Opinión

Mujer: Deber y derecho a defender la vida


Del derecho de la vida ya se ha dicho y escrito bastante; más bien se debe profundizar en el deber de la vida.
Desde el inicio de la creación uno de los principales Estatutos regidos para la supervivencia fue el principio de no matarás. Aclarando, la palabra es supervivencia y no sobrevivencia. Sin embargo, nosotros, creación divina y única con raciocinio e inteligencia es lo que más hemos practicado desde el inicio de la sociedad.
Mi intención no es la de defender a un movimiento feminista, el cual, según información, noticias y datos que son de conocimiento público no dan honor al calificativo “femenino”; que se traduce en honor, respeto, dignidad, virtud, fragilidad, sabiduría, inteligencia y mucho más, y que con sus actos más bien parecen una guerrilla insurgente, sin ningún freno, ganando con sus actuaciones el repudio de una gran mayoría y dejando a un lado el “verdadero objetivo” por el cual dicen pelear, que es la vida. Asimismo, tampoco pretendo defender un clero religioso que a lo largo de la historia ha estado separado de los verdaderos principios bíblico-cristianos.
Sin embargo, ¿cuál vida es la que se defiende? O mejor dicho, ¿qué tipo de vida es la que se defiende? Pregunto: ¿Por qué estos movimientos no defienden la vida de la mujer de manera integral? pues el concepto mujer no sólo se reduce a la sexualidad, ¿Es éste acaso el único tipo de maltrato que sufren las mujeres en la sociedad? ¿Por qué sólo se enclaustra a la mujer en la sexualidad? ¿Será que aún ellas mismas no tienen otra manera de concebirse como mujer? ¿Sirve la mujer sólo para la sexualidad, o está sujeta la mujer sólo al maltrato sexual?
Las estadísticas revelan que la violencia en contra de la mujer no sólo es aquella que los noticieros rojos y poco educativos revelan a diario, también existen latentes en la sociedad otras violaciones a las que son sometidas una gran mayoría de mujeres, no olvidemos que una sociedad machista como la nuestra la mujer sufre discriminaciones sólo por el hecho de haber nacido una fémina. Desde la niñez hasta la vida adulta la mujer es relegada y vista como un objeto; de niña debe aprender a lavar, cocinar y planchar, ¡Ah! Y no sólo para ella, sino que también debe servirle a los hermanos varones; si los tiene, si el presupuesto ajusta va al colegio con muy pocas perspectivas de coronar si quiera el bachillerato, ya que en la edad adolescente un alto porcentaje, esto es antes de los 17 años, sale embarazada y cíclicamente vuelve a encerrarse en las labores domésticas.
Privilegiada es la mujer que corona una profesión y puede optar a un mundo estigmatizado sólo para hombres, como ustedes amigas féminas que dicen defender la vida. Sin embargo, tampoco las mujeres profesionales nos salvamos de la discriminación de género, porque los mejores salarios y cargos son ostentados por hombres, no es esto acaso digno de defender: propiciar iniciativas de ley y velar por el cumplimiento de las mismas. Leyes que establezcan el respeto a la mujer en el amplio sentido de la palabra, dándole honor, respeto y oportunidad de mostrar sus virtudes y capacidades (si las tiene), atreviéndome a decir que por naturaleza Dios puso en la mujer; virtud, naturaleza y capacidad para amar, cuidar, y defender hasta con su vida misma lo que ella más ama, desde su familia hasta la autorrealización que es el valor más alto en la vida del ser humano, según las necesidades en la pirámide de Maslow.
Es un deber y no sólo un derecho que tenemos las mujeres de defender la vida, y no defender la vida de una manera errada, promoviendo arrancar del vientre una vida no deseada, porque en la mayoría de las ocasiones, esa vida (que tampoco pidió ser concebida en ese vientre bendecido con fertilidad) fue concebida en un momento de sexo casual y el padre de ese bebé no asume alguna responsabilidad paterna, o porque el padre de este bebé abandona a la mujer cuando sabe del embarazo, otro de la justificante es que ya el número de hijos ideales ya estaba completo en la familia y ese otro niño que viene ya no es “deseado”, o en el mejor de los casos ya conocidos por todos es el del presupuesto familiar, pues ya no alcanzan esos dos dólares diarios para “otro” miembro más en la familia. ¿No están también estas razones bien explícitas en las constituciones de los países que dicen defender la vida, aprobando el aborto, mal llamándolo aborto terapéutico?
Es esto realmente lo que hoy deseamos que nuestra constitución también se iguale a la de estos países que a diario asesinan un sinnúmero de vidas inocentes que no se pueden defender? Y así tener más ínfulas de grandeza, soberbia y prepotencia al aseverar la tan trillada frase “mi cuerpo es mío y yo decido qué hacer con él”, no será más bien esto una justificante para dar muerte a miles de bebés, y no por la verdadera defensa de la vida de la mujer, porque la mujer que ama de verdad ésa defenderá la vida en todo el sentido integral de la palabra.
Y si no miremos el tan trillado y espantoso caso Rosita, justificando este movimiento su razón de ser, escandalizaron fría y calculadamente este caso, ¿salvaron a la menor, cuidaron de su reputación y dignidad de mujer?, NO, en la realidad provocaron en la niña más trastornos psicológicos sometiéndola a tal aborto, sin arrancar el verdadero mal de raíz: el victimario, que vivía con la misma víctima y que la siguió sometiendo a sus libinosidades.
¿¡Qué vida y qué tipo de vida es la que se defiende? Hay evidencias que muestran las verdaderas intenciones detrás de todo este teatro. Mujeres que sí defienden la vida son aquellas capacitadas para amar, abrigar, cuidar, nutrir y proteger lo que os ha sido puesto en ese vientre materno, porque a la postre ese niño precioso no querido tiene más huellas y parecido a la mujer que al hombre. No es cierto esto madres abnegadas que sin ver atrás aman y luchan a diario por esa criatura que les salió del vientre. Defendamos pues la vida; don de Dios.