros con las diferentes organizaciones de la sociedad civil sobre una propuesta de Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.
Nos preocupa a todos que la integración vaya a paso de tortuga. Son casi 50 años que hablamos de integración y los logros son magros como carne flaca. Se creó el marco legal y los organismos integradores. Con altas y bajas. Anote entre los primeros al BCIE, Banco Centroamericano de Integración que realiza su papel financiando proyectos de desarrollo por todos los rincones de la patria grande. El pasaporte centroamericano es una realidad al menos en el C4. Pero como la otra cara de la moneda apunte al Parlacén y la Corte Centroamericana de Justicia, instituciones ambas que deben ser revisadas y dinamizadas. Con el Parlacén es indispensable lograr que sus acuerdos sean incluyentes o sea mandatos de obligatorio cumplimiento. De lo contrario seguirá como perro sin dientes. La Unión Aduanera se aproxima pero no se concreta. Costa Rica está pero no está. Panamá y Belice también han sido acercados.
La integración es condición insustituible para superar los grandes males que todos padecemos. Número uno para reducir los enormes porcentajes de pobreza y miseria. Para enfrentar el avance arrollador de la globalización que amenaza con borrarnos del mapa. Estas verdades simples todos las entendemos y compartimos. Pero del dicho al hecho hay un buen trecho. Giramos y damos vuelta en el mismo punto.
Los países desarrollados nos cortejan como mercado. Somos casi 40 millones de posibles consumidores. También les interesa que cada ciudadano disponga de poder de compra para hacer su negocio. Y nos llueven las propuestas de tratados de libre mercado. Algunos compulsivos y brutales como el Cafta, negociado por separado con los países y con barreras proteccionistas de la contra parte. Otros al suave, dorándonos la píldora. La Unión Europea, por ejemplo, habla de acuerdo de Asociación negociado con la región, preocupándose porque haya avances en la integración. Incluye los temas de diálogo político y cooperación junto con lo puramente comercial. Considera que los gobiernos tienen que tomar muy en cuenta los criterios de la sociedad civil. La cuestión está en que nuestros gobernantes aceptan del diente al labio. Porque hay temas tan espinosos como democracia transparente y respeto de los derechos humanos, en especial el de los derechos laborales.
Estando así las cosas acontece el fallo de la Corte de Justicia de La Haya. Fallo salomónico que deja como ganadores absolutos a Honduras y Nicaragua. Se reunieron los presidentes y decidieron que van por el camino de la integración. Agarrémosles la palabra pero obliguémoslos a los hechos. Que esa zona que dicen es rica en diferentes recursos naturales sea aprovechada como fuente de trabajo y de beneficios económicos para la gente. Que sea una palanca para erradicar la pobreza. Como sociedad civil incrementemos los lazos entre nuestros países y demos pasos acelerados en integrar nuestras economías. Será un aliciente para que se incorporen los otros. Que de dos malos rotos salga un buen remendado.