Opinión

Se busca anticaudillo sin codicia


Roberto Currie seguía comiendo hamburguesas de soya en el extranjero, por lo que aquella mañana a Sherlock y Watson únicamente se les habían unido el de Managua, el de Masatepe, Caresol y Sanjinés. Por su parte Alejandro Magno y sus aguerridos acompañantes acababan de citar una vez más la advertencia de Aristóteles sobre que reelegirse es como reencarnarse; el General macedonio se dio la vuelta para recomendar: “El problema de Nicaragua son los caudillos y sus pactos, y los serviles que alrededor de esos funestos personajes propician dichos pactos y los llaman reconciliación, hambre cero, Consejos del Poder Ciudadano, Presidencialismo y Parlamentarismo. No se dejen confundir, porque el único propósito real de todo eso, es perpetuarse en el poder a través de cualquiera de las formas de reelección. No olviden la advertencia de Aristóteles, pues nada remoto es que esos caudillos sean reencarnaciones de Anastasio Somoza García y Emiliano Chamorro. El General Sandino, me consta, está que truena y ése si no anda reencarnando en nadie, pues es un privilegio que le otorgaron en el más allá, por ser antipacto y honesto. Por ello lo mejor es que, con el consenso de todos, se busquen un anticaudillo que no sea codicioso ni se crea imprescindible, ya que con esas cualidades lo apoyarían millones de anticaudillos que de ser necesario lo pueden relevar en la lucha o seguir a su lado hasta terminar con el caudillismo y la corrupción. Esto me lo dijo el General Sandino, indignado hasta los tuétanos cuando hace poco vio, cómo producto del pacto de la ignominia, al Caudillo condenado por actos de corrupción, paseándose olímpicamente en el Primer Encuentro de Cortes Internacionales y Regionales de Justicia. Si los magistrados con que cuenta la
Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, son un escarnio para la misma, piensen en ese escarnio magnificado con la presencia de Arnoldo Alemán en un evento de esa naturaleza. Si ya solo faltó que lo nombraran Magistrado Honorífico”, dijo despidiéndose.
Caresol intervino: “De todo esto lo que yo comparto es la necesidad de un anticaudillo y ya. No me importa que sea trompudo y feo, pero que sea honesto y que tenga una presencia permanente en Nicaragua, denunciando y combatiendo la hipocresía y la miasma en que poco a poco nos están ahogando. No me importa que el anticaudillo sea de baja estatura, si su ego no la supera. Hasta un ratón podría ser, si sus motivaciones obedecen a intereses nacionales y no a imperialistas. Porque el caudillismo nació por culpa de la penalización del aborto terapéutico y es la Madre Patria la que agoniza por haber mal parido a los gemelos de la maldad y la corrupción. Son los caudillos; los gemelos de la perversidad bautizados, confirmados y hasta casados por el Cardenal Obando”
Los Caminantes estaban impresionados con la imagen virtual con que Caresol acababa de caracterizar la situación de Nicaragua. Por la enfermedad del primero, Sherlock, Watson se habían regresado para la casa, y el de Managua dijo: “De lo que los políticos deben de estar claros, es que en la lucha contra el caudillismo no debe de haber derecha ni izquierda, pues no las hay en los caudillos adversarios y tienen esa ventaja. Ellos sí, zorros del mismo piñal, actúan y asume uno el papel de demócrata, y el otro el de revolucio­nario, y así salen desempolvadas las perniciosas paralelas históricas. En cambio en nuestras filas la unidad pasa por los prejuicios ideológicos y surgen coaliciones, como la Coalición Opositora Unidad y la Alianza Democrática Nicaragüense, aparentemente mejor dispuestas ideológicamente a enfrentarse entre sí a la hora de convencer a la clientela política, que al verdadero enemigo que es el caudillismo”.
Intervino el de Masatepe: “También deben estar convencidos que el verdadero Sandinismo no es enemigo, sino la mejor carta a la hora de desenmascarar al falso, y como verdadero me refiero al MRS. Porque como bien decía el de Managua, aquí la lucha es contra la corrupción enquistada y cultivada en agrupaciones que compartiendo el poder se visten de derecha e izquierda, pero que son el centro aglutinador del nepotismo, el continuismo, el pactismo y el caudillismo, todo lo cual se puede resumir en que en ese pacto ha reencarnado el somocismo y al cubo. La pantomima de los caudillos es un burdo carnaval de disfraces, bajo los cuales no hay derecha ni izquierda, sino la decisión tomada de oprimirnos. ¿Le importa a alguien que sea un Presidente o un Primer Ministro el próximo dictador? Lo que sí hay que estar claros, es que hasta puede haber sucesión dinástica con cualquiera de las dos figuras, y que eso lo arreglan los estilistas en el gran camerino del pacto. Sí señores, antes de que se tenga que reeditar la larga y sangrienta lucha contra la dinastía somocista, quitémosles cívica y unitariamente los disfraces a los farsantes. La lucha está planteada”, concluyó, y todos los anticaudillistas asintieron.
Managua, 11 de octubre del 2007.