Opinión

Feo es que nos venza el tiempo, y aún más que nos rindamos nosotros


Para quien, como yo, no se ocupa de conservar todo lo que escribe con la pretensión de perennizar lo que supone es prueba de su “talento”, el hecho de haber recibido una carta del señor Mario José Borge Castillo (a quien no conozco), y junto a ella un recorte de Barricada del 5 de noviembre de 1983, ¡hace 24 años!, con un artículo mío, me hace pensar que quizás no todo lo que acostumbramos hacer sea razonable. ¿Por qué? Porque al no volver la mirada hacia atrás, aunque sea pocas veces, nos privamos de constar si después de tantos años transcurridos seguimos siendo fieles a sí mismos, a lo que creemos justo o a la causa que decidimos acoger y acogernos. Es que lo malo no es que el tiempo nos cambie, sino que cambiemos nosotros.
La carta del señor Borge Castillo no sólo contiene elogios personales que debo agradecer, más por su generosidad que por creer merecerlos; también contiene una crítica a lo que el remitente considera “injusto y equivocado” de mi parte, lo cual tampoco puedo dejar de agradecer. La carta es corta, y por eso la transcribo:

Managua, 1 de octubre de 2007.
Distinguido periodista:

Soy asiduo lector de EL NUEVO DIARIO y he de confesarle que sus escritos son de mi agrado en un 90%, pues usted demuestra ser una persona honesta y valiente, ya que llama las cosas por su nombre. También he de decirle que algunos de sus artículos los recorto y guardo para futuras consultas y “fuentes de información”.
En lo que disiento de usted es en lo concerniente a las “críticas” a la Iglesia Católica como institución, pues yo considero que es injusto y equivocado responsabilizar a la Iglesia en general por acciones o conductas personales de algunos de sus miembros que actúan tal vez equivocados en temas o acciones no eclesiales. No es justo, repito, que la Iglesia cargue pecados o culpas personales de algunos clérigos, por muy obispos o cardenales que sean. La Iglesia, don Onofre, somos todos los bautizados (habemos más de un millón de católicos) que formamos esa gran comunidad de fe que profesamos y tenemos la osadía de llamarnos cristianos.

Reciba un atento saludo, y aprovecho la ocasión para presentarle mi más sentida consideración.

Muy atentamente,

Mario José Borge Castillo

No recuerdo haber escrito algún ataque directo a la Iglesia Católica como institución, pero no voy a negar que alguna vez haya escrito algo que, a la sensibilidad de católico sincero, así le hubiera parecido al señor Borge Castillo. Pero, por si lo hice alguna vez, hago esta aclaración. Me confieso un absoluto desinteresado acerca de los dogmas bíblicos; no obstante, vivo mi realidad, a la cual pertenecen jerarcas y sacerdotes que se han casado con Cristo y su Iglesia, y eso supone mutua pertenencia, de donde se deriva que la institución-iglesia no es si no el reflejo de la actuación de sus jerarcas y sacerdotes --de todos los niveles--, porque la institución no piensa ni habla, sino a través de ellos, y éstos no dicen nada fuera de los dogmas, que también han sido creados por otros como ellos.
Admito que mi opinión puede no valer nada, pero hay una voz más autorizada que la de cualquiera: la de la historia. Aún haciendo abstracción de los miles de años anteriores al comienzo de nuestra historia y ajenos a nuestro continente: desde la llamada “conquista”, o sea, el coloniaje, hasta este momento, no se encuentra un solo minuto en el que la Iglesia Católica oficial no haya sido factor espiritual del poder material de las clases dominantes. Entonces, es imposible pensar que jerarcas y sacerdotes actúan desligados de la institución-iglesia y que ésta pueda actuar sin el criterio de ellos.
¿Que la Iglesia son todos los bautizados? No lo sé. Pero me disculpo por pensar que es sólo una frase compasiva hacia los creyentes, porque no se conoce de la existencia de mecanismos prácticos de consulta de los jerarcas a los feligreses en asuntos dogmáticos ni de otra índole, sino todo lo contrario: quien no respeta el dogma es tratado como un hereje. Hay un verticalismo absoluto y .por eso la represión de la Iglesia oficial contra los teólogos de la liberación.
A quienes se les reconoce su derecho a decir que no hablan a nombre de la iglesia oficial, sino del pueblo cristiano, y por su valor de expresarlo, es a los sacerdotes creadores y protagonistas de la Teología de la Liberación. Y no hay forma de confundirlos con los otros por una diferencia fundamental que los distingue; ellos son los reprimidos, los otros son los represores; ellos no negocian con su fe, los otros son indulgentes con ladrones y corruptos con poder. Puntos de vista como éstos, tal vez son los que el señor Borge Castillo ha tomado como un ataque a la Iglesia, lo cual no lo puedo evitar, pues, como él dice, trato de llamar “las cosas por su nombre”. Pero si esto ofende sus creencias, le doy mis disculpas.
En referencia al artículo, se trata de una observación crítica a lo que en aquel año 83 fue o sería --en verdad no me acuerdo si se efectuó-- una reunión entre la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y la Conferencia Episcopal, supuestamente para discutir sus diferencias y encontrar acuerdos. El artículo lo titulé “Lo seudo religioso, mampara política”, y el recordado Róger Sánchez lo ilustró con un dibujo suyo. Voy a reproducir sólo un párrafo:
“¿Qué se espera, entonces, del encuentro gobierno-jerarquía? Lo único que reclama el patriotismo. Que se comprenda de una vez que los intereses de Nicaragua y su Revolución --agredidas y además amenazadas con mayores agresiones--, no se juegan sobre el tapete seudo religioso de sus adversarios. Frente a la voluntad política imperialista de acabar con nuestra Revolución, sólo cabe la voluntad política de defenderla… o de callarse, que no es la actitud más digna, pero no es tan estigmatizante como la complicidad explícita con el enemigo.”
Al margen del recorte que contiene mi viejo artículo, el señor Borge Castillo escribió a máquina: “Nota: Esta postura favorable al gobierno del FSLN (década de los 80), ya no es válida, pues Daniel la desmintió al pedirle “perdón” a la Iglesia, “convertirse” al catolicismo y comulgar frecuentemente. ¿Cómo lo ve usted?”
Veo que mi posición de entonces sigue siendo válida, en el sentido de que no era sólo “favorable al gobierno del FSLN”, sino a la revolución, por cuyo triunfo murieron miles de hombres y mujeres --entre ellos, hijos míos-- y a la cual yo estaba integrado totalmente; de forma que no tengo motivos para renegar de nada de ese pasado. La que ya no sigue siendo válida es la posición de Daniel Ortega, por esas razones que usted hace notar, y por muchas otras, pues para mantenerse con y en el poder ha hecho concesiones y todo tipo de arreglos que se lo permitan, así ya no se parezcan en nada a sus antiguas posiciones y hasta se opongan a los fines y principios que en otros tiempos dijo --y aún dice-- sostener.