Opinión

Banco Mundial, riquiescat in pace


El Banco Mundial agoniza rechazado por un gran número de movimientos sociales, desacreditado por el nepotismo de Wolfowitz y atacado por varios gobiernos de Latinoamérica que están organizando el Banco del Sur con ideología totalmente diferente. Su bancarrota es producto de 60 años de malos manejos. Debe rendir cuentas sobre muchas cuestiones. Nombraré algunas. El Banco Mundial utilizó el endeudamiento con objetivos geopolíticos y sostuvo sistemáticamente a los aliados del bloque occidental. Particularmente a los dictadores Somoza, Videla y Pinochet. A Mobutu Sese Seko, en Zaire, Suharto, en Indonesia, Ferdinando Marcos, en Filipinas, y al oprobioso apartheid, en Sudáfrica. Todos violadores de los derechos humanos y ladrones de sumas considerables a sus pueblos. Esa política sigue pues el banco que apoya a Musharraf en Pakistán. El Banco Mundial a finales de los sesenta del siglo anterior transfirió a numerosos países africanos que acababan de independizarse (Mauritania, Gabón, Congo, Nigeria, Kenya, Zambia) las deudas contraídas por las ex metrópolis para sus planes colonizadores, en total violación del derecho internacional.
El Banco Mundial sigue una política que reproduce la pobreza y la exclusión en lugar de combatirla. Los países que aplicaron sus pretendidos remedios se hundieron en la miseria. Sostuvo las políticas de ajuste estructural promovidas por las grandes potencias y el FMI, que condujeron a una drástica reducción de los presupuestos sociales, a la supresión de subvenciones a los productos básicos, a las privatizaciones masivas, a una fiscalidad que agrava las desigualdades, a una liberalización forzada de la economía. Además de poner a los productores locales en situación de competencia desleal con las multinacionales. Todas estas medidas deterioraron terriblemente las condiciones de vida de las poblaciones y llevaron a la colonización económica.
En Africa, la cantidad de personas que malviven con menos de un dólar por día se duplicó, más de 200 millones de personas pasan hambre y en 20 países la esperanza de vida está por debajo de los 45 años. Una situación explosiva. Hace unos meses el defenestrado presidente del banco, Wolfowitz, reconoció haber concedido a su novia un aumento salarial de 45%. Nada menos.
Por lo tanto, sólo se puede pensar en una salida. Disolver dicho Banco y reemplazarlo enmarcado en una nueva arquitectura internacional. Crear un fondo mundial de desarrollo en Naciones Unidas, relacionado con bancos regionales de desarrollo dirigidos directamente por los gobiernos, con funcionamiento democrático transparente.
Venezuela se salió del FMI y del Banco Mundial. Ecuador expulsó al representante del FMI en Quito. En los últimos años, otros países latinoamericanos han llevado al mínimo su relación con ambos organismos, algunos han pagado por anticipado sus deudas y se han salido. El golpe de gracia parece cercano, el camino está trazado y ya se han dado algunos pasos. Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Venezuela están en vías de sentar las bases de dos instituciones nuevas: un Fondo Monetario y un Banco del Sur.
No sé si lo dijo Ortega en Naciones Unidas, pero Nicaragua se ha incorporado al grupo de países que participan en la conformación del Banco del Sur. Desde hace varios años lucha por la anulación de la deuda del tercer mundo, pues ya ha sido pagada varias veces. También impulsa la iniciativa de que se realice una auditoría a la deuda del mundo en desarrollo, pues muchos préstamos han ido a parar a cuentas de gobernantes corruptos, con la beatífica complacencia del Banco Mundial.