Opinión

Asonada contra la Historia


Edwin Sánchez

Después de la publicación en EL NUEVO DIARIO de lo que el historiador nicaragüense Aldo Díaz Lacayo planteó bajo el título “Genocidio envuelto en reinas y comidas típicas”, saltó en la agenda nacional el debate sobre el 12 de octubre.
Hay efemérides que no son tan reales como se predican en los libros de textos que nos metieron en la escuela. Con los años, nos damos cuenta de que hemos sido consumidores de un relato, el del dominante, para seguir, mentalmente, dominados o engañados.
En los dos últimos años, historiadores que no marcan el paso oficial de los gobiernos anteriores, señalaron mitos y exageraciones y plantearon otra lectura, más liberadora que embaucadora. ¿Un ejemplo? La Batalla de San Jacinto fue “una escaramuza” sin ningún valor militar, sin embargo, se le fabricó un valor épico a la medida conservadora de los tiempos.
Si un campesino no hubiese capturado y ejecutado a Byron Cole, todo ese edificio hermoso, coronado de desfiles se hubiese venido al suelo con todo y palillonas septembrinas.
El Mined emitió un comunicado sobre el polémico 12 de octubre, lo que se entendió como una excusa ante las palabras del historiador Díaz Lacayo.

NOTA ACLARATORIA SOBRE EL 12 DE OCTUBRE
“En entrevista realizada al historiador Aldo Díaz Lacayo y publicada en EL NUEVO DIARIO del día de hoy (12 de octubre), con el titular “Genocidio Envuelto en Reinas y Platos Típicos”, el Ministerio de Educación por este medio aclara a la comunidad educativa y ciudadanía en general lo siguiente:
El calendario escolar 2007 fue elaborado por el Gobierno anterior, en éste se establecía la celebración del Día de la Hispanidad el 12 de octubre, la cual contemplaba diversas actividades. Con la nueva visión de la educación del Mined, a partir del día 11 de enero del presente año se reorientó dar un enfoque que reflejara la “Resistencia del Pueblo Indígena”.
Con el propósito de actualizar los conocimientos de los educadores que imparten la asignatura de Historia, precisamente el Mined realiza un taller en el que especialistas del Departamento de Historia de la UNAN-Managua comparten experiencias y metodologías de enseñanzas basadas en el estudio de la Historia de Nicaragua y su relación con el contexto internacional”.
El trabajo de los historiadores hasta ahora resultó complicado, sobre todo cuando algún académico dejó la investigación para usar la tinta biliar. Las voces que desafinaban el discurso oficial no fueron escuchadas.
Manejar la historia desde el poder es todo lo que se ha hecho. Abandonar esta manera de descomponer el pasado debería ser una prioridad, porque a lo largo de las décadas, los niños y las niñas fueron creciendo y creyendo inventos partidarios y asumiendo odios ajenos.
Con la falacia de exaltar a “los héroes cívicos”, se desterró de las páginas a otros, como si Rigoberto López Pérez hubiera hecho su acción en el Edén de la Democracia. Al viejo Somoza se le pintó como bonachón y desprotegido ante un cruel asesino. Se eliminó el nombre de Manolo Morales y se puso el de otro ilustre difunto. En fin, echaron a pelear muertos contra muertos. Sí, la historia a veces utiliza también la tinta de la infamia.
Dos episodios resumieron esa lucha por ver quién ganaba la carrera: El Aeropuerto y el Estadio Nacional. Si públicamente se ejecutó la “Operación Limpieza” en la Historia Nacional, ¿qué no se libró en las páginas aprobadas por el Ministerio de Educación de los tres gobiernos anteriores? Una notoria división de la sociedad es el resultado final, porque unos niños crecieron en los años 80 leyendo la historia desde otra perspectiva, muy distinta a lo que nos enseñaron a nosotros en los 60 y 70.
Luego, tenemos a la generación de los 90, que se “educa” con una historia desmantelada. Y ahora, los nuevos colegiales de la primera década del Siglo XXI deberán aprender lo que, en parte, públicamente, el Mined dejó claro: “A partir del día 11 de enero del presente año se reorientó dar un enfoque que reflejara la ‘Resistencia del Pueblo Indígena’”.
El esfuerzo de las nuevas autoridades de Educación será válido en tanto participe un amplio espectro de historiadores que dejen fuera del claustro lo que cargaron los anteriores funcionarios: sus filias, fobias y militancias políticas.
Un magnífico ejemplo para contar la historia de veras es la Biblia: los profetas le sacan las túnicas más sucias al sol a encumbrados personajes como el Rey David. Una evidencia más de que no sólo los hombres escribieron las Sagradas Escrituras…
No es sabio repetir la Asonada contra la Historia cometida en la última década del Siglo XX, cuando hubo quema de libros, orientaciones oficiales para “ordenar” los “hechos” y escribir los textos a la imagen y semejanza del pensamiento de turno.
Dos garantes para que se escriba a como debe ser, a mi juicio son Rafael Casanova y Aldo Díaz Lacayo, entre otros lúcidos intelectuales. ¿Por qué? Por una sencilla razón: la Historia Nacional no puede seguir al garete.