Opinión

Gestión de árboles urbanos


En Managua hay bastantes árboles. Creo que es una de las ciudades más verdes de Nicaragua. Sin embargo, en nuestra capital, bonita por naturaleza, hace falta una gestión de lo verde. Se siembra cualquier tipo de árboles y en cualquier parte. Parece que no se les da importancia como un elemento del diseño y belleza de la cuidad. Por ejemplo, hay bulevares donde predomina el eucalipto, que requiere bastante agua, la degradación de las hojas necesita mucho tiempo, es tostado y crece alto. Entonces se mandan a desramar, como ha sucedido cerca del Mercado Roberto Huembes. En otros casos, las ramas dañadas se van cayendo solas.
En las aceras se siembran algunos que crecen demasiado altos. Además, los cables para energía eléctrica están muy bajos y parecen telaraña. Entonces hay que podar las ramas para evitar accidentes; pero se cortan de cualquier manera. Hay también en las calles, árboles frutales. Cierta vez miré, en Monseñor Lezcano, cerca de Telcor, cuando una señora se cayó. Hay aquí un árbol de nancite y las frutas caen sobre la acera. Probablemente a varias personas les ha pasado lo mismo.
También en los patios se siembra cualquier tipo de árboles. Por ejemplo, muy altos en patios pequeños son peligrosos cuando hay vientos fuertes. Si se siembran pegados a las viviendas, las raíces pueden levantar las paredes. Esto lo hacen ver los ingenieros y arquitectos. A veces están muy cerca de las tuberías para aguas residuales o potables, entonces las raíces se insertan y las obstruyen o rompen, y provocan inundaciones, como ya ha sucedido. El Código Civil dice que los árboles grandes deben estar a tres metros de la propiedad vecina, precisamente para que no dañen las construcciones. Además, cuando tienen suficiente espacio a su alrededor, las ramas crecen sin obstáculos y si es necesario podarlos, se les puede dar forma. Reconozco que hay unos muy bien cuidados, que da gusto verlos.
Tampoco se le da importancia a los árboles que están enfermos o llenos de plagas, cerca de las viviendas o de otras plantas; así, en vez de beneficios, traen perjuicios. Hay que darles mantenimiento para evitar daños. Aquí el Instituto Forestal tiene mucho que aportar.
Los árboles, ya sabemos, dan vida y embellecen el ambiente. Pero no basta con sembrarlos, hay que cuidarlos, como se cuida un cultivo de maíz o de flores. Algunos es necesario podarlos, por seguridad, como los que están cerca de los cables, o cuando las ramas están dañadas o pueden desprenderse. También los que están demasiado inclinados o socavados por la acción del agua, el viento o las actividades humanas se deberían reforzar o cortar, de lo contrario son una amenaza para los transeúntes o vecinos.
Ante esta situación, las alcaldías, los ministerios de Medio Ambiente, Forestal, institutos técnicos, universidades, etc., podrían capacitar y formar jardineros (y así también crear empleos), con orientaciones no sólo de cómo podar, sino de qué árboles sembrar en cada lugar y cómo combatir plagas y enfermedades.
Junto a las leyes ambientales debería haber disposiciones administrativas que normen y faciliten la gestión de la arboleda urbana. Y junto a las campañas de forestación, orientar sobre el cuidado que necesita un árbol. Es lo que pasa con las Áreas Protegidas; hay que cuidarlas, pero también darle alternativas a la gente de las zonas aledañas.
La gestión de la arboleda urbana y el ornato de la ciudad deberían ser tomados en serio, y hacer brotar plantas que además de dar sombra, agua y purificar el aire, embellezcan el ambiente. Y los patios podrían convertirse en jardines o huertos, al menos en época de lluvia, y evitar árboles enfermos que por falta de gestión, en vez de ser útiles, causen problemas y afeen la ciudad. A propósito, recuerdo el parque de Jinotega, de hace muchos años, era muy bonito, luego lo encontré podado casi a la raíz. Desconozco cómo está ahora. Ojalá haya vuelto a ser tan lindo y agradable como era.