Opinión

Turbulencia económica en Estados Unidos


El reciente caos de los mercados bursátiles mundiales es una manifestación de la turbulencia económica general que es la característica más destacada del capitalismo de la época actual. Las noticias de la crisis del banco inglés Northern Rock inmediatamente tuvieron un efecto en los otros bancos. En la bolsa, las acciones de los bancos sufrieron pérdidas importantes, el coste de los préstamos interbancarios alcanzó niveles muy elevados. Todo el sistema bancario estaba en peligro.
Hay signos de desaceleración en la economía global. En Estados Unidos, el nivel de empleo, en general, considerado como el barómetro clave de la salud económica, cayó de manera absoluta en agosto de 2007, por primera vez en cuatro años. En realidad, la reciente turbulencia de los mercados financieros no es la raíz de estos acontecimientos económicos. Lo que refleja es un debilitamiento general de la economía global que había comenzado antes de que los mercados se volvieran locos.
Las crisis financieras y la restricción del crédito no son la causa de la crisis económica, sino su efecto. El ciclo capitalista de boom y recesión tiene causas más profundas. Mientras los capitalistas consiguen beneficios de la extracción de plusvalía, hay “seguridad” y “confianza”, el crédito se vuelve poco riguroso y es fácil de conseguir. Pero cuando el ciclo llega a sus límites y hay síntomas de que los buenos tiempos van a terminar, entonces esta confianza se “evapora”.
Los niveles de especulación y capital ficticio inyectados a la economía durante el último período son como un veneno que debe ser extraído. Pero cuando intentan hacerlo, pueden con facilidad pinchar la burbuja y hacer que todo se desmorone. En ese momento, los acreedores comienzan a exigir el pago de la deuda y ya no están dispuestos a prestar dinero. Lo que exigen son tipos de interés más elevados. Esto reduce la tasa de beneficio y también la demanda. Lo que antes era efecto, ahora es causa, y el ciclo emprende una espiral descendente incontrolable.
Los banqueros ahora están totalmente absorbidos en el casino mundial del capitalismo moderno y son adictos al juego de los mercados bursátiles. El problema es que no juegan con su dinero sino con los ahorros de toda una vida, y los fondos de pensiones de la gente corriente. El aumento del coste del crédito no sólo afecta a los consumidores y propietarios de viviendas, también se alimenta de la tasa de beneficio de los capitalistas. Puede afectar en cierta etapa a la inversión, especialmente si se combina con aumentos de los precios de las materias primas, como el petróleo.
De ser el mayor acreedor mundial, Estados Unidos se ha transformado en el mayor deudor del mundo, su pasivo externo neto supera los tres billones de dólares. La tasa de ahorro ha caído por debajo de cero por primera vez desde la Gran Depresión de 1929. Estados Unidos año tras año ha mantenido un déficit por cuenta corriente del 6.5 por ciento de su PIB, a pesar de todo, la Reserva Federal miraba con complacencia cómo los compradores gastaban alegremente y acumulaban deudas cada vez mayores. Como resultado de esta situación, Asia y particularmente China han acumulado enormes reservas a costa de Estados Unidos.
En un boom, cuando la producción está a pleno rendimiento y hay mucho dinero, también se produce una lucha frenética por el crédito. El exceso de dinero y crédito en esta etapa del ciclo económico juega un papel positivo al engrasar el sistema y proporcionar mucha de la liquidez que se necesita. Cuando todo el mundo consigue dinero nadie se preocupa por mirar de cerca de dónde viene el dinero, o ni siquiera si es dinero real.
El boom de los años noventa y de los últimos cuatro años no se ha basado principalmente en la expansión de la producción real (al menos no en los países capitalistas desarrollados de la OCDE). No, se ha basado en el gasto masivo de las familias norteamericanas y europeas, financiado por un gran aumento de la deuda. Las familias ya no ahorraban, sólo pedían prestado.
Una caída de los beneficios de los bancos conllevaría a una reducción de empleos en el sector financiero. Esta situación provocará una contracción de la demanda, más desempleo y bancarrotas en la industria de la construcción. A su vez, afectará a la demanda de acero, cemento, ladrillos y otras mercancías, provocando una nueva recesión industrial. El colapso de los precios inmobiliarios también provocaría una recesión en la industria de la construcción. Desde el punto de vista estrictamente económico, es muy serio porque el boom de la construcción fue la principal fuerza motriz de la economía norteamericana durante estos últimos años.
El estallido de la burbuja tecnológica del año 2000 llevó a una recesión, pero fue relativamente suave. No hay garantía de que la siguiente sea igual. En la economía el pasado no es una guía para el futuro. La crisis actual en los mercados monetarios ha suscitado la perspectiva de una recesión en el conjunto de la economía. El dólar, a pesar de todo, sigue siendo la “moneda de reserva” del mundo. Una caída profunda de su valor desestabilizaría la economía global.
El gobierno norteamericano está sobre una “plataforma en llamas” de políticas insostenibles y déficit fiscales, un sistema sanitario deficiente, la educación defectuosa, inmigración incontrolable y compromisos militares en el extranjero que amenazan con una crisis si no se hace algo pronto, esta advertencia procede de un alto cargo del gobierno.
En 2000, cuando Bush llegó al cargo, el oro estaba a 273 dólares la onza, el barril de petróleo a 22 dólares y el euro valía 0.87 dólares. En 2007, el oro supera los 700 dólares la onza, el petróleo está por encima de los 80 dólares el barril y el euro vale más de 1.40 dólares.
El boom en Estados Unidos se ha basado en el consumo, alimentado por el crédito. El crédito es una forma de expandir el mercado más allá de sus límites naturales. Pero este proceso tiene sus límites y ahora se han alcanzado. Si los capitalistas no pueden encontrar mercados para sus mercancías, no podrán conseguir plusvalía y estará garantizada una crisis de sobreproducción.
La crisis de 1997-1998 comenzó en Asia y después se extendió a Turquía, Polonia, Rusia, Brasil y Argentina, donde provocó el colapso de 2001. Actualmente, se están preparando acontecimientos similares, pueden ocurrir cambios repentinos en cualquier país del mundo. Es una expresión de la inestabilidad subyacente del capitalismo a escala mundial. No es casualidad que Greenspan titule su reciente autobiografía: La era de la turbulencia.