Opinión

Soñar despiertos


Para Mempo Giardinelli,
en sus primeros 60 años

Desde hace días, Mariana me ha estado insistiendo en que vaya al CL-3 de Mayo, que vea lo que es estar locos de verdad. Siempre le contesté que sí, chica, un día de éstos me animo. ¿Qué es el CL-3 de Mayo? Ah, me responde Mariana, es el Círculo de Lectura 3 de Mayo. Por un momento pensé que se trataba de uno más de esos grupos abrazados al solipsismo que, como decía Roque Dalton, se suben a la punta del alfiler a ver por dónde es que va el cortejo fúnebre de sus contemporáneos. Se lo digo, y Mariana me responde con naturalidad que nada de eso, desengañate por tus propios medios, me conmina.
Dos horas y media tardamos en llegar, y eso que desde las 6:00 horas estuvimos en la terminal de buses, en el sector oriental de San Salvador, escuchando aquel griterío de cobradores nombrando los rumbos de las máquinas rodantes. La primera sorpresa que me llevo es la conversación con el padre de Enyi (una de las integrantes del CL-3 de Mayo). Un cuarentón hombre de campo, cuestión que él me confirma al iniciar su perorata agrícola sobre la caña de azúcar. Me dice que son cuarenta manzanas las que siembra, y entonces me queda claro que se trata de un mediano productor agrícola. Habla con garbo y a mis preguntas responde con una seguridad casi insolente.
El público asistente (su mujer, Enyi y Mariana), sigue de cerca el intercambio.
Cuando me lanza que los costos son los que rigen todo y que hay que mantenerse en créditos clase A con los bancos y que nada de rozar en seco (la ecología aquí no funciona, amigo), la gente quema, es más barato... el hombre está exaltado, pero lo interrumpo y le aviento que habla como si fuera un gran propietario insensible, obsesionado con los márgenes de ganancia. Responde airado: “Mire, no sé por qué muchos campesinos siembran maíz, quizá no hacen números, mejor hay que importarlo”. Antes de que yo conteste, que ya me hastié de oír tanta tontería, Mariana tercia y con gran habilidad introduce la razón de nuestra visita, es decir, la reunión del CL-3 de Mayo.
Nos deslizamos de esa casa en compañía de la hija del cañero y tomamos una vereda que conduce a la casa de Yesenia (otra integrante del CL-3 de Mayo).
La segunda sorpresa que me llevo es el grupo que nos aguarda: entre todos no suman cien años. La menor tiene diez (Anita, de una viveza espectacular) y la mayor Enyi, que anda por los diecisiete años.
Mi cara es de asombro, supongo, porque Mariana apresura las cosas y comienza la reunión. Me presenta como un amigo interesado en las cuestiones literarias. Eso me halaga y sonrío agradecido.
Pasan revista a las lecturas que están haciendo (aquí emerge mi tercera sorpresa): el túnel, de Sabato; Mujeres, de Galeano; Diario, de Ana Frank; Tierra de infancia, de Lars; El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez; Madre Coraje, de Brecht; Leer y escribir, de Masferrer...
Después viene el presente que les trae Mariana: quince libros más para la biblioteca que ha empezado a organizarse aquí en la colonia 3 de Mayo, en las afueras de Suchitoto, a dos horas y media al norte de San Salvador.
Pero también hablan de las tareas próximas: los nuevos integrantes, la mesa y el mapa, la vista a Zacamil I (a una hora de camino por veredas), donde hay otro círculo de lectura.
Ah, también discuten (y la pequeña Anita está atenta) sobre el taller de cuento en el que quieren participar, y cuando Mariana dice esto, me vuelve a ver y me ve Anita, y me ve Yesenia y me ve Liliana, y me ve Byron y me ve Enyi. ¿Qué pasa?, pregunto. La respuesta es que quieren que los instruya. Respondo sin vacilar que sí. Y me levanto, con prisa, no quiero que estas criaturas, valientes en un mundo rebosante de iniquidad, no quiero que vean el nudo en la garganta que se me ha instalado.
Vamos de regreso, Mariana a mi lado, y con sólo veinte años, sonríe, sabe que voy golpeado por el hecho, la cabeza me revolotea y pienso en los pobrecitos adherentes del parnaso salvadoreño, egoístas y engreídos, y lastimeros y genuflexos.
Voy feliz, porque he sido invitado a soñar despierto.