Opinión

La educación: inversión prioritaria y estratégica


Muy pronto se iniciará, en la Asamblea Nacional, la discusión del Presupuesto General de la República para el año 2008.
Cabe esperar, de acuerdo con las promesas de campaña y por lo contemplado en el convenio suscrito con el F.M.I., que la inversión en el sector social se incremente substancialmente el año próximo, a fin de acercarnos gradualmente al compromiso contraído por el gobierno de hacer todos los esfuerzos posibles para alcanzar los objetivos contemplados en las Metas del Milenio, entre los que se encuentran la reducción substancial del analfabetismo y la universalización de la educación primaria para el año 2010. Actualmente nuestra tasa de escolaridad primaria se sitúa en un 82%.
Igualmente, el gobierno no puede dejar de lado los objetivos del Plan Nacional de Educación 2001-2015, entre los cuales figura la dignificación del magisterio nacional mediante su justa retribución salarial. Dicho Plan contemplaba que para el año 2005 el salario de los maestros nicaragüenses sería equivalente al promedio de los salarios que devengan los maestros de los países centroamericanos, es decir, aproximadamente US$350 dólares mensuales. Esto aún no se ha cumplido, por lo modesto de los incrementos salariales anuales, que ni siquiera cubren el alza en el costo de la canasta básica.
Este año, el Presupuesto asignó al MECD un equivalente al 3.7% del P.I.B. Sin embargo, este Ministerio enfrenta el problema, generalizado en la actual administración, de la baja ejecución presupuestaria en el Programa de Inversión Pública, que según los analistas, en el presente mes de septiembre, se sitúa en apenas un 48%, cuando ya debería estar, al menos, en 70 a 75%. Todo parece indicar que el despido masivo de personal técnico en todos los Ministerios y su reemplazo por personas sin experiencia en el manejo de proyectos y de la cooperación internacional, que financia un alto porcentaje de la inversión pública, ha conducido a esta deplorable situación, que incide en una baja en la demanda de mano de obra, de parte del sector público, para ejecutar estos proyectos.
Hace casi treinta años, en la “Declaración de México” (1979), los gobiernos de América Latina y el Caribe se comprometieron a asignar al sector educativo, en el año 2000, al menos el 7 u 8% del P.I.B. Nicaragua está aún muy lejos de alcanzar esa meta y de cumplir este compromiso, ya que estamos apenas en la mitad del porcentaje comprometido. Un programa del MECD, que merecería ser priorizado en la inversión estatal, es el destinado a financiar el Programa de Nutrición Escolar, tanto por su impacto positivo en la retención escolar como por su contribución a combatir el alto índice de desnutrición que afecta a la población nicaragüense en general (20%) y a la niñez y adolescencia en particular (más de 30%).
Pero no se trata de pedir más para seguir haciendo lo mismo. Hoy día la competitividad de los países depende de su capital humano y éste sólo se forma en sistemas educativos que gozan de calidad y pertinencia. Por lo tanto, si Nicaragua quiere generar un auténtico desarrollo endógeno, humano y sustentable, sobre la base de sus propias fuerzas productivas, necesita urgentemente reorganizar su Sistema Educativo, de manera que responda a una concepción integral, con la debida coordinación entre sus diferentes niveles y la necesaria continuidad curricular entre ellos. Y, principalmente, adoptar políticas y estrategias para elevar la calidad y pertinencia en todos los niveles del sistema.
El promedio educativo de nuestra población no llega ni a la educación primaria completa, mientras que en Costa Rica ya se acerca a los nueve grados. Somos, además, el país que menos invierte por estudiante al año: ni siquiera cien dólares, en contraste con Costa Rica o Panamá, que invierten más de seiscientos.
Si el siglo XXI es el siglo del conocimiento, la información, el saber, la educación y el aprendizaje permanente, Nicaragua ha ingresado en él sin el equipamiento intelectual mínimo necesario para competir en un mundo globalizado y de mercados abiertos. Y no podemos seguir esperando, indefinidamente, que la cooperación internacional, tan criticada por nuestro Presidente en su discurso en las Naciones Unidas, siga asumiendo un alto porcentaje de los fondos necesarios para financiar nuestro presupuesto. Para superar esta situación, el mejor camino es el de invertir en nuestra gente, que es nuestra mayor riqueza.
Ojalá que en los próximos debates acerca del Presupuesto, en el seno de nuestra Asamblea Nacional, se tenga presente que hoy día, más que nunca, la riqueza o pobreza de las naciones dependen de la calidad y pertinencia de sus sistemas educativos. Son los buenos sistemas educativos y las buenas políticas de desarrollo científico-tecnológico y de innovación los que determinan el lugar de los países en la sociedad mundial y la calidad de vida de sus pueblos.

Managua, octubre de 2007.