Opinión

Los condenados de la tierra


Juan Pérez logró acariciar el sueño de su vida: su elevado índice académico lo convirtió en fuerte aspirante a una beca en el extranjero, pero a la hora de llenar sus papeles se encontró con un obstáculo legal que le truncó su sueño: sus padres, por ignorancia e indolencia, lo inscribieron dos veces con nombres y apellidos diferentes. Juan tiene dos asientos y, por lo tanto, debe arreglar su situación. Ahora tiene que promover un juicio civil para definir de una vez por todas su identidad.
Conozco otro caso más grave todavía. Anselmo es un joven que lava carros en una institución estatal, y conversando una vez con él me expresó con preocupación y vergüenza que sus padres, fallecidos, nunca lo inscribieron. Por lo tanto, Anselmo, jurídicamente, no es ciudadano, y a sus veinte años no puede gozar de los derechos que le consignan las leyes de la República. Anselmo está condenado a la muerte civil. No tiene acceso a un empleo digno, ni a educación ni a salud, derechos constitucionales. Su futuro es incierto. Su destino, una quimera.
Casos como los de Juan y Anselmo hay miles en Nicaragua. Fuentes extraoficiales aseguran que existen al menos trescientos mil nicaragüenses que se encuentran en un limbo. La mayoría de éstos son nicaragüenses mayores de dieciséis años, con problemas registrales que le impiden obtener su cédula de identidad. Sin este documento no pueden buscar empleo ni casarse, ni aspirar a becas u otros beneficios en los que su condición jurídica es un requisito.
Un reciente estudio comparado sobre las Reformas al Sistema de Registro Civil e Identificación de las personas en cuatro países latinoamericanos, realizado por el IFES, revela que Nicaragua es uno de los países con más niños no registrados en su sistema. Se habla de treinta mil niños excluidos anualmente y, por lo tanto, sin acceso a los derechos fundamentales que establecen la Constitución Política y las leyes. Estos niños y niñas, no registrados en el sistema, tienen un futuro incierto. Sin una identidad que les garantice el acceso a las leyes, estos niños se encuentran más vulnerables a ser víctimas de violaciones, vejaciones y crímenes. Ellos no se encuentran protegidos legalmente y, por lo tanto, la muerte ronda sus vidas.
El dato es preocupante si tomamos en cuenta que el Estado nicaragüense no asigna recursos para la promoción y el funcionamiento del Registro civil de las personas, ni existe una campaña de educación cívica sistemática y segmentada dirigida a formar una cultura registral en los habitantes de la ciudad y del campo, para que inscriban a tiempo sus hechos vitales.
Pero además de los problemas culturales que enfrentan los Registros en América Latina, la pobreza y la indigencia en que viven miles de personas es otra de las causas por las cuales existe un sub-registro alarmante.
“… La pobreza constituye el dato central de la situación del registro de nacimientos en Nicaragua, y se expresa, a nivel estatal, en la imposibilidad de presupuestar y asignar recursos financieros suficientes para sostener un sistema de Registro Civil eficiente, gratuito y universal, y a nivel social, en la incapacidad de la población para solventar los costos directos e indirectos”, señala un Diagnóstico sobre el Registro de Niñas y Niños en América Latina, elaborado por Plan Internacional Nicaragua.
Por eso creo que la inscripción de nacimientos en Nicaragua debe convertirse en una política de Estado, que goce del respaldo presupuestario del Poder Ejecutivo y de los organismos internacionales que desarrollan proyectos de promoción. Si el registro de los nacimientos no se eleva a política de Estado, corremos el riesgo de seguir excluyendo del sistema a miles de niños y, por lo tanto, seguimos engrosando la lista de los condenados de la tierra.
Sin embargo, para que las familias comprendan la necesidad de registrarse es importante que el Estado y los organismos internacionales de cooperación formen una alianza con los medios de comunicación social, que son los instrumentos mediáticos por excelencia capaces de generar en la ciudadanía la sensibilidad necesaria para que registren a sus seres queridos y puedan convertirse jurídicamente en ciudadanos, con deberes y derechos.
Pero, ¿cómo se formaría esta alianza? Ahí está el detalle. En la actualidad, la agenda de los medios de comunicación está dirigida fundamentalmente a abordar temas relativos a la corrupción y al poder político, y se olvidan de los problemas cotidianos de los ciudadanos. Los grandes Medios se concentran en fiscalizar al gran poder, y dejan abandonados y en la indefensión a miles de personas que se debaten entre la pobreza, la corrupción y el olvido institucional, y para colmo, no son legalmente ciudadanos.
Una manera en que los comunicadores puedan incorporar en su agenda diaria el problema del subregistro de personas es proveyéndoles constantemente de información que organismos hacen circular en congresos y seminarios internacionales, para que puedan divulgar en sus respectivos medios de comunicación estrategias, acuerdos, encuestas e investigaciones sobre los problemas culturales y políticos que enfrentan los sistemas registrales de cada país.
El próximo 28 de agosto se realizará en Paraguay, Asunción, la Primera Conferencia Regional sobre Inscripción de Nacimientos, auspiciado por Plan Internacional y la Organización de Estados Americanos (OEA). En dicha conferencia participarán delegaciones gubernamentales de los países de América Latina que abordarán durante tres días la situación actual en que se encuentran los Registros de cada país. Por Nicaragua participarán el magistrado del Consejo Supremo Electoral, José Luis Villavicencio; Mariela Greco, Representante de Plan Internacional en Managua, y funcionarios de otros poderes del Estado y organismos internacionales. Supongo que de esta conferencia saldrán estrategias sobre cómo acercar el Registro a los sectores más pobres de América Latina. Cada país presentará un breve diagnóstico sobre el Registro de niñas y niños, y se aprobarán recursos financieros y proyectos que garanticen reducir el subregistro de personas en la región y acerquen el sistema a las zonas más difíciles y a las personas más pobres. La tarea es titánica. El problema no es solamente cultural, sino mental. Los latinoamericanos somos empobrecidos de bienes y de espíritu.
Como diría Arturo Zamora, amigo, sociólogo y excelente comunicador social que se ha encargado de hacer visible la labor de los organismos internacionales, la misión de esta conferencia será buscar estrategias que acerquen al ciudadano más al sistema. Son plausibles las unidades móviles rurales, los teatros callejeros para sensibilizar a la gente, pero se necesita más. Suena fácil decirlo, pero no sé por qué razón, además de la pobreza y el subdesarrollo, hay una animadversión casi atávica a no registrarse, a autoexcluirse, a seguir perteneciendo a esa ancha franja de olvidados y condenados de la tierra.
Es el momento de rescatar a miles de personas del olvido. La única manera de incorporarlos a la vida institucional y constitucional es registrarlos. Sólo a través del registro la persona puede acceder al Derecho, y a través de éste acceder a la justicia y equidad social. El Estado, los organismos internacionales y los comunicadores tenemos la obligación de hacer visible a esas miles de personas que viven en nuestro mundo, entre los que se encuentran un porcentaje considerable de niños y niñas que no existen jurídicamente y que por lo tanto están condenados al olvido institucional. Recordemos que todos nacemos con derechos y deberes. Pero para tener derechos hay que registrarse. Sin registro no hay derecho. Me registro, luego existo. Así de sencillo.
* Periodista y director de Prensa del CSE