Opinión

La elite salvaje


Una cardiopatía isquémica más taquicardia ventricular pusieron en jaque mi existencia, sacándome de la página de Opinión de END durante algunos meses. El cardiólogo me recomendó llevar la vida más al suave y como aquí vamos como el tango, muy rosados chichas cuesta abajo y de rodada, esto resulta prácticamente imposible. Así que me dije, no seré el primero ni el último que muera de periodismo, y comencé a escribir esto para sacarme unas espinas patafísicas que hincan mi corazón
Mi primera emoción al teclear estas palabras aflora para no agradecerles a los delincuentes juveniles, culpables de lesa literatura y ramerismo internacional, Eunice Shade, Rodrigo Peñalba y William Grisgby Vergara, que hayan inaugurado una sección bajo mi célebre nombre (que muchos creen seudónimo) en el sitio Marca Acme. Esto lo hizo esta troika de perversillos con el avieso propósito de lanzar sus puyas, vindictas y denuestos contra personas a las que yo nunca calificaría así. En penitencia, estos tres romeros tendrán que visitar el Santuario de la Virgen de Cuapa y realizar actos de caridad, no sólo con Karlos Navarro, sino que deberán celebrarle el cumpleaños siempre a Francisco Sancho Más, so pena que la fama literaria tan ansiada por esta elite marginal sea más breve que la de un cachinflín.
A propósito de elites, C.Wright Mills, el célebre sociólogo norteamericano autor de Escucha Yanqui, inspirado en las ideas de Pareto y Mosca, concibió y llenó de sentido con sus investigaciones el concepto de elite del poder. Wright Mills en su libro La Elite del Poder, puso en evidencia que quien controlaba el poder en los Estados Unidos en las décadas de los 50-60, es decir en plena calentura de la guerra fría, era el entonces desconocido e inédito complejo-militar-industrial. Aclarándonos que ni el mismo Presidente de los Estados Unidos, ni el parlamento bicameral norteamericano, ni la Corte de Justicia (también poder electoral directo en USA, como lo demostró la elección Bush-Gore), ni los partidos políticos en el gobierno, formulaban las directrices de la política estadounidense, sino que esto lo hacía el siniestro cartel arriba citado (military-industrial complex). Este cartel ha variado en la actualidad, según el cineasta Michael Moore, quien ha evidenciado la existencia de un nuevo complejo Bush-Cheney-military-enterprise complex.
En Nicaragua estamos acostumbrados a que algunos líderes se llenen la boca re-citando la frase el capitalismo salvaje, de su ex Santidad Juan Pablo II, cuyos únicos aciertos fueron contribuir a la caída del socialismo realmente existente (burocrático, brutal e inhumano) y haber caracterizado así al capitalismo. Estamos convencidos de que los métodos, tácticas y resultados trágicos e inhumanos del capitalismo han honrado el epíteto que Wojtyla le endilgara. Realmente no es nada ejemplar tener al 50 % de la población mundial sobreviviendo con dos dólares diarios y a 1,200 millones de personas muriendo con un dólar diario. Los supuestos salvajes, sean indios salvajes americanos o aborígenes de África y Oceanía, por muy caníbales que fueron realmente, son unas Madres Teresas de Calcuta, unos San Franciscos de Asís o meros niños de pechos frente a los capitalistas que rigen los destinos del planeta.
Creo que mi corazoncito no estallará si doy un saltimbanqui del capitalismo salvaje globalizado a ciertas prácticas crueles, despiadadas e inhumanas que se han estado utilizando en Nicaragua. Como son someternos a una desenfrenada carrera alzística del costo de la vida y sus derivados (también ha subido el costo de la muerte), los prolongados apagones que nos hacen regresar olímpicamente al siglo XIX y que están deflatando nuestra frágil economía, los métodos cavernarios, crueles, degradantes que se están utilizando para deshacerse de la burocracia estatal heredada (despidos), donde se han llevado en la balastra a verdes, rojos, amarillos y rojinegros, la centralización autoritaria en la toma de decisiones políticas, las corruptelas y prácticas de coimas y comisiones exigidas por un sector en el poder, las plumas de las ansias de perpetuación en el poder que se ven bajo las gorras y las viseras, etc.
Todo lo anterior más otros problemas han ido construyendo una peligrosa poética del desencanto que, como turbia neblina, envuelve al actual gobierno. Mujeres y hombres probados ante la historia como sandinistas auténticos hoy están despotricando y amenazando con ejercer un voto castigo para las elecciones municipales en contra del FSLN, por tanta felonía cometida. En artículos pasados tuve el alcance de señalar que este gobierno no era un gobierno de partido, sino que era proclive a ser un gobierno de la familia gobernante. También con el sometimiento de los líderes históricos y cuadros intermedios de las estructuras partidarias a la voluntad y caprichos del ápice del poder, el FSLN demuestra una vez más que es una organización especialista en barrer hacia fuera sus mejores cuadros, militantes o simpatizantes y cada día que pasa, lamentablemente, se confirma como un espacio político donde los oportunistas de toda laya hacen carrera meteórica y triunfante.
Oportunistas de cualquier género aplicados a alimentarse con eficiencia de las migajas caídas de la suntuosa mesa de la elite salvaje del poder. No nos bastó y al capitalismo salvaje le añadimos la elite salvaje. Y por lo visto, empeñados ambos, a dejar nuestras humildes mesas vacías de alimentos y lo que es peor, sin luz, agua, esperanza y fe.