Opinión

No era esto


Hay polvo por toda la casa. Hace días que no llueve, y cuando no es el agua, es el viento el que entra en la casa, acompañado de tierra. No se puede tener ni la puerta ni las ventanas cerradas porque el calor es sofocante.
Los primeros ruidos son de la mujer. Está buscando entre los trastes una bolsita en la que quedan los restos de la masa de maíz para hacer tortillas. Aún no ha amanecido, y está tan oscuro que resulta difícil predecir si el día será nublado o no. Ahora hace fresco. En esta tierra hace siempre fresco en las mañanas. La mujer hace eso todas las mañanas. Las más difíciles son a partir del día 20 de cada mes, y durante todo el mes de enero, porque tiene que hacer un pequeño milagro con todo lo que queda. Es maestra de una escuela en una de las comunidades de Posoltega. Esto pasó hace algunos años, no mucho después de que la montaña se derramara sobre la gente.
Luego se siente un sollozo. NO es nada, sólo el despertar de la hija, los muelles están muy viejos para ser discretos y avisan de todos los movimientos al despertar, de cómo se da la vuelta escarbando en la última esquina del sueño, de cómo se niega a la luz que le viene de la cocina, hasta que por fin, con tanto movimiento el ruido termina por despertarle y se levanta. El olor de maíz y leña ya se ha hecho en toda la casa. Acá no llega el agua, y si anoche el sueño vino antes que el agua y no se pudo recoger en baldes, hay que utilizar la que quede del día anterior. Es muy fría, pero se aguanta. Cuando la muchacha llega a la cocina se encuentra con un fresco de pinol y una tortilla. También hay un cuadradito pequeño de mantequilla. Le sorprende ver el pinol. Anoche no quedaba y aún viéndolo no puede ni sospechar de donde salió.
Lo que la chavala no sabe es que la mamá no irá a trabajar hoy, ni tampoco otro día. Ya la despidieron, y le toca explicarle a su hija, que no ha sido porque no sea maestra sino porque no tiene el papel del título. Se formó cuando la revolución, y es una maestra de las que llaman con ese nombre tan rimbombante “empírica”. Creo que de hecho, es muy buena maestra, pero algunas diferencias con la dirección más este pequeño detalle han terminado con muchos años dedicados a esta labor.
Como no puede dejar de hacer lo que hace, va a seguir dando algunas clases a grupitos pequeños de niños que, cuando no le pueden pagar, lo hace llevándole algunas cosas con las que luego hace los milagros de la mañana. Pero no es suficiente para sacar una casa adelante. Tendrá que empeñarse en comprar y vender algunas cosas, que le de para seguir el rumbo del día, para que la niña estudie y para que los milagros continúen desde antes de que salga el sol. Algunas veces ha pensado en irse. Quién no tiene algún pariente o amigo en Costa Rica. Tal vez allá le va mejor, puede vender la casa, que vale más por el terreno que por la casa.
Pero en su pensamiento, hay muchos más. Cada vez, con más frecuencia he oído de muchos amigos y amigos de amigos la frase de “yo nunca imaginé que iba a pensar lo que pienso ahora, pero ya no aguanto. Me quiero ir de Nicaragua”. La campaña electoral y sus promesas, y sus ruidos, traba ver el deterioro progresivo de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Y el deterioro, con los apagones de luz, con su impacto en los hospitales y en las ventas, en las tiendas y en las casas se ha visto en lo oscuro, con más claridad. Seguimos dependiendo de la movilización de la gente --recuerden que la luz se hizo, cuando la gente se tomó la calle-- o de la ayuda externa que también se ha venido reduciendo a medida que Nicaragua se despedía del escenario internacional. En países como Nicaragua, desgraciadamente un huracán trae más reacción humanitaria que esta pobreza diaria y cada vez más desesperante. Creo que a nadie en el mundo le gusta vivir fuera de su tierra, y el nicaragüense es uno de los que menos les gusta, pero cada vez más, hay gente que sale que se va, que se nos va, que nos hace sentir que esta tierra ya no da, que estamos haciendo aguas, que nos estamos perdiendo, que Nicaragua se va terminando para los que nacen y no son ni primos de... ni hermanos de... ni hijos de...
Volverá la luz, pero hacen falta que vuelva mucho más, que vuelvan muchos más. A estas alturas ni la guerra, ni nada ha provocado la emigración y la huida de tanta gente. Mi querida maestra de Posoltega, no se ha ido. Yo apostaba que sí, pero ahora me dicen que ahí sigue, está, resiste. Se queda. Y es duro, es duro, ahora que hay tanto. Irse no fue nunca una posibilidad y ahora, debido a estos y otros factores, es una solución para el que se va y para el que se queda. Pero no era esto lo que otros antes que nosotros soñaron, ni era esto lo que soñamos. Yo tuve el privilegio de estar unos días en estos amaneceres. Hasta ahora los recuerdo como si despertara.

franciscosancho@hotmail.com