Opinión

Más vale tarde que nunca


Reza el refrán: “Nunca es tarde si la dicha es buena”, que en otra forma de entender corresponde al nuestro que lleva el título de este artículo. Si las consecuencias de la tardanza son positivas, bien valió la espera. Como preámbulo de mi opinión escrita, valga dicho refrán de respaldo a la 1ª Coalición por la Unidad Democrática. Unificar las fuerzas democráticas o bien a la derecha. Como lo pongamos, es saludable.
Tanto se ha escrito sobre la unidad, que no terminamos de referirnos a ella, aunque llenemos páginas, libros o atiborremos nuestras mentes de discursos y temas relacionados con la unidad democrática.
Eduardo Montealegre no es santo de mi devoción, pero alegra saber que con otros líderes liberales, socialdemócratas, conservadores, etc., se agrupará en la 1ª Coalición por la Unidad Democrática, buscando el término feliz de acabar una vez por todas con el binomio dañino que gobierna nuestro país desde el mes de diciembre de 1997 (fecha en que se realizó la primera parte del pacto).
Los pactos, además de necesarios, sirven de herramienta para lograr arreglos políticos que ayuden a superar crisis de ingobernabilidad. Pero en el caso nuestro, ha distorsionado la realidad política y doblado los pilares de nuestra infantil o casi adolescente democracia. Las instituciones que hasta Somoza respetó: como nuestro augusto y colegiado cuerpo de juristas conocido como Corte Suprema de Justicia, se han politizado. Ha perdido su fama de sabio, prudente e independiente, así es percibido a nivel nacional nuestro Máximo Tribunal de Justicia.
Igualmente, la Asamblea Nacional, que debido a que sus miembros son electos por planchas y otras medidas no muy democráticas no gozan de criterio político autónomo, lo cual les convierte en sumisos y obedientes diputados. Un magistrado, un diputado, no se debe al caudillo de turno, sino a sus electores, quienes le exigen moralidad, patriotismo y conciencia cívica. De las otras instituciones del Estado, mejor ni hablar, ya que en un 100% los nombramientos de sus directores o magistrados obedecen al orden estricto de repartición de cuotas de poder.
Pero siguiendo con la unidad democrática, me place reconocer públicamente que es un acertado esfuerzo de nuestros políticos todavía no alineados para concretar lo que será un día no lejano la tercera fuerza o dique político que dará cuenta del pacto de los caudillos. El suscrito señala en artículo publicado en este mismo diario que “Los liberales, conservadores, socialcristianos, renombrados sandinistas y demás fuerzas democráticas, deben buscar la unidad para llegar a una verdadera reconciliación, a una mayor apertura sin exclusiones, con la participación de todos los dirigentes políticos…” (END 27/08/07).
El PLC perdió su brújula y su norte, ya no es la democracia, merced al dominio y manipulación política, que el doctor Arnoldo Alemán ejerce desde el CEN.
En cuanto a la 2ª reunión del recién pasado domingo, también es saludable, porque el protagonismo político que buscan sus líderes tendrá eco en los dirigentes de la primera. Excelente ejercicio democrático ha sido el de nuestros líderes políticos, quienes por fin tratan de ponerse de acuerdo. Es una lástima que el Movimiento Renovador Sandinista no forme parte de esta coalición. Éstos tienen la experiencia y conocen muy bien al adversario político. Sería loable su incorporación sin perder su identidad, por supuesto. Porque de eso se trata, de una lucha política con el propósito de compartir el poder en forma ordenada, poniendo cada grupo lo mejor de sus valores humanos en beneficio de un pueblo engañado, maltratado y heroico.
Que la voluntad política de nuestros líderes, iluminada por Dios, nos lleve a la unificación de la derecha y que el centrismo e izquierda moderada también se unan, encendiendo la llama del patriotismo y del valor ciudadano.
Hacia la verdadera libertad ideológica por una reconciliación nacional y unidad democrática auténticas.
acastell46@yahoo.com